Criado en un orfanato, lo trataban como animal, pero siempre quiso volver

Criado en un orfanato, lo trataban como animal, pero siempre quiso volver

10 de abril del 2016

Izidor Ruckel estuvo en un orfanato para niños supuestamente “irrecuperables” en Rumania. Después de ser adoptado por una familia estadounidense, cuenta su historia, la cual conmocionó al mundo.

En una entrevista para  la BBC, Ruckel relata que cuando contaba con apenas seis meses de edad se enfermó de gravedad y sus padres lo llevaron al hospital. Sin embargo, en lugar de recibir una buena atención terminó por empeorar al infectarse con poliomielitis (enfermedad producida por un virus que ataca la médula espinal y provoca atrofia muscular y parálisis).

Sus padres, al ver el estado de salud en el que se encontraba su bebé, decidieron llevarlo a otro hospital, pero nunca regresaron a visitarlo y mucho menos a recogerlo para llevarlo a casa.

Convirtiéndose en un niño abandonado, el Estado de Rumania lo llevó a una institución para niños discapacitados, el orfanato tenía por nombre ‘El hospital para los niños irrecuperables’.

En aquel orfanato rumano, Izidor relata que él y los demás niños solo existían para vegetar, no tenían sentimientos ni emociones, eran tratados como animales salvajes que necesitaban ser enjaulados.

Estuvo en aquel lugar cruel hasta que cumplió los once años. Luego de este traumático episodio, fue adoptado por una familia de San Diego, California, (EE.UU.), desde entonces sus padres son los señores  Marlis y Daniel Rackhome.

Con una nueva familia dispuesta a quererle y suplirle todas sus necesidades, Izidor no podía ser más feliz. Sin embargo, algo pasaba, estaba acostumbrado a comportarse como un animal y no como una persona, “Fue muy difícil. No me podía adaptar a un ambiente familiar… Mi mente estaba acostumbrada a vivir en la institución. Estaba desesperado por volver a Rumania”.

Agrega que adoptó un carácter agresivo y se volvió una persona muy amargada. “Hasta les escribí a los trabajadores sociales para pedirles que me dejaran quedarme allá hasta cumplir los 18 años”, cuenta para la BBC.

Después de ser recibido en una familia, los trabajadores sociales se negaron a cumplirle aquel sorprendente deseo.

Sin embargo, optó por regresar a Rumania por su cuenta a buscar a su familia biológica para averiguar el por qué lo habían abandonado. Regresó al país en 2001, también visitó la institución donde creció.

Aunque quiso conocer a sus verdaderos padres, no lo consiguió, a ellos él no les importaba. Luego de regresar a echarle un vistazo a su pasado entendió que si no lo hubieran adoptado en aquella familia americana, él estaría viviendo en la calle, o en el peor de los casos estaría muerto.

“Hay tantos niños que son sencillamente expulsados del sistema. Cuando veo en Rumania o en cualquier otro país a algún adulto sentado o de pie meciéndose hacia adelante y hacia atrás, o comportándose de maneras en típicas de personas institucionalizadas, puedo reconocer instantáneamente a quienes crecieron en un orfanato”, comenta.

Pero lo más sorprendente de su declaración fue la de: “A veces extraño esa institución. La gente no lo puede entender pues nunca vivieron esa experiencia. Estábamos acostumbrados a eso, ahí fue donde crecimos, es nuestro hogar”.