Sólo con una casa propia se logra el amor en China

Sólo con una casa propia se logra el amor en China

14 de septiembre del 2013

En China existe una tradición desde tiempos milenarios: un soltero puede buscar matrimonio cuando sea dueño de una casa o tenga un techo donde vivir. Este elemental requisito a la hora de unir su vida con una soltera digna ha traído consecuencias que menoscaban el sentimiento amoroso y lo restringen a un campo pragmático y de evidencias cotidianas: de amor nadie vive, y mucho menos en China.

Por otro lado, ha aumentado significativamente la población que no ha dado el paso de la unión en pareja y están en esa delicada frontera entre la libertad y el compromiso.

La vida de los solteros en las grandes urbes de la costa china y la historia de Gong Haiyan, una celestina dueña de la red de citas amor del gigante asiático son una muestra de eso.

 “El soltero desea una esposa pero se alegra de no tenerla”

La necesidad de ahorrar y recortar drásticamente sus sueldos ha llevado a los solteros chinos a vivir en refugios y sótanos en los suburbios de las ciudades costeras.

Yang Jiahe, un joven chino de 20 años, le contó a la BBC que sacrifica la comodidad y otros lujos en aras de un anhelado matrimonio. Yang es un vendedor de teléfonos celulares en Beijing que mensualmente ahorra el 90% de su salario, que corresponde a unos 500 dólares, “Si yo no soy dueño de mi propio hogar, ninguna muchacha decente en China consideraría jamás casarse conmigo”. Agrega que tiene dos ilusiones íntimamente conectadas: comprar su apartamento y casarse con una buena esposa.

¿Cuáles son los sacrificios que padece este soltero? Veamos: las habitaciones de estos refugios están separadas por cubículos de madera, el espacio es justo para una cama sencilla, con un pequeño espacio al lado para una silla o quizás un televisor. La única fuente de luz es un bombillo que cuelga del cielorraso.

Sin contar que los baños y la cocina son comunales, en el mejor de los casos. La ventilación es inexistente y en las noches es más lo que padece que lo que logra descansar. En muchos casos estos refugios son ilegales y se construyen encima de tiendas o debajo de talleres.

Claro, surge el cuestionamiento de si estamos frente a uno muchachos quijotescos con una capacidad de abnegación digna de admirar, o son solo un ejército de solteros tacaños que quieren prolongar su tiempo de libertad con la excusa de sentar cabeza con el más tradicional de los remedios, como es el matrimonio, pero que la vida real se los ha impedido.

Amor en China, Kienyke

En Pekín, por ejemplo, se necesita un promedio de 316.949 dólares para tener esposa, según algunas encuestas.

En China siempre han existido celestinas, pero ninguna como Gong Haiyan, quien creó el sitio de citas por Internet más grande del país.

Hay una razón de fondo. En China el vínculo entre la propiedad y el matrimonio es estrecho. Una relación en la que una cosa posibilita la otra. Como la dualidad del Tao, según la cual las cosas pueden ser y no ser al mismo tiempo.

Este método de ahorro ha traído también consecuencias económicas: si las personas prefieren ahorrar que consumir, el mercado se estanca y las economías padecen.

Ante esta situación un soltero chino es claro y no se engaña con un amor fantasioso sino que prefiere uno real: “las mujeres chinas son muy prácticas, hay que tener su propia casa para ser un soltero elegible, así deba pasar por éstas para poder comprármela”, dijo a la BBC.

La cibercelestina china

Gong Haiyan es la casamentera más popular de China. Cuando era una joven estudiante universitaria creó el sitió de citas por Internet más grande del país, luego que una comunidad de solteros y solteras le dijese que su perfil no correspondía con ninguno existente. La excusa fue despiadada: “no eres una mujer particularmente bonita o simpática, y ningún hombre exitosos se interesaría por ti…”.

Tenía 25 años, y era una “leftover woman”, una sobrante, una especie de solterona. Sus padres insistían en que debía casarse, estaban preocupados por su futuro, a pesar que Gong se graduó de la Universidad de Pekín  con las mejores calificaciones e hizo una maestría en estudios económicos en la Universidad de Fudan, en Shanghái; esperaban más de ella.

Fue en Shanghái, en el dormitorio de estudiantes donde creó Jiayuan.com. El primer perfil que creó fue el de su mejor amiga, una semana después convenció a otros amigos para que se unieran a su aventura estudiantil.

Para Gong el éxito de su compañía es su aproximación seria a las relaciones amorosas, “nuestros usuarios buscan una pareja para toda la vida, no un poco de diversión”, señaló a la BBC. Pero la muestra de que el sitio funciona, es que ella misma encontró allí a su esposo, Guo Jian Zeng, un científico que la descrestó en la prueba de ‘Coeficiente intelectual’, recuerda que “sacó cinco puntos más que yo”.

Amor en China, Kienyke

En China siempre han existido celestinas, pero ninguna como Gong Haiyan, quien creó el sitio de citas por internet más grande del país.

¿Qué más la atrajo de aquel soltero que se convirtió en su marido? Ella dice que la calidez y disposición para ayudar a los demás, también su físico, “era musculoso, de hecho ganó un campeonato en su gimnasio”, contó a la BBC.

Gong Haiyan hace parte de una larga tradición de celestinas chinas, que se remonta hasta la dinastía Zhou. En China cada población tiene su “Madre roja moderna”. Ayer las familias las buscaban para encontrar una pareja adecuada a sus hijos e hijas solteros. Hoy es diferente, Jiayuan.com es la red de solteros más grande China, con cien millones de usuarios, la mayoría de las parejas se han casado o han perdurado su relación virtual a la vida real.

Gong lo explica con un razonamiento práctico: es una necesidad básica de todos los seres humanos. Nadie quiere estar solo.

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