Un exorcismo en carne propia

5 de septiembre del 2018

Era frecuente que una presencia etérea llegara al cuarto de Laura* cuando estaba dormida para asfixiarla, retenerla, inmovilizarla, pero una noche fue peor. La sombra entró a su habitación y se sentó junto a su cama, ella pudo sentirla. Empezó a abalanzarse sobre su cuerpo, la tomó por los hombros, le giró de cara al […]

Exorcismo Monseñor Andrés Tirado

Jose Vargas / KienyKe.com - Monseñor Andrés Tirado

Era frecuente que una presencia etérea llegara al cuarto de Laura* cuando estaba dormida para asfixiarla, retenerla, inmovilizarla, pero una noche fue peor. La sombra entró a su habitación y se sentó junto a su cama, ella pudo sentirla. Empezó a abalanzarse sobre su cuerpo, la tomó por los hombros, le giró de cara al techo y le alzó las piernas, se las abrió y ella pudo sentir como ese ser extraño que la atormentaba entraba en su cuerpo.

Era una violación, pero no de un ser material, sino de un ser paranormal que la persigue desde su niñez y le impide dormir tranquila, la despierta en las noches, la empuja y le produce pesadillas espantosas que la hacen despertar asustada y empapada en sudor, o eso es lo que, con desespero, le manifiesta al equipo periodístico de Kienyke.com, que estuvo en una de las sesiones de liberación de ese demonio.

En busca de ayuda para superar su tormento, encontró a Monseñor Andrés Tirado, un exorcista retirado de la iglesia Católica porque esta no apoyaba completamente su ‘don’ para combatir el mal. Es un hombre de cabello y barba rojiza, de compostura ancha y amplias manos, que ha realizado más de 2.000 exorcismos y atiende a personas atormentadas en un prestigioso barrio al norte de Bogotá, Colombia.

Vea aquí las fotos de esta escalofriante sesión

Al verla, en su primer encuentro, supo de inmediato que tenía una presencia maligna dentro de sí, asegura Tirado. Ella, en ese momento, sintió que allí estaba quien podría ayudarla.

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Monseñor Tirado frota fuertemente sus manos, como alistándose para la pelea, se para frente a la mujer, sentada en una silla plástica café que lo espera temerosa, y le pone las manos en la cabeza. Ella cierra los ojos, deja caer el rostro y su cabello se riega hacia el frente, parece haber caído dormida mientras tres sacerdotes rezan a gritos oraciones contra las fuerzas del “demonio”.

El padre Juan y el padre Holman, que acompañan el exorcismo, dejan de sostenerla de los brazos, han dejado de orar y todo es silencio, Monseñor toma un crucifijo metálico y una carpeta donde consigna las oraciones del rito. Todos oran ante la mirada impávida del esposo de la mujer que mantiene las manos unidas en oración muy cerca del rostro.

— Relájese — le pide Monseñor a Laura que mira desconcertada la escena. Ella desestresa el cuello y cierra los ojos.

Exorcismo

Jose Vargas / KienyKe.com

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Antes de acudir en la búsqueda de uno de los pocos padres exorcistas en Colombia, buscó ayuda en brujos que solo lograron atizar el tormento. Afirma que dejó millones en consultorios espirituales que le entregaban calma por días, pero luego ‘eso’ volvía con más fuerza. Las pesadillas eran diarias, los rasguños y moretones en las noches más frecuentes, la relación de pareja cada vez más desecha y la situación económica preocupante.

Intentó suicidarse sin estar consciente de sus actos, salió corriendo descalza de su casa tras una pelea de pareja y retornó sin recordar lo que había hecho. Quebró su empresa personal y peleaba sin sentido en su hogar. “Pensé que estaba casado con una mujer neurótica”, reconoce su esposo.

Por eso se separaron durante dos años y regresaron para tratar de reconstruir el hogar. Fue en ese tiempo que una de sus primas sufrió un accidente de motocicleta en el cual se desfiguró el rostro y estuvo a punto de morir. Al recuperarse recibió dos dones, según cuenta la mujer: poder cruzar al plano espiritual e interpretar los mensajes divinos de la Virgen María. Con esas habilidades extraterrenales trató de ayudar a Laura a liberarse de la presencia blasfema que la perseguía.

Se reunieron en su casa, dispusieron agua bendita y escapularios, e iniciaron el rosario. A los pocos misterios la prima se transformó y su voz se oía gutural, “me la voy a llevar a usted”, gritó la mujer señalando a Laura. Ella de inmediato entró en llanto, mientras la prima seguía contando las infidencias. “Ya me llevé a uno, pero a usted no he podido”, le dijo en gritos.

