Daniel Tirado: el mochilero colombiano que irá al espacio

Daniel Tirado: el mochilero colombiano que irá al espacio

14 de abril del 2018

No lo pensó dos veces para dar el click y separar el cupo. Lo que sí pensó durante varios días, semanas y meses fue cómo conseguir los 250.000 dólares, unos 750 millones de pesos, para comprar el tiquete hacia el espacio. Un viaje muy costoso que para él no era fácil, nada fácil, para pagarlo vendió el apartamento, el carro, y todo lo de valor que tenía. Fue una locura. Él lo sabe y aunque no sabe si volvería a dar el click, en unos cinco años, en 2023, viajará al espacio como el astronauta que de niño soñó ser. Pero no lo es. Daniel Tirado es un viajero profesional. Es un bloguero, un aventurero, un mochilero que ha vivido conociendo el mundo y que así quiere seguir viviendo.

Daniel cuenta que desde pequeño le pica el bichito de no quedarse quieto en Colombia y todo empieza con las historia que de niño escuchaba de su abuelo, un hombre que conocía gran parte del mundo porque también se dedicó a viajar. Cada historia y cada anécdota estaba acompañada con una moneda o un billete del país del cual se estaba hablando, así es que Daniel empezó a enamorarse de esos cuentos y cada vez más soñaba con vivirlos de igual manera.

A los 10 años empezó a desarrollar un espíritu aventurero y mientras sus amigos de colegio y del barrio se la pasaban jugando con carritos, pelotas y viendo televisión, su tiempo libre lo dedicaba a escalar roca. Se iba para las montanas alejadas de Medellín, donde nació hace 33 años, entrenó hasta llegar a convertirse en un joven que representó al departamento y luego al país en grandes competencias. Llegó a ser campeón nacional y ubicarse los mejores puestos en las disputas internacionales. Escalando aprendió sobre autocontrol, tranquilidad, supervivencia, y sobre todo a tomar las decisiones correctas o al menos las que para él eran las correctas. Además esa conexión directa con la naturaleza le seguía llenando el espíritu aventurero y lo alejaba más y más de una fórmula de vida cuadriculada y socialmente establecida que se desarrolla en el estudiar y trabajar. Una fórmula que a pesar de las críticas él no siguió.

 

En Bogota (parque la 93)… . Yo: buenas, donde queda… Vendedor: Buenas? Buenos días… Yo: si hola, donde queda el restaurante “Diner”. Vendedor: no no conozco. Yo: si uno muy famoso acá en el parque. Vendedor: ahh, el “Dainer’s”? A la vuelta su merce… ???? . Vendedor’s inglish 1, Yo 0 Por tratarse ponérsela más fácil, jeje #VendedorInternacional …. … …… Actualización de la historia: Periodista: Dany mejor nos vemos en el restaurante “my name is…”. Yo: como, que cuál es my name? Periodista: no que nos veamos en el restaurante “my name is”. Yo: Como? Hay un restaurante que se llame así en este universo? Periodista: si Dany, se llama “my name is Colombia”. Yo (en el pensamiento): Ayhpp nombre tan horrible. Yo: ok, ok… Que nombre tan peculiar (para que vean mi nivel de educación y velocidad pa sacar sinónimos empispados) ya quiero conocerlo. Allá nos vemos… ????

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Más por respeto a sus padres que por iniciativa propia se inscribió en Administración de empresas, a los tres meses ya había cambiado de universidad en la que tampoco terminó ni siquiera el primer semestre. “Estaba muy aburrido. Eso no era lo mío”, dice Daniel en conversación con Kienyke.com.

Bajo las críticas de sus padres, quienes lo veían como a la oveja negra de la familia, se salió de la universidad para emprender, a los 17 años, su primer viaje. Sin mucho dinero y sin el apoyo familiar, quienes nunca creyeron que él podría vivir de viajar por el mundo, llenó su maleta de artesanías colombianas y arrancó. Primer destino: Chile.

Feliz. No hay otra palabra para describir al joven aventurero que se embarcó a la aventura de su vida, la cual 15 años después no ha terminado. Cada vez quiere ir más lejos.

