Cariocas, charrúas, gauchos y otros gazapos del periodismo deportivo

Cariocas, charrúas, gauchos y otros gazapos del periodismo deportivo

9 de junio del 2016

Por: Vicente Silva

A Brasil le dicen el equipo ‘carioca’, pero según el Diccionario panhispánico de dudas es equivocado llamar así a la generalidad de los brasileños ya que ese gentilicio solo es aplicable a los de Río de Janeiro y no a los habitantes o nativos de otros estados brasileños, entre ellos los integrantes de la selección pentacampeona del mundo. Pero, según especialistas brasileños, la historia del término es más larga que la escueta referencia de la RAE ya que su origen se remonta a la época de la etnia tupí-guaraní que desde comienzos de la Conquista llamó kari-oka a la casa del hombre blanco que no era otra cosa distinta que la residencia de los portugueses.

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Además, hay otras dos razones, una geográfica y otra política. La primera se refiere al río Carioca (hoy sepultado en gran parte por la modernidad de la urbe), llamado de esa manera poco después de la llegada de los conquistadores, y la segunda, está relacionada con su común utilización hacia la totalidad del Brasil hasta 1960 cuando Brasilia, constitucionalmente, se convirtió en la capital federal y Río de Janeiro perdió el poder político que había ostentado desde su fundación. Así las cosas, el capitán de la selección brasileña, David Luiz, oriundo de Sao Paulo, es un paulista mientras que Ronaldo Nazario de Lima, el temible gordo Ronaldo, sí es de Río y, por tanto, es un auténtico carioca.

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Algo parecido sucede con el combinado uruguayo al que se conoce como el equipo ‘charrúa’, pero sin saber que la palabreja está relacionada con nativos que antes de la llegada de los conquistadores habitaban grandes extensiones de tierra al norte de la actual República Oriental del Uruguay, el estado brasileño de Rio Grande do Sul y las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, en Argentina. Para la mayoría de historiadores uruguayos, la palabra ‘charrúa’ se originó en una extinguida tribu nómada amerindia ―sin mayor organización social o política― cuyos hombres, influenciados por los indígenas araucanos (los mismos mapuches de Chile), se convirtieron en feroces jinetes guerreros.

Esta condición que les permitió enfrentar con inusitada ferocidad a los conquistadores españoles y luego a distintos gobiernos de Buenos Aires y Montevideo que también quisieron someterlos por la vía militar, fue adoptada desde comienzos del siglo XX en el campo deportivo, especialmente en el fútbol, actividad en la cual Uruguay es conocido por la llamada ‘garra charrúa”. De esta manera es claro que si fuera por el origen, no todos los uruguayos deberían ser llamados ‘charrúas’, aunque la costumbre, que es fuente de derecho, y la influencia mediática, generalizaron este sinónimo de gentilicio para todos los habitantes de ese país, el segundo más pequeño de la región.

El asunto tiene cierta similitud con el de Argentina en donde ―en el sentido estricto del término― no todos los oriundos de esa nación serían necesariamente ‘gauchos’. Diferentes tratados indican con claridad que este nombre se les dio hace más de un siglo a los pobladores rurales de las pampas argentinas, uruguayas, paraguayas, el chaco boliviano y del estado brasileño de Rio Grande do Sul. Los estudios señalan que los ‘gauchos’ eran aquellos hombres y mujeres nacidos del mestizaje entre españoles e indígenas en esa vasta región y que en medio de la rudeza de la tierra adquirieron grandes habilidades para el manejo de ganado vacuno y caballar. Son famosos por su habilidad como jinetes, el empleo del lazo y el uso del cuchillo, pero además se les identifica por su pintoresca indumentaria: camisa, chaleco, chiripá (una especie de pantalón), pañoleta, botas de cuero, poncho y sombrero.

Uruguay-C

Algún respetable historiador podría decir, por tanto, que no sería correcta la utilización de la palabra ‘gaucho’ para un nacido en la capital, Buenos Aires, ya que a estos los llaman comúnmente porteños, mientras que a los originarios de la provincia de Buenos Aires les dicen bonaerenses. En este sentido, a Lionel Messi, por haber nacido en Rosario, sí se le podría decir gaucho, mientras que a Sergio Agüero, originario de la ciudad de Buenos Aires, sería un porteño de verdad.
Por esas cosas maravillas de la tradición construida gracias a los pueblos sin que fuera necesaria una ley o cualquier otra norma escrita, la palabra se arraigó tanto en el alma argentina que adquirió una connotación nacional y hoy, todos ellos, sin importar si son pamperos, porteños, rosarinos, bonaerenses o patagónicos, son ‘gauchos’. Juan Linares, argentino radicado en Colombia hace muchos años le ‘hizo la gauchada’ (el favor) de sacar de dudas al autor de este blog después de muchas vueltas: «Todos los argentinos somos gauchos».

Aun así, el tema sigue siendo apasionante ya que gauchos no son solo los argentinos sino también los habitantes del brasileño estado Rio Grande do Sul a quienes se les llama ‘gaúchos’, con tilde en la ‘u’. Uno de sus hijos más representativos en el deporte es Ronaldo de Assis Moreira, más conocido como Ranaldinho, el mismo que agregó a su diminutivo el apelativo de ‘Gaúcho’.

A los peruanos les dicen ‘incas’, pero algunos narradores se han puesto a pensar, y mucho menos a averiguar, que hace 500 años, cuando llegaron los conquistadores españoles, el imperio incaico o del Tahuantinsuyo dominaba amplios territorios peruanos, ecuatorianos, colombianos, bolivianos y buena parte de lo que hoy son Chile y Argentina.

