La historia de dos putas, una pobre y una rica

La historia de dos putas, una pobre y una rica

20 de mayo del 2016

Dos caras, una sola realidad: La prostitución. *Vanessa es un prostituta económica. El servicio más barato que ofrece es de $50.000. *Jessica es una prepago VIP. Su tarifa mínima es de $400.000. KienyKe.com habló con ambas.

Para *Jessica el celular es fundamental, tiene dos. A diario la llaman para invitarla a ostentosos viajes y fiestas, *Vanessa no tiene celular. Todas las noches sale a la calle a conseguir clientes.

Tiene 20 años, vive con su mamá y dos hermanas menores de edad en Santo Domingo Sabio, barrio popular estrato dos en una comuna en el nororiente de Medellín. Es la cabeza del hogar, su madre está sin trabajo por eso decidió hace ocho meses dedicarse a la prostitución.

Es morena, tiene el cabello largo (hasta la cintura) y caderas grandes, no tanto como sus senos, que son firmes pero no operados. No hay plata para eso. Estudió hasta noveno grado. Y por ahora, no tiene tiempo, ni ganas, de seguir estudiando.

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Al otro extremo de la ciudad, está *Jessica de 25 años. Vive sola con su mascota en un apartamento ubicado en uno de los barrios más exclusivos de Medellín. Como lo hace *Vanessa, *Jessica responde económicamente por su mamá y sus hermanos, pero no tiene que salir a la calle a esperar la oferta del mejor postor, solo espera que sus celulares suenen para salir a trabajar.

Está en la universidad, tiene su propio auto, una boutique de ropa y trabajando, ha conocido más de diez países: “Conozco México, Panamá, Perú, Costa Rica, Turquía, China, varios países de Europa y Dubái. Como tengo mi propio negocio, el día que considere necesario retirarme de esto (la prostitución), lo haré sin problema”, dice orgullosa.

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*Jessica es voluptuosa. Tiene los senos y la cadera grande, el cabello rubio, la piel bronceada y su cara cada vez deja ver menos la Jessica que era antes. Se operó la nariz, el mentón y se inyecto la boca. Llleva cuatro años trabajando como prepago. “Mis clientes son lindos y exclusivos”, dice no trabajar por necesidad sino para sostener un estilo de vida.

Una puta y una prepago

Para *Vanessa no hay diferencia, las dos se acuestan por plata. “Llevo prostituyéndome poco, pero veo que a las que dicen llamarse prepagos, las invitan a restaurantes y a otros lugares antes de comérselas. Las invitan a sitios en los que todo el mundo sabe que son putas; llegan con sus caritas de solapadas, haciéndose pasar por mujeres finas pero que va. Nosotras nos paramos en la calle sin aparentar nada y vamos a lo que es: al motel por el tiempo que el cliente quiera y nos vamos, pero sea cual sea el protocolo, las dos tenemos el mismo fin”.

Prepagos-C

*Jessica piensa diferente. “Son dos cosas distintas: primero, no estamos en la calle, segundo no es con cualquiera; ni por cualquier chichigua y tercero no siempre es para tener sexo, sino para acompañar a los clientes a rumbas o a eventos”.

¿Cuánto cobra Vanessa y cuánto cobra Jessica?

Las dos coinciden en que la tarifa puede variar, pero según *Jessica las circunstancias son diferentes.

“El precio de una prepago no se rebaja ni se negocia. Lo que se hace es que si el cliente te necesita varios días, se le da un precio especial. Por ejemplo mi tarifa por servicio sencillo es de 400 mil pesos por 90 minutos, ya si son más de tres encuentros y se pagan de inmediato, le redondeo el valor a 1 millón de pesos. Un servicio para rumba, que por lo general es toda la noche, cuesta entre 700 mil y 1 millón de pesos, dependiendo si a uno le gusta o no el plan, por último, cuando lo invitan a uno a un viaje y sin importar si es a un pueblo o a otro país, debe ser con todo pago y la tarifa es de 500 mil pesos por día. Sin rebaja”, advierte.

Por otro lado, Vanesa maneja no más de dos tarifas. “Por una hora en un motel cobró entre 100 ó 150 mil pesos dependiendo el cliente, pero si solo quiere una chupada son 50 mil. No viajo, ni amanezco porque no los conozco y es mejor evitar la muerte”.

¿Por qué terminaron en el mundo de la prostitución?

*Vanesa dice que fue por necesidad. “Mi papá murió y mi mamá le tocó ponerse a hacer aseo en casas ajenas y eso no nos da para vivir. Entonces por decisión propia me empecé a prostituir, inicié en el centro y ahora en el Parque Lleras. Trabajo para mantener mi familia, nadie sabe lo de nadie, ni tienen porque juzgar. Obvio esto no lo pienso hacer toda la vida, pero por ahora es lo que hay”.

*Jessica es sincera. Terminó haciendo lo que hace solo por plata. “Pobremente en mi casa no faltaba nada, terminé el colegio y me empezaron a pagar una carrera, pero por mi afán de querer tenerlo todo, me tomé una fotos y me inscribí en un portal en Internet que promociona prepagos. Me llamaron y empezó a ir muy bien. Allí trabajé un año porque tenía que darle porcentaje al dueño de la página, que como requisito me pidió acostarme con él, entonces me independicé, obvio ya tenía el contacto de todos los clientes”.

¿Cómo manejan su oficio frente a los familiares y amigos?

*Jessica lo tiene claro. “Todo el mundo lo sabe. La gente no es boba, es evidente que si se ve a una mujer sola poniendo fotos por todo el mundo y que además no trabaja, pero tiene de todo, no se piense que es prepago, entonces lo que uno dice es que es modelo y hay medio compone la vaina. Otra de las cosas es que si usted le da plata a la familia, lo demás no importa, mi mamá es muy interesada, por eso no me jode”, dice la modelo.

Para *Vanessa es un poco más complicado. Su mamá no la regaña por lo que hace pero sí la regaña cuando llega sin plata.  “He tratado de ser discreta, pero de Santo Domingo baja mucha niña a putiarse, entonces lo ven a uno y riegan el chisme, ya poco me importa, al fin de cuentas yo soy la que lo hago. Mi mamá se hace la boba con el tema y se enoja cuando no le doy plata”.

Uno podría decir en este punto de la historia, que la gran diferencia es que una gana más dinero que la otra, pero si la prepago ya tiene suficiente capital para vivir sin prostituirse, ¿por qué lo sigue haciendo?

“Mi vida es deliciosa, en este momento yo me acuesto con el que quiero y no con el que me toca, por supuesto que me tocaron feos y me maltrataron, pero ahora es diferente y por lo general viajo a trabajar”

Lujos y más lujos rodean a las prepago. *Vanessa, que se para en la calle, dice no envidiar esto. “No nací para ser puta, es algo que me tocó por el momento ¿y qué mujer no lo haría por ver bien a su familia? Yo a diferencia de las prepago, no nací para quedarme en esto. Por eso las putas de la calle no damos los datos, ni quedamos con el teléfono de nadie, porque guardamos la esperanza de salir de aquí”.