Con la venta de aretes, manillas, collares y hasta brownies de chocolate recorrió Sur América. Luego viajó a Australia, donde un amigo de la infancia estaba radicado. “El me dice que pagan muy bien la hora de trabajo y arranco para allá. Pero llegó es a trabajar duro y a ahorrar”. Trabajó limpiando apartamentos, oficio por el que le pagaban 17 dólares la hora entre semana y 25 si lo hacía el fin de semana. Cuando Daniel sintió que tenía buen dinero en el bolsillo empezó otra vez su aventura y emprendió a conocer el oriente del continente. Así llega a Tahilandia, donde encontró bares de salsa y sin saber mezclar este género presentó una hoja de vida como Dj Dany, “el mejor Dj de salsa de Latinoamérica”, así lo contrataron en uno de los mejores bares de la ciudad, donde se ganaba 250 dólares por noche.

Luego de recoger dinero se embarcó a recorrer decenas de países asiáticos en los que se mantenía comprando y vendiendo souvenirs y ahorrando al máximo. Al llegar a Japón se reencontró con una mujer que había conocido en Australia y terminó casado con ella, con quien, después de cuatro años de estar viajando, regresa a Colombia, según lo dice él, convertido en un hombre totalmente diferente.

“De joven fui bastante necio. Bebía, rumbeaba mucho, pero cuando llegué lo hice más serio, mucho más maduro, ya no tomaba alcohol ni me gustaba el desorden de las fiestas. Los distintos países que hasta ese momento conocí después me enseñaron mucho de la vida y cómo ser mejor persona. Por ejemplo en Japón aprendí a quitarme de encima esa penosa ‘malicia indígena’ que suelen tener los colombianos, allá nadie te está mirando si pagaste o no el pasaje del bus; en las tiendas muchas veces coges el producto y tienes que dejar las monedas ahí porque no hay tenderos cerca de ti a quien pagarles. En China aprendí a ser más espiritual, no religioso, sino espiritual; y así cada cultura te va enseñando algo más”, cuenta Daniel, quien en los 15 años que lleva viajando ha conocido al menos 100 países, más de medio mundo.

El viaje al espacio

Estando en un muro de escalada en Londres conoció un hombre que trabaja en una de estas empresas que venden cupos para viajar al espacio. Recuerda Daniel que hablaron del tema y que automáticamente dentro de él hubo un click que le trajo a la memoria uno de sus más grandes sueño de niños: ser astronauta y viajar al espacio. En ese momento Daniel recordó que de infante, en el local de ropa de su papá, en Medellín, él cogía las grandes cajas de cartón, se metía en ellas y jugaba por horas y horas a las naves espaciales.

Estando en Colombia, casado ya por segunda vez con una colombiana, como viajero quería hacer algo diferente para mostrarle a sus seguidores en redes sociales. Pensó en viajar al Everest, pero se dijo a sí mismo que eso no sería gran cosa. La conversación con aquel escalador no dejaba de darla vueltas en la cabeza y empezó a mirar páginas web en las que se ofrecían los viajes al espacio. Cada tiquete costaba 250.000 dólares, dinero que él no tenía.

“Hay millonarios que  sí pueden comprar uno o dos o tres cupos al espacio. Yo, un colombiano promedio, que acababa de pagar su apartamentico, no tenía como acceder a ese tiquete. La ilusión de convertirme en astronauta por un día se me estaba yendo de las manos, pero eso era lo que quería hacer. Yo tenía y tengo que viajar al espacio”, dice el viajero, quien documenta sus aventuras en su blog Viajando sin papel higiénico, en sus demás redes sociales y en su canal de Youtube

Daniel le dio y le dio vueltas al asunto, hasta que empezó a pensar cómo podría gastar más de 700 millones de pesos. Su apartamento recién terminado de pagar sería parte de la solución. Y así fue. Vendió el apartamento, vendió el carro, vendió otras cosas que tenía, sacó sus ahorros, pidió prestado y con los ojos cerrados, más con el corazón que con la razón, y ante las críticas de muchos, abrió la página, hizo click y compró un cupo al espacio. El viaje está programado para hacerce en 2023. Está en la lista, dice él, junto con millonarios a quienes tal vez no les fue tan difícil comprar seis cupos para toda su familia. Lo que viene ahora son decenas de entrenamientos con expertos de la Nasa, para lograr las condiciones físicas y mentales.

Ya tiene un pie en el espacio a donde lo llevarán a ver el planeta desde afuera. Ya todo está listo, solo falta esperar para que se cumpla su sueño de niño y una aventura más.

Daniel se levanta de la mesa, sonríe y al recordar estar montado en las cajas de cartón que eran sus naves espaciales dice: “Todos los sueños son posibles. Absolutamente todos”.