Cris Campos: “No todas las trans somos putas”

27 de junio del 2019

Mujer trans, papá y geóloga. Una historia de vida que rompe estereotipos.

Cris Campos: “No todas las trans somos putas”

“Papi, yo te amo”.

Esas fueron las palabras que, durante una fuerte crisis económica, hicieron clic en Cris Campos y la llevaron a tomar una de las decisiones más importantes de su vida: convertirse en mujer.

Cris nació en 1982 y creció en el seno de lo que ella llama una “familia tradicional”. Su padre Guillermo, su madre Marta y su hermana Diana la acompañaron durante sus primeros años de vida en el barrio El Galán de Bogotá.

Desde muy joven sintió que el espejo no reflejaba lo que ella sentía al interior de su ser. A pesar de haber nacido en un cuerpo de hombre, Cris siempre se quiso ver como una mujer pero nunca se atrevió a dar ese paso hacia lo que tanto deseaba.

Conoció el amor durante su adolescencia con Diana, una compañera de colegio que le atraía mucho. Las cosas se fueron dando y al cabo de un tiempo ella fue su primera novia.

Siempre le hizo saber a Diana lo que sentía con respecto a su identidad. Aun así, la relación funcionó hasta el punto de proyectarse a futuro, contraer matrimonio y formar una familia.

Al terminar sus estudios de Geología en la Universidad Nacional,  en el año 2005, Campos recibió una beca por parte de la Fundación Carolina para estudiar en el Instituto de la Energía de España una maestría en Exploración y Producción de Hidrocarburos.

Sin dudarlo, Diana y Cris hicieron maletas y juntos emprendieron rumbo al viejo continente. Luego de finalizar el posgrado,  por cuestiones de trabajo, se establecieron en Noruega. Al término de un par de años decidieron volver a Colombia.

Ya en Bogotá, Diana quedó embarazada y al cabo de nueve meses nació quien hoy en día es la persona más importante en la vida de Cris: Miranda, su hija.

El tránsito

Tener un matrimonio y una hija no cambió el sentimiento de Cris sobre su aspecto físico. Mantenía el deseo interior de verse y reconocerse como una mujer pero el miedo a expresarlo era mucho más fuerte.

“Pensaba que iba a ser imposible trabajar. Tenía una cantidad de imaginarios terribles”, recuerda Cris sobre aquella época.

Fue entonces cuando aparecieron los problemas económicos. La pareja decidió invertir los ahorros de más de diez años de trabajo pero los negocios no resultaron como se esperaban. Hubo una pérdida de dinero importante. Cris cuenta que “se quería morir” debido a la preocupación que los embargaba.

Pero en uno de los momentos de mayor desesperación apareció Miranda y con un “Papi, te amo” lo cambió todo.

Cris entendió dos cosas: Uno, que tenía que mirar con otra perspectiva el dinero, aceptando que es algo que va y viene y que no es lo más importante. Y dos, que era el momento de sacar eso que llevaba guardando hace mucho tiempo.

No lo iba a posponer más. Los tiempos de hacerse preguntas sobre su identidad y mirar hacia otro lado habían terminado.

Cris Campos inició su tránsito al género femenino en el año 2016, a la edad de 34 años. La primera parte que intervino de su cuerpo fue el rostro, el cual sometió a cirugías para suavizar los rasgos masculinos y para “quitarse unos añitos de encima”. Después de otros pasos por el quirófano, entre los que incluyó los senos, la geóloga de la Universidad por fin se reconoció cuando se miró al espejo.

“Cuando me quitaron la férula luego de la rinoplastia, me miré al espejo y dije: ¡esa soy yo!”, afirma Cris, quien al día de hoy siente que ya completó su tránsito.

Foto: Andrés Felipe Lozano.

Si se trata de ir a los términos puntuales, Cris Campos es una mujer trans y lesbiana. Pero más allá de eso lo importante es que ahora, simplemente, es ella.

El tránsito le trajo muchos cambios a su vida.

Al año de comenzar a practicarse las cirugías, a pesar de que Cris siempre le manifestó lo que sentía con respecto a su identidad, Diana no lo aguantó y el matrimonio terminó en divorcio. Sin embargo, mantienen una relación cordial.

“Ella es la mamá de Miranda y es parte de su bienestar”, apunta Cris.

En cuanto a sus padres, la situación resulta agridulce.

Su mamá, después de un tiempo, la aceptó. Doña Marta representa para Cris un apoyo, un faro de luz y un sol que le ha dado fuerza y la ha iluminado.

Su padre trató de entenderla pero no lo logró. Cris comenta que Don Guillermo pertenece a una cultura machista que no entiende de diversidad. No lo culpa. Ella sabe que todo es producto de las costumbres y de la educación que recibió desde muy joven.

En algún momento su papá le dijo: “yo a usted no la puedo ver así”, y desde entonces mantienen un contacto muy limitado.

Sobre su amada Miranda, cuenta que la niña lo asimiló muy bien. Lejos de caer en complejos y demás sin sentidos que muchos afirman, la pequeña crece feliz. Cris cree que la facilidad de su hija para entender las cosas se debe a que los niños no tienen preconceptos.

Cuando vino el tránsito, Cris le dijo a Miranda: “yo no me siento como un niño. Me siento como una niña”, y ella lo tomó de la mejor manera. Es probable que en su edad adulta, más allá de las fotos, Miranda no recuerde el aspecto físico que su papá tenía antes del cambio.

De todas formas, para Cris lo más importante es que Miranda la lleve en su corazón.

¿Por qué cuenta su historia?

Contrario a lo que muchos pensarían, Cris no ha tenido problemas laborales ni ha sufrido algún tipo de segregación por su condición trans. A lo máximo que se ha tenido que enfrentar en este aspecto es a alguna compañera de trabajo escandalizada porque tiene que compartir el baño.

Nada que un “Hey, yo entro al baño porque necesito entrar al baño. No entro al baño porque vengo a mirarte a ti” no haya podido solucionar.

El objetivo de Cris con dar a conocer su historia es contribuir a quitar el estigma de que todas las mujeres trans son putas. Ella es un vivo ejemplo de que hay muchas formas de salir adelante en el ámbito laboral. Hoy por hoy, Cris es una exitosa geóloga con maestría y varios años de experiencia en el campo energético. Y va por más.

El consejo de Cris para las personas que están en el punto en el que ella estuvo hace algunos años, cuando no se atrevía a expresar su identidad, es que se llenen de valor y den el paso.

¿Cómo?

Entendiendo y aceptando lo que está pasando, y eso, según Cris, no se logra sin una ayuda exterior.

En su caso fueron las muchachas del departamento de Recursos Humanos de la empresa en la que trabajaba quienes la acompañaron en el proceso de aceptar y comunicarle al mundo su decisión.

Pero no es la única forma. Atención psicológica, redes familiares o de amigos también pueden ser una buena opción en el tránsito.

Foto: Andrés Felipe Lozano.

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