De soñar con ir a Australia a montar su propia empresa

30 de agosto del 2018

Vende postres, brownies, tortas y snacks saludables.

De soñar con ir a Australia a montar su propia empresa

Diego Blandón- Kienyke.com

Está claro que para cumplir los sueños hay que trazarse objetivos y esforzarse para conseguirlos. Pero algunas veces las cosas cambian, y cuando se está en la búsqueda de esos sueños aparecen otros, como le pasó a Isabel Fernández, una joven emprendedora que a sus 23 años creó Cinco Avellanas, una marca de postres que se gestó con el único propósito de conseguir los recursos para irse de viaje.

Fernández estudió Administración de Negocios en Eafit y es egresada desde hace un poco más de ocho meses. Por su parte, Cinco Avellanas nació hace un poco más de siete años. Es una empresa de repostería y snacks saludables que antes de posicionarse comenzó como un sueño. Estando en el colegio, pensó en realizar un intercambio educativo a Australia y necesitaba conseguir los recursos suficientes para poder lograrlo.

Su anhelo de lograr un intercambio la llevó a vender dulces en su colegio, sin embargo, era poco lo que conseguía, según le contó a Kienyke.com. Pensándolo bien, decidió emprender con la venta de postres porque ella veía que nadie los vendía y sería algo innovador: “Me fue muy bien en el colegio pero nunca pensé que ahí estaba mi empresa, mi futuro. Siempre tuve en mente mi viaje a Australia”.

Su papá siempre la motivó para que saliera adelante con los postres porque les inculcó que si ella o alguno de sus tres hermanos quería comprarse algo por gusto, debía luchar para conseguirlo.

Terminó su colegio y tenía que tomar una decisión, entre irse para Australia con lo que recogió o comenzar la universidad y esperar un intercambio. No dudó mucho y decidió comenzar sus estudios de pregrado para esperar el intercambio e irse más preparada.

Sin embargo, durante la universidad le tocó recurrir al dinero que tenía ahorrado porque su manutención era costosa. Llegó a un punto en el que casi acaba con todos sus ahorros por lo que nuevamente le tocó volver a incursionar en el mundo de los negocios para así subsanar sus gastos personales.

El éxito que tuvo en el colegio lo consiguió también en la universidad. Ella recuerda que comenzó con 30 postres pero estaba en un apogeo tan grande que llegó al punto de vender diariamente 120, de los cuales 90 eran vendidos por ella y 30 por otra persona que se animó a ayudarle y también a generar unos ingresos extras.

Sus clientes ya no le pedían solo postres sino que exigían más. Brownies, galletas y alfajores hacían parte de los gustos que querían sus clientes y ella los complacía. Cada vez tenía más productos para ofrecer y la cocina de su casa se quedaba cada vez más estrecha.

En su mejor momento como vendedora llegó la hora de la verdad: tenía que tomar la decisión del intercambio o de seguir con su negocio.

Con la necesidad de una nueva cocina, Fernández tomó la decisión de ampliarla y aplazó nuevamente su sueño: “De pronto no es el momento, pues acá tengo algo por explorar en este emprendimiento. Lo voy a explorar y más adelante me voy para otro lado a hacer algo”, comentó.

El momento decisivo para crecer

Fue tanto su éxito y las ventas que tenía diariamente Isabel que sus horas de sueño cada vez eran menos. Normalmente se acostaba a la 1 de la mañana y antes de las 5 debía estar despierta para clase de seis. Para ella pasó a ser un calvario Cinco Avellanas y ahí su emprendimiento subió de nivel. Pasó de consolidar su intercambio a recibir hojas de vida para su marca.

Al día de hoy cuenta con más trabajadores, incluso, tiene una persona aprendiz del Sena en su cocina. Ella jamás pensó que sus amigos le harían preguntas sobre cómo sacar un rut o cómo hacer la inscripción en Cámara de Comercio.

Además, al día de hoy, luego de muchos años de su sueño no ha podido ir a Australia, pero aseguró que aún lo tiene en su mente e irá.

Cinco Avellanas está en un nivel alto, pero el techo aún está lejos. Isabel quisiera fomentar y crear más empleos y desea, por qué no, convertirse en una de las mejores empresas pasteleras del país.

Entre viajar y montar una empresa hay mucha diferencia, sin embargo, cuando se tienen un alma soñadora, cualquier persona podrá llegar a ser grande con cualquier proyecto, así no sea lo que él o ella pensó para su vida.

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