Laura asoció eso con el asesinato de su novio y padre de su primer hijo. La bruja, encarnada en el cuerpo de la prima, gritó: “Usted me quitó lo que yo más amaba”. Ella conoció al padre de su primer hijo cuando él había terminado una relación con otra mujer, llamada Claudia, nombre que pronunció la prima en medio del trance.

— Uy… Laurita, terrible lo que tenía usted ahí adentro. Y tiene dos más — le dijo la prima cuando la bruja abandonó su cuerpo.

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La oración empieza a ser pronunciada con más ahínco en medio de la sala de oración de la oficina de Monseñor. Él, frota en círculos el crucifijo donde la mujer dice sentir dolor, la cabeza cae como desmayada. Entonces el sacerdote da la orden: “¡Dígame su nombre!”, el silencio es sepulcral. “¡Dígame su nombre!”, repite Monseñor, la mujer en tono afligido, lo pronuncia.

La orden se repite tres veces y en cada ocasión la respuesta parece más un susurro. Monseñor toma dos espray con  esencias bendecidas y fabricadas por él mismo del altar donde están dispuestas sus armas de batalla. Rocea la habitación y luego el cuerpo entero de la mujer que permanece adormilada. El silencio apenas es interrumpido por el rezo rápido e incompresible de Holman.

Jose Vargas / KienyKe.com

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Después de la liberación que le hizo su prima, Laura, que nunca cambia el único canal nacional que ve en televisión, se estrelló con National Geographic. Allí vio a un sacerdote que decía hacer exorcismos y era colombiano, grabó su nombre, Andrés Tirado, y lo buscó en Internet. Era la última consulta que su esposo le alcahutearía, cansado de entregar dinero y no encontrar solución.

Fue a la dirección que encontró en Google y era la oficina del sacerdote, la señora del aseo estaba en la puerta y le contestó afirmativamente que ese era el lugar que buscaba. Al cruzar la reja, un mareo insoportable la hizo sostenerse la cabeza y buscar firmeza con los pies, recuerda. “Debe ser que no he almorzado”, pensó.

La segunda vez y las siguientes ocasiones que ingresó a la sede de oración de Monseñor Tirado, Laura siguió sintiendo el mareo, cada vez más fuerte y aún peor cuando veía al sacerdote. Él, sintiendo su energía y la resistencia del demonio, no la miraba a los ojos.

— Padre, es que yo siento ganas de matarlo — le dijo un día.

— Sí, por eso es mejor que no vuelva — le contestó él.

Según Monseñor, en ocasiones ver a sus pacientes a los ojos puede provocar que se pongan agresivos, por eso prefiere no tener mucho contacto en los primeros meses de tratamiento.

De ahí en adelante fue su esposo quien habló con Monseñor para iniciar el proceso que buscaría liberar el cuerpo de Laura de las sombras tormentosas que dice cargar. Primero con velones de diferentes santos, que se apagaban aún cuando son dispuestos en lugares cerrados y que en la noche parecen “estar en una lucha, porque se mueven como un ventarrón”, asegura su esposo.

Con el tiempo y tras meses de baños con hierbas, una buena dieta de rezos diarios y el trago de agua bendita en ayunas, la mujer pudo entrar a la casa de Monseñor y mirarlo a los ojos, solo después de siete meses él programó su primera ‘liberación’, como es llamado el exorcismo.

Laura llegó a esa sesión hablando lento, con los ojos caídos, parecía fuera de sí. Habló con el sacerdote y le confesó que tenía las manos empapadas de sudor, tras un corto diálogo, bajó las escaleras y en una sala dispuesta como el altar de una iglesia se dispuso todo para el rito católico de la liberación infernal de su cuerpo.

Tres velas blancas encendidas, un manojo de ruda y dos espray. El padre Juan, un fumador de piel roja, barba gris y acento pastuso, pasa por cada uno de los que presenciarán el exorcismo para ungirlos con agua bendita y cruces de aceite en la frente y las manos – incluído al equipo de este medio-. “Que por esta unción seas protegido y bendecido”, dice Juan, a lo que cada uno contesta “amén”.

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El dolor en el cuello se ha incrementado y Laura se queja de dolor. “Diga el credo”, le ordena Monseñor, ella empieza a rezarlo. “… Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre…” la voz empieza a apagarse y es casi inaudible la súplica. Monseñor frota sus manos de nuevo, Holman y Juan la toman por los brazos, la mujer siente mareo y empieza a perder el conocimiento, Monseñor pone sus manos con fuerza sobre la cabeza de ella mientras todos oran con ahínco.

“…subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso, y desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos…”

La mujer alza sus manos tratando de quitarse las del padre, “no me gustan esas manos, están calientes”, dice de pronto, lucha por quitárselas pero no logra alzarlas lo suficiente para alcanzar las del sacerdote. “Gaaaaanc”, se oye mientras forcejea. De pronto, Monseñor suelta la cabeza y se retira hacia el altar, ella la alza y abre los ojos tan grandes como permiten sus párpados y gira rápidamente el rostro hacia el padre Juan ubicado a su derecha.