Sin embargo, allí existían otras comunidades que no eran incas como los chanas, collas, huancas, chimús, cajamarcas, chachapoyas y los mismísimos mapuches que fueron sometidos, perseguidos y en muchos casos esclavizados, entre otros, por emperadores como Inca Roca, Yáhuar Huaca, Lloque Yupanqui, Mayta Cápac, Viracocha, Pachacuti, Túpac Yupanqui, Huayna Cápac, Huáscar y Atahualpa, el último gobernante.

Estos antecedentes ayudan a entender, si se aplicara la palabra en sentido estricto, que no todos los peruanos son incas per sé, pues no sería preciso decirl que dos magníficos futbolistas como Claudio Pizarro o Paolo Guerrero tienen los ancestros indígenas como sí posee el expresidente Alejandro el Cholo Toledo. Tampoco lo serían los millones de descendientes de europeos que viajaron en el período de entreguerras ni los familiares de japoneses llegados a finales del siglo XIX, entre ellos el expresidente Alberto el Chino Fujimori, ni los millones de afroperuanos hijos de la criminal esclavitud impuesta por los españoles.

Peru-C

Existe una situación idéntica con los aztecas, que si bien eran dominadores de gran parte de lo que hoy México y una importante porción del territorio guatemalteco, no eran los únicos gobernantes ni habitantes de una gigantesca región en la que también estaban asentadas diversas familias mayas que reinaron en el sureste mexicano y en territorios correspondientes a Belice, Honduras, El Salvador y Guatemala.

Fueron los mexicas, como también se conoce a los aztecas, quienes integraron con los señoríos de Texcoco y Tlacopan la Tripe Alianza, una poderosa confederación indígena que al llegar los españoles comandados por Hernán Cortés hacia 1518 gobernaban la más avanzada civilización existente en América. Además de los mayas, también existieron otras etnias como los zapotecos, los popolocas, los tarascos, los tlapanecos, los mixtecos y los tlaxcaltecas que no pudieron ser doblegadas económica ni militarmente por los confederados.

Como en los casos anteriores ―si se interpretara la palabra en su sentido más literal― no debería decirse que todos los que tienen la condición de ciudadanos de los Estados Unidos Mexicanos son ‘aztecas’, como sería el caso de los hermanos Jonathan y Giovani Álex dos Santos Ramírez, dos futbolistas de la selección hijos de padre brasileño y madre mexicana, pero con la diferencia de que el primero se nacionalizó en España y el segundo sí nació en este país. Por supuesto, también sería un equívoco mayor hablar del nuevo ‘seleccionador azteca’ para referirse al muy colombiano Juan Carlos Osorio.

En el caso mexicano, como en los anteriores, es necesario entender que la estricta y exigente historia no aceptaría de buenas a primeras la generalización de estas denominaciones para todos los oriundos de una nación, pero también es imprescindible ponerse a tono con los tiempos de la globalización, el enorme poder de la tradición de los pueblos y la fuerza incontenible de los medios de comunicación. En nuestra opinión, el error está en exagerar su uso a toda hora y aplicar estos curiosos etnónimos sin tener el adecuado contexto.

Para terminar, vale la pena reflexionar si en el caso de Colombia, por el hecho de haber sido los chibchas o músicas la etnia mejor organizada de lo que hoy es nuestro país, al equipo en el que juegan Teo, Falcao, Fabra, Arias, Murillo, Meza, Cuadrado, Ospina, Jackson, Zapata y demás, muchos de ellos mestizos y otros afrocolombianos, debería decírsele “el conjunto chibcha” o la “selección muisca”. Sin embargo, hay que dudar mucho de la posibilidad de que algunos arribistas se refieran así a los colombianos, primero, porque con toda seguridad, ignoran que esa denominación sería imprecisa, y segundo, porque en su filosofía trepadora muchos de aquellos que se creen blancos, descendientes de nobles europeos o del más puro de todos los linajes, no soportarían el ‘oso’ de sentirse ‘indios’.

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En cierta manera ese arribismo tranquiliza porque si bien a muchos personajes les da pena mentar su origen campesino y eluden el peyorativo ‘indio’ (a sabiendas de que indios son los nativos de la India), no es posible imaginarlos sacando pecho dándoselas de ‘chibchas’ o ‘músicas’. Tampoco es probable que lo apliquen para referirse a otras etnias existentes en tiempos remotos como los motilones, panches, pijaos, natagaimas, maitos, aviramas, tayronas, calimas, yotocos…

Todo parece indicar, gracias al arribismo, que nos libraremos de las manidas frases de cajón elaboradas en molde por algunos insoportables de radio y televisión que desgañitados en amor patrio, podrían hacer la colombianada de narrar perlas de este calibre: “Juega mi equipo chibcha”, «Arriba en el marcador el cuadro muisca», «Esta es mi tierra caribe compañero, compañero», «El elenco tayrona juega como mandan los dioses», «Qué actuación portentosa tuvo la selección quimbaya», «Los panches jugaron según los cánones del fútbol…»

Gracias a Dios en Colombia no han copiado la denominación de ‘cafeteros que periodistas de otros países le dan al seleccionado nacional. Y es afortunado porque si bien el café es un producto insignia del país, el grano ya no es el principal renglón de exportación ni en todo el territorio nacional se cultiva este arbusto ni todos los colombianos son tomadores de tan estimulante bebida.

Pero no todo es color de rosa, o mejor, con olor a cafetal porque, como si fuera un café recalentado en una vieja greca, en todo momento en las transmisiones futboleras nos machacan esta cuña terrible: «¡Tomémonos un tinto, seamos amigos!»