¿Por qué un carnívoro se vuelve vegetariano?

20 de noviembre del 2017

De acuerdo a la FAO, la industria de la carne aporta más del 14% de gases de efecto invernadero

¿Por qué un carnívoro se vuelve vegetariano?

Él es un tipo común y corriente. Lo único que lo hace “un poco diferente” es que hace cuatro años dejó de comer carne. Lo hizo por él mismo, por el planeta y por los animales. Ahora está intentando dejar cualquier producto de origen animal: lácteos, huevos, y demás derivados de la industria.

Su aventura en el vegetarianismo, “aventura” –dice porque eso es para él–, empezó cuando estaba en tercer semestre de economía y un amigo le sugirió que viera un documental que se llama “Terrícolas” (Earthligns). Una tarde de domingo se sentó frente al computador y lo vio. No esperaba nada en realidad, mucho menos dejar la carne, porque él era un “carnívoro consumado”, pero apenas terminó el documental, con un nudo en la garganta, conmovido, asqueado y triste, se dijo que jamás en la vida iba a volver a tocar un pedazo de carne. Jamás. Y con los propios esfuerzos de su humanidad lo ha cumplido hasta ahora.

Al principio fue difícil, pero por la fuerza de su idea, y con la ayuda de otros conocidos vegetarianos, logró adecuarse. Fue al nutricionista y pidió una dieta que le ayudara a remplazar la proteína de origen animal. Empezó a asistir y a seguir reuniones de grupos animalistas y habló en su casa para que respetaran su decisión.

A medida que se involucraba más en su nuevo estilo de vida, más seguro se sentía que había hecho lo correcto. Entendió que la carne hacía daño, que el planeta no podía soportar un nivel de consumo así y que nada en la vida justificaba el sufrimiento de un animal.

“Más allá de todo –dijo–, la gente no sabe que la industria cárnica es la responsable más grande del calentamiento global. Comer carne nos tiene jodidos”.

Cifras y datos

“Comer carne nos tiene jodidos”, así lo dijo. Y, para bien o para mal, mediando las justas proporciones, hay estudios que respaldan esa opinión. De acuerdo a la Agencia de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO), la industria cárnica es la responsable de la producción de más del 14% de los gases de efecto invernadero.

El proceso de digestión del ganado, flatulencias y heces, junto con el uso de la tierra para la ganadería extensiva, libera más gases de efecto invernadero que toda la industria automotriz del planeta.

Sin embargo, en las agendas de lucha contra el cambio climático no se contempla un cambio en los hábitos alimenticios de las personas. Quienes dan esa batalla son las organizaciones ambientalistas que buscan con urgencia incluir la discusión sobre el consumo de carne en las cumbres y reuniones que abordan el tema.

En Bonn, Alemania, entre el 6 y el 17 de noviembre, se realizó COP 23, la Cumbre del clima, en la que se reúnen ONG de todo el mundo para discutir los pasos que se deben llevar a cabo para contener el avance apocalíptico del Calentamiento global.

No se dijo mucho sobre el consumo de carne. Un estudio de la Oxford Martin School, en Reino Unido, reveló que si todo el mundo se volviera vegetariano, las emisiones de la industria de alimentos se reducirían en casi dos tercios. Sin embargo no es una tarea fácil. Primero que todo, al menos 500 millones de personas en el planeta dependen de la ganadería y sus derivados. Además, el hábito de consumir carne está profundamente arraigado a la especie humana. No obstante, se espera, para 2040 reducir en un 50% el consumo de productos de origen animal.

El problema es uno, según explicó la ONG Proveg: ningún país industrializado podrá disminuir sus emisiones de CO2 a la atmosfera si no reducen, también, el consumo de carne. Infortunadamente la ganadería sigue sin estar en la agenda de discusión. Es un tema que no se toca.

¿Es posible lograr el cambio?

Hay dos vías: una es empezar a generar un cambio en la manera de consumir productos de origen animal, que iría hasta los productores, pero no es fácil. En la mayoría de países en desarrollo no hay forma de que se mejoren las dietas. Nadie le podría decir a un campesino humilde que no compre una libra de carne, que quizá sea lo único que le aporte la cantidad de proteína suficiente. O que sea lo único que pueda comprar en un buen tiempo.

La otra salida, sin alterar el consumo es mejorar las técnicas de tratamiento de los animales. La FAO ha recomendado medios científicamente comprobados, de alimentación especialmente, para que el ganado no emita tan desmesurada cantidad de gases de efecto invernadero. Básicamente es mejorar las técnicas de cría de los animales. Sin embargo es un proceso costoso que no cualquiera se podría permitir.

La COP 23 en Bonn terminó a altas horas de la noche del 18 de noviembre. Parece que el tema de la industria cárnica no tuvo notoriedad en la agenda. La cumbre concluyo con la aprobación de un documento que buscará acelerar la implementación de los Acuerdos de París sobre el cambio climático.

En todo caso, la decisión de dejar la carne, que parece no ser trascendental pero que lo es en muchos sentidos, es más de tipo personal, y depende de muchos factores sobre los que cada quien debe reflexionar con calma. Son cambios importantes que no se deben tomar a la ligera. Pregúntese si vale la pena deja la carne.

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