— ¿Usted no lo siente padre? — dice la mujer con voz tierna.

El padre Juan no responde pero le cubre los ojos con sus manos y le gira el rostro hacia el frente. “Pero sí lo ve en mis ojos”, susurra ella.

— Hay una presencia pero no se manifiesta — dice Monseñor — es mañoso.

El ritual continuó con unas cuantas oraciones más y la mujer quejándose por el calor, el dolor de espalda y luego el frío. El rito terminó, pero Laura no pudo ser exorcizada. Monseñor Tirado se retiró la estola y se notaba afligido del brazo izquierdo. Laura se reincorporó tan pronto terminó la oración y todos se reunieron para hablar del ‘chuky’.

— Sí se sintió una presencia, pero no se manifestó — aseguró Juan distanciado del grupo, y confesó que le corrió la mirada “porque los ojos son las puertas del alma”.

Laura regresó a su casa “como si le hubieran metido un palazo en la espalda”, terminó rendida y se acostó a dormir, desde ese día siente mareos, pero ha estado más tranquila que anteriormente. Sin embargo, con tono desesperado dice “quiero que esto ya se vaya de mí, me tiene desesperada, vivir con esto no es fácil”.

Jose Vargas / KienyKe.com

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La mayoría de sesiones de exorcismo son filmadas por el grupo de sacerdotes con una cámara ubicada en un trípode. Antes de Laura, Monseñor Tirado había practicado el rito a otra mujer que sí logró ser liberada, en el video, ella gritaba, trataba de vociferar y no podía dejar quietos sus pies y piernas, como si fuera un terrible Párkinson.

Luego de las sesiones de exorcismo, que pueden llegar a ser cinco en la semana, Monseñor ha resultado siendo receptor de algunas de esas presencias. Dice que lo han asustado, lo han tirado de la cama o se han presentado en su casa y su consultorio para atormentarlo. “Uno es humano y siente miedo en ocasiones”, afirma.

“He tenido casos de niños de siete o diez años que señalándolo con la palma de la mano lo botan a uno contra la pared. Lo he visto yo”, dice Tirado.

Monseñor inició en este oficio luego de que una mujer, siendo él seminarista, le pidió una oración para sanarla. Él le dijo que no podía hacerlo, que buscara ayuda en otro lado pero tras la insistencia decidió complacerla con una oración sencilla. La mujer regresó días después y le dijo que estaba totalmente sana. Ella divulgó la experiencia y más personas llegaron a él y sanaron, según afirma.

Al principio no se convencía de que fuera cierto, la teoría científico crítica que aprendía en el seminario afirmaba que los milagros no siempre son ciertos y las posesiones pueden ser problemas psicológicos. Pero tras los casos que llegaban pidiendo una plegaria, la agresividad de personas tras los rezos, empezó a dudar de la teoría.

Pero el grupo que creía en los exorcismos y en el demonio como un ser real y poderoso, dentro de la Iglesia Católica, era muy reducido y casi secreto. La razón es que aceptar esta postura de los fenómenos paranormales, era aceptar también la veracidad y existencia de la brujería y el satanismo. Por eso Tirado, que además no se sentía cómodo impartiendo misas, decidió retirarse a una postura ‘católica independiente’ que conoció en Estados Unidos, y luego fundó en Bogotá.

Jose Vargas / KienyKe.com

A él se han unido personas que también pertenecieron a la Iglesia Católica, pero que “están mandados a misionar diferente”, asegura el exorcista. Ahora, con ellos, les enseña a algunos a hacer exorcismos y, como afirma Laura, imparte una línea de interpretación de la Biblia diferente a la que se da en la iglesia.

Trabaja junto a su esposa, con quien tiene una hija, reconociendo que el celibato es parte de la causa de los escándalos sexuales de la iglesia. Ahora viaja a seminarios con otras congregaciones y reuniones religiosas en otros países, acaba de llegar de Roma de un curso de exorcismo en el Vaticano. Todo, para continuar siendo un emisario colombiano de esa lucha milenaria entre “la luz y la oscuridad, el bien y el mal”.

Esas misiones en el exterior han postergado la próxima sesión de exorcismo de Laura. Ella volvió a su casa y, junto a su esposo, continúa el tratamiento asignado y está a la espera de que la siguiente sea liberación la definitiva para deshacerse de ese tormento que lleva dentro y no la deja vivir en paz.

* El nombre real de la mujer ha sido cambiado por petición de ella y de Monseñor. En una ocasión anterior, una mujer perdió su empleo y fue rechazada por revelar su identidad.

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