Cosechar la reintegración: de las armas a la siembra de cacao

19 de septiembre del 2018

Esta es la historia de Ramiro Rojas, cacaotero y reincorporado.

Cosechar la reintegración: de las armas a la siembra de cacao

El 12 de diciembre de 2005 la finca Bellavista, en el municipio de Remedios, nordeste de Antioquia, fue testigo de uno de los actos de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia. En aquel escenario, este grupo armado se encargó de entregar dos helicópteros artillados, vehículos, fincas y en total 1.924 de sus hombres se desmovilizaron con la firme intención de reintegrarse a la vida civil.

Desde aquel día, estos casi dos mil hombres se acogieron a la Ley de Justicia y Paz, y decidieron abandonar la ilegalidad, dejando de ocultarse detrás de su capucha negra que, por lo general, impedía ver sus rostros. Entre estas filas de hombres camuflados, estaba formado Ramiro Rojas Álvarez, un hombre de origen campesino que nunca imaginó que haría parte del conflicto y desde que entregó su arma de dotación emprendió el sueño de aportarle a la paz y a la reconciliación del país.

Casi 13 años después de desprenderse del mundo del conflicto armado, Ramiro ha demostrado sus esfuerzos por lograr alcanzar el perdón, la paz y tener nuevas oportunidades. Uno de esos esfuerzos por formarse y cambiar terminó representando el logro más importante de su vida, gracias al acompañamiento que tuvo por parte de la Agencia Colombiana para la Reintegración.

Al entregar su arma, su uniforme y su dotación personal como integrante del desmovilizado grupo armado, Ramiro adquirió lecciones que le servirían ‘para toda la vida’. Entre ellas, él destaca que tuvo una nueva oportunidad para reformarse como ciudadano, tomar un camino diferente y, así, soñar con cambiar no solo su historia, sino la de su familia.

Durante su proceso en la Ley de Justicia y Paz, Ramiro tuvo que ir a prisión durante ocho años y estuvo en libertad bajo permanente observación durante cuatro. Hoy, por medio de los Modelos de Entornos Productivos, proyecto promovido por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, ARN, él ha vuelto a cultivar sus sueños a través de la cosecha y producción de cacao, para recolectar nuevas oportunidades y el sueño de conseguir un proyecto económico sostenible.

Foto: Laura Salomón – KienyKe.com

Una vida de tradición agrícola

Su historia no es diferente a la de muchos colombianos provenientes de zonas rurales a las que llega el conflicto armado. Ramiro no le niega a nadie el saludo al presentarse y siempre resalta que es un hombre campesino de Puerto Boyacá, aunque su historia se definió principalmente en Yondó, Antioquia. Yondó es precisamente un lugar que lo conmueve por los recuerdos que conserva de la finca familiar, en donde a sus 22 años se encargaba de ‘jornalear’ y sembrar alimentos como maíz, plátano y yuca.

Con su mirada algo opaca, Ramiro hace un gesto de lamento y cuenta que después de más de diez años viviendo en tranquilidad y sosteniendo a su familia con la agricultura, en el año 2000 él y su familia sufrieron, sin buscarlo, los flagelos del conflicto armado. En una de sus jornadas de trabajo, su hogar fue sorprendido por integrantes de un grupo guerrillero de la zona, que entró a su finca y, para atemorizarlos, asesinó al miembro ‘cabeza’ de su familia, su padrastro.

Mientras se acomoda su sombrero y su poncho, elementos tradicionales antioqueños que siempre lo acompañan, Ramiro recuerda aquel día como el que le quitó el orden a su vida, ya que su núcleo familiar quedó destruido y atemorizado. Él, en medio de su incertidumbre y rabia, decidió escuchar a un conocido que le ofreció integrarse a un grupo de ‘autodefensa’ para proteger a su familia y conseguir ingresos adicionales para sostenerse.

Esta ilusión de hacer ‘justicia por mano propia’, según cuenta, lo llevó a tomar un camino equivocado y en el mismo año que sufrió el asesinato de su padrastro, tomó la decisión de hacer parte de un grupo paramilitar en Antioquia. Hoy, 18 años después de tomar esa decisión, reconoce no fue acertada, ya que tras salir de este grupo armado, no se llevó nada más que lecciones de vida y, finalmente, entendió que “la guerra no se acaba con más guerra”.

