En Guardia

En Guardia

15 de enero del 2019

Normalmente, la esquina de la calle 53 B con carrera 28 A de la ciudad de Bogotá, a dos cuadras del Estadio El Campín, es una esquina tranquila: poco tráfico, pocos transeúntes y poco ruido. Pero cada ocho días sucede todo lo contrario. ¿La razón? Esta esquina funciona como punto de reunión para los hinchas de los equipos capitalinos antes de cada partido. Esta noche, desde las 7:45, el equipo rojo de la ciudad recibirá a su rival de patio: Millonarios. Son las 5:00 de tarde y estoy esperando a Esteban* en esta esquina, en la puerta de una tienda que se llama “Le Colombie”.

Esteban llega a nuestra cita a las 5:20 de la tarde. Es un hombre de treinta y tres años de edad. Físicamente resalta por la ausencia de pelo en su cabeza, su barba poblada, su estatura (1.80 cm) y por los tatuajes que cubren casi la totalidad de sus dos brazos. Él es administrador de empresas especializado en gestión de calidad, es hijo, es hermano, es novio y es tío, pero por encima de todo es hincha de Santa Fe y miembro de la barra brava del equipo: La Guardia Albi Roja Sur.

Entrada de “Le Colombie” en la esquina de la calle 53 B con carrera 28 A.

La barra brava de un equipo de fútbol es el sector de la hinchada que tiene el aguante. Este término, desde una perspectiva argentina, se relaciona con apoyar, con soportar y con ser solidario. Así, dentro de un ámbito futbolero, el verbo aguantar se traduce en disponer del propio cuerpo, ya sea cantando, saltando, resistiendo incomodidades, e incluso, enfrentándose físicamente con otros hinchas, en virtud de apoyar al equipo que se sigue. Los primeros hinchas aguantadores de Independiente Santa Fe, aparecieron hace 21 años, Esteban hace parte de ellos desde hace 19.

Corría el año 1996, y en la tribuna oriental de El Campín se venía dando un fenómeno que la prensa denominó como “Los Saltarines”. En realidad, el nombre del grupo era “La Santa Fe de Bogotá”, pero los medios usaron aquel apodo debido a que sus integrantes tenían la particularidad de saltar y cantar mientras veían el partido, algo nunca antes visto en las hinchadas colombianas de aquella época. Hubo dos hechos que motivaron a varios integrantes de Los Saltarines a moverse a la tribuna sur del estadio: El primero, diferencias con la forma en que los líderes de La Santa Fe de Bogotá manejaban el grupo, y el segundo, y tal vez el más importante, el traslado de hinchas organizados de Millonarios a la tribuna norte.

Fue así como Pedro Durán, Federico Perry, Cristian Koeglher, Daniel Camacho y Ricardo Vera, acompañados de aproximadamente otras treinta personas, deciden el 12 de enero del año 1997 para un partido Santa Fe – América de Cali, entrar a la tribuna sur de El Campín e iniciar con su proyecto de barra brava.

Había que ponerle un nombre al grupo en su nuevo espacio. Inicialmente se iba a llamar “Euforia”, pero este resultó ser el nombre de una conocida peluquería, así que fue descartado. Inspirados en “La Guardia Imperial”, la barra de Racing Club de Avellaneda, varios integrantes propusieron el nombre de “La Guardia Roja” para denominar al naciente colectivo. La propuesta gustaba, pero el problema radicaba en que al interior de la Universidad Nacional “Los Guardias Rojos”, un grupo comunista inspirado en las tesis de Mao Tse Tung, tomaban vuelo y a los hinchas santafereños no les interesaba ser relacionados con ellos. Las palabras “Albi” y “Sur” solucionaron el problema, y fue así como se bautizó La Guardia Albi Roja Sur.

La estructura organizacional de la barra en este primer año era muy simple porque no había subdivisiones al interior de la misma. La aparición del primer subgrupo dentro del grupo principal se dio en 1998, cuando encabezados por Diego González, conformaron lo que sería el primer parche: “La 24 Tunal”. (En el argot barrista, el término parche se refiere a cada uno de los subgrupos que conforman a la organización). El criterio para la conformación de estos grupos ha resultado, casi siempre, y de manera orgánica, el territorio en donde habitan los integrantes de la barra brava, es decir, la división a partir de barrios o localidades.  Hay excepciones a la regla como los “MPS” o “Marihuaneros Por Santa Fe”, el parche de Esteban, que no responden a esta lógica de división geográfica sino, evidentemente, a otras dinámicas. Al día de hoy, La Guardia Albi Roja Sur tiene 41 parches oficiales y más de 1.200 personas inscritas en su base de datos.

