18 de agosto: el día que mataron la esperanza de un país

18 de agosto del 2019

Hoy se cumplen 30 años del magnicidio del líder político Luis Carlos Galán.

18 de agosto: el día que mataron la esperanza de un país

A partir de los años 80 el narcotráfico, unido con agentes oscuros del Estado, quisieron imponer su política corrupta y acabar a bala con quienes con quienes estaban en su contra y de paso sepultar la fe de los colombianos de vivir en una patria en paz.

Con la muerte del entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, en 1984, buscaron arrebatarle al país la esperanza de habitar un territorio administrado con legalidad.

Dos años más tarde, con el asesinato del entonces director de El Espectador, Guillermo Cano Isaza, pretendieron silenciar la información y el conocimiento de los oscuros hilos que movían y siguen moviendo a Colombia.

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Y tres años después, con el crimen del candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento, su objetivo fue quitarle de un tajo a los colombianos la esperanza de vivir en un país política y administrativa y democráticamente decente. A Galán lo mataron hoy hace 30 años.

El último día de Luis Carlos Galán

El día que lo mataron, Galán no se levantó temprano. La noche anterior, jueves 17 de agosto, había llegado muy tarde a su apartamento, en la calle 87 frente al parque El Virrey, en el norte de Bogotá, el cual había comprado meses atrás.

Al levantarse se encontró con dos noticias. Primero recibió el resultado de varias encuestas que lo dejaban ver como triunfador en la consulta del partido Liberal, para convertirse en el candidato presidencial por el liberalismo. La consulta se haría siete meses después, en marzo de 1990.

La alegría que le generó esta noticia le fue arrebata con una de última hora que se dio en horas de la mañana. La radió informó el asesinato del coronel Valdemar Franklin Quintero, en Medellín, quién días antes le había salvado la vida. La semana anterior el coronel Quintero y sus hombres habían desarticulado un plan para asesinar a Galán en Antioquia, mientras el precandidato estaba en una de sus correrías políticas.

El coronel Valdemar Franklin Quintero, comandante de la policía de Antioquía, a las 6:50 de la mañana de aquel viernes 18 de agosto, recibió 154 disparos de ametralladora.

La periodista Gloria Pachón de Galán, esposa del precandidato asesinado, contó en el libro “18 de agosto”, que recién publicó con la editorial Planeta, que en la agenda de Luis Carlos estaba escrita la frase “Siete de la noche ¿Soacha?”. Para la periodista ese era un indicador que tal vez la cita en Soacha, al sur de Bogotá, no se haría.

AL medio día Luis Carlos Galán cumplió una cita en el restaurante la Piazzetta con los organizadores del acto político en Soacha: Yolanda Pulecio y Diego Uribe.

Del almuerzo volvió a su apartamento acompañado por sus escoltas y su nuevo jefe de seguridad, Jacobo Torregrosa, asignado por el DAS, entidad comandada por el entonces General Miguel Maza Márquez.

Tanto Torregrosa como Maza Márquez son presuntos colaboradores en la muerte de Galán. Las investigaciones apuntan a que Maza, presunto colaborador del narcotráfico puso a Torregrosa, un expolicía sin las capacidades técnicas, a proteger al hombre más amenazado del país, con la intensión de debilitar su seguridad y dejarlo vulnerable.

Oficialmente Torregrosa murió hace varios años, pero hay rumores que dicen que fingió su muerte y está Venezuela o Ecuador. Maza Márquez está preso y condenado desde 2006 a 30 años de prisión por el crimen de Luis Carlos Galán.

Cuenta también Gloria Pachón que en horas de la tarde se volvió a encontrar con su esposo en el apartamento y Luis Carlos le pidió que lo dejara dormir un rato, hasta las cinco de la tarde, para poder el tiempo de llegar a Soacha, a la hora prevista.

Llegadas las cinco Galán despierta y en su alcoba, parado junto a una ventana que dejaba ver el parque El Virrey, le dice a su esposa estar convencido más que otro día de seguir adelante con el proyecto de vida que tomó.

Para la época la violencia desatada por el narcotráfico tenía al país sumido en miedo. Bombas, asesinatos casi a diario de políticos, periodistas, militares. Galán sabía que lo querían matar. Sabía que al tener las mayores opciones de ser el presidente de Colombia, su vida era la más apetitosa para los criminales.

Galán le había declarado la guerra al narcotráfico desde su oficio de periodista y luego como político.

Luis Carlos se despide se su esposa. Ella le pidió no exponerse al llegar en un vehículo destapado y él sale del edificio con su escolta y asesores hacía el destino final: Soacha. Según Torregrosa la seguridad de Galán estaba meticulosamente cuadrada.

Al llegar a Bosa La Despensa Galán es bajado del carro blindado que lo transportó hasta este lugar y en medio de una fiesta por su presencia, financiada quién sabe por quién, es subido a un camión de estacas que lo llevaría hasta la plaza de Soacha. Su jefe de seguridad autorizó el cambió de vehículo y de condiciones.

A las 8:35 de la noche el camión repleto de gente, con Luis Carlos Galán a bordo, llega a Soacha. Durante el recorrido el precandidato y muy seguro presidente saludaba con las manos en alto.

Galán es bajado del vehículo y aunque camina, pareciera que el río de gente que lo acompaña lo llevara casi alzado hacia la improvisada tarima de madera que es puesta en la plaza central del municipio.

Varios de los asesinos de Galán, que llevaban sombrero blanco, habían acompañado al precandidato en el recorrido del camión. Y los otros lo esperaron, muy bien acomodados en varios puntos estratégicos. Esa noche Galán moriría o moriría. Esa era la orden que tenía la docena de hombres que esa noche conformaron el grupo de sicarios.

Luis Carlos Galán, el futuro presidente de Colombia, se subió a la tarima y a las 8 y 45 minutos de la noche alzó los brazos para saludar al pueblo. En ese instante Jaime Rueda Rocha levantó una ametralladora marca Ingram calibre 9 milímetros punto 380 y detrás de una pancarta que él mismo cargaba disparó contra el líder político.

Luis Carlos Galán recibió varios disparos por debajo del chaleco. Una de las balas le perforó la aorta abdominal infrarrenal, lo que, según los informes posteriores, la causó un paro cardiorespiratorio, casi de inmediato.

Galán fue trasladado a hasta el hospital de Bosa, teniendo a pocas cuadras el hospital de Soacha. A las 8:55 de la noche ingresan al mal herido precandidato a sala de urgencias, donde lo entuban, le ponen respiración artificial y a las 9:20, ante la precariedad de ese centro médico para atenderlo, Galán es trasladado en ambulancia hacia el hospital de Kennedy.

Minutos antes de las 10 de la noche, el director del hospital sale de la sala de cirugías, pregunta por la familia del doctor Galán y le dice a su esposa

–          Lo siento mucho. Ya no hay nada que hacer. Falleció

En ese momento los colombianos de bien sintieron que les quitaban algo muy valioso: la esperanza de un vivir en un verdadero país en paz.

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