Foto: Laura Salomón – KienyKe.com

“Después de todo lo que viví y por todo eso que pasé, hoy me siento muy contento porque tengo en las manos una buena oportunidad para mirar hacia el futuro. He pasado con paciencia por todas las etapas de mi proceso y estoy en un momento definitivo para mi resocialización”, aseguró Ramiro en conversación con KienyKe.com

Reconciliación y reintegración con el cacao

Después de estar cinco años en una organización armada y pagar ocho años de cárcel, Ramiro tuvo una oportunidad de formarse a través de los proyectos de la Agencia para la Reintegración y la Normalización, ARN. Paradójicamente, en esta formación de tres meses participaron miembros de otros grupos armados como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, Ejército de Liberación Nacional, ELN, y Ejército Popular de Liberación, EPL, quienes antes fueron sus enemigos, una muestra de reconciliación y construcción de paz.

Mientras resalta lo paradójico de compartir y relacionarse con quienes antes combatía, Ramiro toma un grano de cacao y lo parte a la mitad para luego extender su mano y compartir el contenido de su interior. Al hacerlo, se detiene, prueba, saborea con suma concentración y cuenta todo lo que ha aprendido de cultivar y producir cacao, lo que le ha permitido soñar con cambiar su vida. En ese caso, dice que la fermentación define qué tan amargo es el cacao, uno de los conocimientos que adquirió en su formación.

Cada vez que tiene una mazorca o un grano de cacao en sus manos, él dice sentirse orgulloso porque ha sido un cambio soñado, dejó de empuñar armas para empezar a tomar el cacao como un proyecto que espera que sea el sustento de su hija y de su madre, con quienes volverá a su tierra en Yondó y retomará el trabajo agrícola con el sueño de tener una producción estable y sostenible.

“La idea es levantar la finca después de 18 años para empezar a producir cacao y para el futuro de mi familia. Para mí la paz es lo primordial y creo que todos debemos trabajar por ella. Por eso fue mi desmovilización, con el objetivo de que todos podamos vivir tranquilos”, le contó Ramiro a este medio.

El jueves 13 de septiembre de 2018, en la vereda Mérida de San Vicente de Chucurí, en Santander, Ramiro completó un ciclo que lo acerca cada vez más a ese sueño de levantar de nuevo su ‘pedacito de tierra’. Ese día en la mañana él recibió, junto a otros 24 excombatientes su certificación después de formarse tres meses en cultivo de cacao, con la firme esperanza de que en el Consejo de la Magistratura le limpie su hoja de vida y sus antecedentes.

Tras superar este proceso de formación, Ramiro y sus 24 compañeros se reunieron para recibir su certificación y celebrar su ceremonia de grados. Algunos se vieron nerviosos, ansiosos, y hasta nostálgicos, pero al final cuando todos lanzaron el birrete al aire, se evidenció cómo se empezó a materializar el sueño que muchos emprenden por reincorporarse con nuevas oportunidades.

Foto: Laura Salomón – KienyKe.com

Con el diploma en sus manos y después de dejar salir un par de lágrimas de alegría, Ramiro ha empezado a ver cómo su historia que se opacó a causa del conflicto armado, hoy empieza a adquirir color de nuevo. Hoy, a sus 48 años tiene la firme convicción de retornar a su tierra, en Yondó, para darle de nuevo vida a su finca, tras 18 años de abandono, sembrar sus sueños a través del cacao y cosechar su futuro y el de sus seres queridos.

Después de quitarse la toga y ponerse de nuevo su sombrero, Ramiro hizo una reflexión en torno al conflicto armado en el país. Ahora que ve la paz y la reconciliación son el camino, cree que después de cincuenta años de guerra, se ha demostrado que en el país es más fácil empuñar un arma que entregarla y, por eso, es importante resaltar y valorar todos estos esfuerzos por alcanzar procesos de desmovilización, reconciliación y reintegración.

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