Esta cantidad de parches y de miembros exige que exista un mecanismo para la dirección de la barra. Por eso, desde el año 2007, rige en La Guardia un modelo democrático que permite empoderar una dirigencia de siete personas. Este modelo consiste en que cada líder de parche se postula para ser elegido, y así mismo, vota por sus siete elegidos. Para el año 2018 los miembros de la dirigencia son los siguientes: Charly de Cruzada Norte, Mauricio Ahumada de Suba, Julio Triviño de Marihuaneros Por Santa Fe, Andrés Sánchez de Frente Kennedy, Ricardo Céspedes de Banda Centro, William Vera de La 24 Tunal y Diego Tapia de La Academia.

Son 5:45 de la tarde y yo estoy con Esteban en la entrada de Le Colombie tomándonos una cerveza. Alrededor debe haber unas 50 personas en el mismo plan. Esteban mira la hora en su teléfono celular y me dice que a las seis entramos porque “hoy es clásico y se va a llenar”. Mientras tanto conversamos. Según él, no está nervioso, y este “es un partido más”. No le creo del todo. Hoy el ambiente en general dentro de la hinchada cardenal es de mucha tensión. El recuerdo de la final de la Liga Águila perdida contra Millonarios en diciembre de 2017 es reciente, y aunque muchos no lo vean así, esta sería una muy buena oportunidad para sacarse esa espina.

A lo mejor Esteban dice que es “un partido más” porque rojos y azules se han enfrentado cientos de veces y lo seguirán haciendo durante mucho tiempo más. Lo cierto es que Santa Fe y Millonarios se han cruzado a nivel profesional en 312 oportunidades desde la primera vez, el 19 de septiembre de 1948. En aquella ocasión la victoria fue para el equipo rojo con un marcador de cinco goles a tres. En total, de los 312 partidos, Millonarios ha ganado 110, Santa Fe ha ganado 85 y han quedado en tablas 107 veces.

Aunque falta más de una hora y media para el pitazo inicial, desde la esquina de la calle 53 B con carrera 28 A, notamos que la instrumental o murga de La Guardia ya se encuentra afinando sus sonidos desde adentro del estadio, y que los trapos de cada parche ya están colgados. Los encargados de hacer el ingreso de los instrumentos musicales, de colgar las banderas y de preparar desde días anteriores todo lo que se va a usar en el momento del partido, son los muchachos del denominado “grupo de logística” de la barra. Este grupo está conformado por 80 personas de distintos parches, y normalmente llegan cuatro horas antes del inicio del encuentro para hacer su ingreso especial en un trabajo mancomunado con la Policía Nacional y la gente de “Open”, la empresa contratada por Independiente Santa Fe para que realice los temas de logística e ingreso del público.

Muchachos del grupo de logística de La Guardia haciendo el ingreso de sus banderas.

Son las 6:05 de la tarde y Esteban me dice que ingresemos ya. Primero se acomoda dentro de su ropa interior una pequeña bolsa de cierre hermético con un par de cogollos de marihuana en su interior, luego hace lo propio con un encendedor.

-Ojalá no me arrimen los perros.

Me dice mientras emprendemos camino hacia la entrada de la tribuna Lateral Sur del Estadio El Campín.

Para entrar con la barra brava tuve que comprar una boleta de 30.000 pesos y realizar un proceso de enrolamiento del hincha ante la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) que tuvo un costo de 12.000 pesos. Desde el inicio de la temporada 2018 este proceso de carnetización es un requisito obligatorio para poder ingresar a cualquier tribuna popular del país. Para los miembros de La Guardia este es un trámite innecesario y es visto más como un negocio; por el contrario, para la entidad rectora del fútbol colombiano este es un proceso de individualización del hincha totalmente necesario en la búsqueda de reducir la violencia ligada a las actividades barristas.

Atravesamos los tres filtros policiales para entrar a la tribuna Lateral Sur. A Esteban los policías no le acercaron sus perros entrenados, y a mí, nunca me pidieron el carné de enrolamiento del hincha por lo que sentí que perdí 12.000 pesos. Ya adentro me despido de mi compañero de MPS y me dirijo al tercer piso para encontrarme con “Osama”, el director del Sonido Cardenal, la instrumental de La Guardia Albi Roja Sur.

Tercer y ultimo filtro de la Policía Nacional por el que tienen que cruzar los hinchas antes de ingresar a la tribuna Sur de El Campín.

