La vida del primer UberDriver sancionado 25 años

La vida del primer UberDriver sancionado 25 años

2 de enero del 2019

Juan Carlos Rendón tuvo la mala fortuna de estrenar la sanción más grande a conductores informales, cuando a inicios de diciembre lo sorprendieron prestando servicio de Uber en Medellín y le cancelaron la licencia de conducción por 25 años.

Apenas el 12 de diciembre el Ministerio de Transporte expidió la circular más dura contra los transportadores que usaran carros particulares para el transporte de personas, reglamentó que los conductores sorprendidos prestando tal servicio en dos oportunidades serían sancionados con una suspensión del pase por un cuarto de siglo.

A Juan Carlos lo sorprendieron en 2017 trabajando un carro de Uber y le suspendieron la licencia por seis meses; pasado ese tiempo y al no tener otra forma de trabajo volvió a conducir con la aplicación. Esta vez manejaba el carro de un sobrino, porque el anterior vehículo lo habían vendido.

Todo iba bien, hasta que llegó el día de su mala suerte. Su hermana le recomendó una carrera llevar a unas vecinas que vivían cerca, en el barrio La Milagrosa, quienes se dirigían hacia sector de El Poblado. Él tenía que hacer una diligencia en la zona, en el sector de Ovidio, así que la carrera le cayó como anillo al dedo.

Ya había ido al sector y sabía que los policías de tránsito no solían rondar ese lugar. Estacionó en una bahía frente a un centro comercial, despidió a la mujeres y se dispuso a continuar con su jornada. Pero justo cuando iba a arrancar un agente se acercó, golpeó el vidrio polarizado y lo hizo bajar del carro.

El Poblado parece ser el lugar de la mala suerte para Juan Carlos, porque su primera sanción fue dejando también un servicio en aquella exclusiva zona de Medellín.

El agente de tránsito le solicitó los documentos y él los entregó amablemente, pero después le pidió el celular. Juan Carlos sabía que no podía entregárselo y empezó a evadirlo con argumentos legales sobre la intimidad y una cátedra de las funciones del policía, hasta que le sacó la piedra y le dijo “¿Ah sí?, vamos a ver quién manda”, según cuenta.

“Que yo sepa a ustedes los contratan para controlar la movilidad, no para irritar las personas, para sustraerle pertenencias como usted está pretendiendo”, le decía Rendón.

El agente se apartó y lo hizo esperar mientras verificaba datos. Después de un ‘tire y afloje’ el policía inmovilizó el vehículo de Rendón. Ahí empezó un tortuoso camino para tratar de sacar el carro de los patios e intentar solucionar la multa. Primero fue a Uber porque, como le habían prometido, le ayudarían a solucionar el problema pero eso no ocurrió, según dice Rendón.

Entre visitas al tránsito y la Secretaría de Movilidad de la capital antioqueña, acompañado por abogados y familiares se enteró de que la licencia estaba en proceso de cancelación. No podía creer que se fuera a quedar sin trabajo. Cuando preguntó a los funcionarios le decían que si había manejado borracho o había atropellado a alguien, porque la magnitud de la sanción correspondía a delitos más graves.

Pero no, Juan Carlos lo único que hizo fue manejar un carro particular con una plataforma para servicio de transporte de pasajeros, que se había convertido en su manera de sustento desde hacía cerca de tres años. Antes había trabajado en empresas privadas y conduciendo un taxi.

Dice que se pasó a esa plataforma porque el mundo de los ‘amarillitos’ se había convertido en una feroz competencia y el trabajo se había reducido al tener mayor demanda la aplicación. “Con el taxi yo quedaba sudado, fatigado y sin dinero. Eso me llevó a manejar de nuevo con la plataforma”, afirmó.

Después de la sanción dice que ya no podría confiar en Uber. “Ya perdió conmigo, ya no le creo, así fuera un BMW no lo tomaría porque dentro de mi conciencia está aceptar mi error y no volver a incurrir en esta irregularidad para no tener inconvenientes”, dice.

Ahora se encuentra sin trabajo y su esposa ha tenido que asumir sola la responsabilidad económica del hogar, para mantenerlo a él y su hija. “Para mí sí es una frustración emocional, porque cuando estoy laborando y produciendo tengo miles de alternativas positivas y posiciones óptimas, esto me genera ganancias donde yo puedo darle cumplimiento a mis compromisos, pero ya no puedo porque no tengo la oportunidad de tener una ocupación permanente en este momento”.

“Obtener mi licencia sería como pedirle un regalo al niño dios, me llenaría de esperanza, optimismo y confianza en mi hogar, para que las personas que están al lado mío tengan un respaldo, es un parte de tranquilidad, así de una vez no tenga el bolsillo lleno pero sé que puedo salir a trabajar”.

Su mayor deseo ahora es poder recuperar su licencia de conducción para volver a trabajar, porque esa es la actividad que ha realizado durante la mayor parte de su vida. Si no se logra, podrá volver a expedirla cuando cumpla 79 años.

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