La confesión de un militar que participó en la toma del Palacio de Justicia

La confesión de un militar que participó en la toma del Palacio de Justicia

6 de noviembre del 2016

A 31 años de la toma del holocausto del Palacio de Justicia

Luego de 31 años de la Toma y Retoma del Palacio de Justicia siguen aclarándose cosas que pasaron en el lugar. Hoy después de tanto tiempo de silencio, *Alberto decide contar para KienyKe.com el infierno que vivió el 6 y 7 de noviembre de 1985 cuando el M-19 se tomó el Palacio de Justicia.

Tenía 16 años, el fusil que cargaba pesaba más de 6 libras y las manos me temblaban. El desconcierto se apoderaba de los militares que como yo, eran menores de edad, algunos apenas llegaban a los 17.

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Eran las 11:30 de la mañana del 6 de noviembre cuando las alarmas en el Batallón del Palacio de San Carlos comenzaron a sonar después de los primeros disparos que se escucharon en el interior del Palacio. Para entonces ya habían muerto dos vigilantes que no tuvieron tiempo de reaccionar. Los guerrilleros gritaban ordenes. La insurgencia se había tomado el Palacio de Justicia. 

Sin embargo, en el Batallón, ninguno de los soldados reaccionó ni se apresuró a formar. Fue hasta cuando escucharon los gritos y vieron la angustia en el rostro de su coronel que entendieron que no se trataba de ningún simulacro.

“Días anteriores hicieron simulacros dentro del Batallón porque los aparatos de inteligencia del Ejército, llamados ‘F2’, ‘B2’ y ‘S2’, sabían que iba a haber un golpe operativo del M-19 en el Palacio de Justicia, el Senado o en la Alcaldía”, señaló *Alberto.

Los primeros soldados que salieron hacia el Palacio para generar una reacción fueron los compañeros de *Alberto, bachilleres que en su mayoría no alcanzaban a tener más de 17 años, y que sólo contaban con una preparación básica de tres meses.

Muchos de ellos tenían algunos problemas físicos (que no eran relevantes para ingresar en la institución durante esa época) como poca agudeza visual, enfermedades pulmonares o pies planos.

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En último lugar salió *Alberto en compañía de los muchachos con los que pertenecía a la banda militar de guerra, el comando que menor preparación tenía para un combate armado.

“Nosotros eramos soldados de música, soldados que no disparábamos un fusil hacía mucho tiempo, para eso estaban otro tipo de soldados”, indicó.

La banda musical era una de las más reconocidas en Bogotá, se encargaba de realizar presentaciones en sedes académicas, culturales y deportivas.

“Muchos soldados estábamos más pendientes de aprender las melodías musicales, porque la idea de la banda era coger las canciones de moda de la época y pasarlas a marchas marciales. Entonces, por ejemplo, tocábamos Cali Pachanguero e íbamos bailando”.

En vísperas de los sucesos, *Alberto tuvo que prestar guardia en el Palacio de Justicia, durante las doce de la noche hasta las seis de la mañana. Sin embargo, en esas horas no ocurrió nada fuera de lo habitual.

Internándose en el Palacio

Bajo la orden de que eran los responsables de la seguridad del lugar, *Alberto y los demás fueron y debían ser los primeros en ingresar en la edificación. “No sabíamos contra quién nos estábamos enfrentando, ni tampoco teníamos ningún conocimiento de cómo era internamente el Palacio”.

Pero no solo los soldados musicales eran los únicos desconcertados, “ni los oficiales del ejército, el ministro de Defensa, o el general Jesús Armando Arias Cabrales comandante de la Brigada Número XIII tenían idea de qué debían hacer para reaccionar”.

Dirigidos por el comandante de su unidad, quien regresaba a la ciudad con tres medallas de orden público, fueron conducidos a los “lugares más profundos del Palacio sin ninguna autorización”, y sirviéndole de escoltas al alto militar.

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*Alberto tuvo que ser el “sapo ayudante del soldado que iba cargando un radio operador”, porque su capitán le ordenó dicha misión bajo la advertencia de que si no lo hacía le aplicarían el delito de cobardía (ocho años de prisión en Tolemaida).

“No me quedó de otra sino obedecer”, comentó el exmilitar con una mueca de resignación en su rostro.

Los primeros militares que llegaron al Palacio tenían bajo su responsabilidad 100 disparos, de los cuales ni uno sólo quedó disponible después de algunos minutos dentro del lugar.

“La orden que nos dieron fue: disparen a todo lo que se mueva, pero nosotros no éramos expertos en disparo y hace mucho tiempo no disparábamos”. Ese día aproximadamente murieron 90 personas entre las que se encontraban magistrados y civiles.

*Alberto explicó que lo sucedido fue “una reacción más irracional, de honor”, ya que durante las conversaciones por medio de los radios, y de las cuales *Alberto fue testigo por ser el ayudante, el coronel Alfonso Plazas Vega le manifestó a sus superiores que el Ejército no permitiría que los guerrilleros se la volvieran a hacer: “ya nos han humillado mucho, no vamos a permitirlo nuevamente”.

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Tras las primeras ráfagas de balas disparadas contra lo que fuera,  los soldados salieron del lugar y fueron conducidos a un edificio de cinco pisos, ubicado al frente del parqueadero del Palacio, para evacuar a todos los funcionarios que se encontraban allí.

Posteriormente, subieron a la azotea con el fin de romper todos los cristales de la edificación para visualizar a los guerrilleros del M-19 que les disparaban desde adentro.

De un momento a otro, un señor apareció en la planta baja cerca del parqueadero. Un soldado gritó: ¡Guerrillero! y los militares dirigieron su mirada hacía el sujeto que estaba vestido de paño, y que intentaba huir del lugar. Sin pensar, cada uno de ellos presionó el gatillo hasta que el hombre cayó al suelo.

“Cuando cayó le alcanzamos a ver de lejos un brazalete que decía F2, es decir era un policía”.

Cerca de las 10 de la noche, los francotiradores del Ejército hicieron 3 disparos de rocket contra el Palacio, solo uno de estos logró dar con el objetivo, solo uno impactó y es cuando se genera el incendio del Palacio. “Lo que se quería era darle al Palacio, ya que había una guerrillera que estaba en el tercer piso y tenía una panorámica tan precisa que logró asesinar a muchos soldados del Ejército, entre ellos muchos oficiales que ingresaron por la puerta de la Plaza de Bolívar”, agregó.

“Con esto se desdibuja la idea de que fue la guerrilla la que incendió, con la ayuda de Pablo Escobar, el Palacio de Justicia con el fin de quemar los documentos”, aclaró el ex militar.

Este lunes siete de noviembre KienyKe.com publica la segunda parte de este revelador relato.