El Estadio Nemesio Camacho El Campín es el principal escenario deportivo de la ciudad de Bogotá. El nombre del recinto se divide en dos partes: Nemesio Camacho, en honor a la persona que donó los terrenos para su construcción, y Campín, como adaptación al español de la palabra en inglés camping, ya que este era un sitio habitual en donde los bogotanos realizaban esta actividad. Inicialmente el aforo del estadio era de 23.500 personas, luego en 1951 se amplió a 45.000 espectadores y finalmente, en 2011, después de una remodelación con el fin de recibir la Copa Mundial de la FIFA categoría sub 20, se redujo su capacidad a un total de 41.000 espectadores. Específicamente la tribuna Lateral Sur, casa de La Guardia, tiene un aforo total de 4.000 personas. Al interior de la estructura de esta tribuna, en el tercer y último piso, me encuentro con Juan Carlos Galindo, más conocido como “Osama”, el encargado de dirigir la instrumental de la barra brava.

Osama trabaja en una empresa de venta de telas, es músico empírico, tiene 29 años y pertenece al Sonido Cardenal (nombre de la murga) desde 2003. Toda la instrumental se compone de bombos con platillo integrado, trompetas, trombones y redoblantes. Quienes los interpretan son muchachos como Osama, músicos empíricos, que trabajan o estudian, y que pertenecen a los diferentes parches de La Guardia.

El Sonido Cardenal ensaya una o dos veces al mes. Osama no me revela la ubicación del lugar donde lo hacen por cuestiones de seguridad. Dentro de los ritmos que se tocan prevalece la influencia de cánticos de barras argentinas. Lo que cambia es la letra. En La Guardia Albi Roja Sur hay letras que le cantan a distintas cosas, pero el común denominador de estas son: el aguante, el enfrentamiento, el amor al club, la relación con el alcohol y las drogas, y los momentos memorables de Santa Fe.

Son las 7:10 de la noche y toda la instrumental hace su tránsito desde los pasillos del tercer piso del Campín hasta el interior de la tribuna. Desde ese momento y hasta el final del partido, el Sonido Cardenal no va a parar de sonar. Ellos entran y se ubican en las sillas de la parte de arriba del centro de la tribuna. Yo espero a que se acomoden, me hago un escalón encima de ellos y quedo de frente a Osama, que le da la espalda a la cancha y así va a permanecer la mayoría del tiempo hasta el minuto noventa. Es decir, Osama no ve el partido, se dedica única y exclusivamente a tocar y a dirigir a sus compañeros de orquesta, emulando con sus manos los movimientos del director de una orquesta filarmónica.

Cinco minutos después toda la gente asistente a la tribuna sur se pone de pie encima de las sillas y comienza a cantar. Aún faltan más de veinticinco minutos para el inicio del partido, pero en frente, al otro lado del terreno de juego, en la tribuna Oriental General Norte, están ubicados los cerca de cuatro mil hinchas de Millonarios que entraron al espacio asignado para la hinchada visitante. Por eso se canta desde ya.

Para el momento de la salida de los equipos, La Guardia ya está a reventar. Incluso, hay gente ubicada en las escaleras, en donde se supone que está prohibido. A mi me da la impresión de que aquí adentro todos se conocen con todos, independientemente del parche al que pertenezca cada uno. La primera canción que se entona a un nivel superior de decibeles (antes era un canto más suave) es la que en su letra dice “Somos los campeones del continente y eso nunca nadie lo va a cambiar”, recordándole al rival la Copa Sudamericana ganada por Santa Fe en el año 2015 luego de derrotar en la final al Club Atlético Huracán de Argentina.

Osama, de espaldas al campo de juego, dirigiendo el Sonido Cardenal durante el partido.

Y así arrancó y transcurrió el partido. En ocasiones olió a yerba, en ocasiones tembló la tribuna y en ocasiones se hicieron las famosas avalanchas de barra brava. Eso sí, siempre con Osama y sus muchachos de fondo como la banda sonora de un musical. El juego, valido por el partido de ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana 2018, resultó un encuentro cortado y caracterizado por el juego fuerte, típico de un partido clásico. Al final el resultado fue un cero a cero que aplazó la definición para el partido de vuelta. Ese día La Guardia Albi Roja Sur tendrá que dejar su tribuna tradicional y ubicarse en donde hoy está la hinchada rival. No habrá banderas, ni bombos, ni trompetas. Solo estarán las palmas y la voz Esteban, de Osama y de 4.000 hinchas cardenales más, que esperan que Independiente Santa Fe logre eliminar a su eterno rival de patio y así poderse sacar un poco la carga de haber perdido aquella final de diciembre de 2017.