De ejecutivo exitoso a hombre de familia: el cambio de vida de Carlos Raúl Yepes

18 de febrero del 2017

Recuperado de sus problemas de salud, el expresidente de Bancolombia se dedica a su otra pasión.

De ejecutivo exitoso a hombre de familia: el cambio de vida de Carlos Raúl Yepes

La carta que su hija María Luisa dejó sobre su almohada con un mensaje contundente: reflexionar sobre sus prioridades, desencadenó una decisión que se volvió noticia en el país por lo inusual. El presidente del Grupo Bancolombia, Carlos Raúl Yepes, dejó su cargo para recuperar su salud, pasar tiempo con su familia y cumplir sueños aplazados.

El abogado escuchó la invitación de su primogénita y decidió hacer un “alto en el camino”. Renunció al puesto que le daba seguridad económica, que lo hacía feliz, pero que le estaba quitando, por así decirlo, la vida. Su páncreas, su intestino, su hígado y su corazón le estaban sacando factura por los momentos de estrés, el ritmo 24/7 de trabajo, y la carga de responsabilidad que le corresponde al líder de una de las compañías más importantes del país.

Hoy puede decir que pasó de no saber si era martes o viernes, si estaba en Colombia o en Perú, de llegar a casa a la 1 a.m. para levantarse a las 5 a.m. y salir de viaje, a madrugar para hacer ejercicio, preparar el desayuno, servírselo a sus hijos y a su esposa Gloria Cecilia, a seguir muy ocupado –  porque el deseo de servir no se extinguió –, pero recuperar la vitalidad necesaria para continuar su día a día con más de tranquilidad.

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Su transformación es una invitación que, como la carta de María Luisa, hace meditar sobre el estilo de vida actual y el necesario desapego al poder y a la riqueza para recordar que es importante dedicarle espacio a las cosas más sencillas de la vida, que llegan a valer tanto que no tienen precio.

La de Carlos Raúl con Kienyke.com es una entrevista que motiva a pensar.

¿Quién es Carlos Raúl Yepes?

Es la pregunta más difícil, según Yepes, para iniciar una conversación. Aun así, se describe como una persona común y corriente. Está casado con la abogada Gloria Cecilia Gaviria y tiene dos hijos, María Luisa, estudiante de Economía, y Santiago, de Ingeniería Administrativa.

“Siempre fui buen estudiante”, comenta, por eso estudió Derecho en la Universidad Pontificia Bolivariana y se especializo en Derecho de los Negocios, con énfasis en Estrategia y Administración, en la Universidad Externado de Colombia. Gracias a su dedicación, pasó, antes de llegar a la presidencia de Bancolombia, por la dirección jurídica de la Unión Bananera de Urabá – Unibán – y la vicepresidencia corporativa de Argos.

“Tuve una vida laborar muy bonita como empleado al servicio de diferentes organizaciones”, cuenta.

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En Bancolombia vivió dos etapas, la primera de 1994 hasta 2003, y la segunda, de 2010 a 2016.

“Desde mayo del año anterior tomé la decisión de hacerme a un lado como presidente del Grupo y como dije en la carta de renuncia: me fui a recuperar mi salud, a disfrutar de mi familia y a realizar sueños aplazados. Y las tres cosas las estoy cumpliendo en este momento”, sentencia.

La etapa Bancolombia

Fue director jurídico del banco desde abril de 1994 hasta 2003. Los grandes aportes que recuerda de aquella época de gestión fue, primero, hacer parte del equipo que lo llevó a la bolsa de Nueva York para convertirlo en el primero del país en llegar hasta esta institución, y, segundo, contribuir como integrante del equipo negociador en la transformación del Banco de Colombia.

José Alberto Vélez se encargó de reclutarlo por unos años como vicepresidente corporativo de Argos, sin despegarse del todo de su antigua casa laboral haciendo parte de su junta directiva, y luego, explica, lo invitaron a hacer parte del proceso de selección del presidente de Bancolombia.

“Participé con poco entusiasmo porque estaba bien en Argos, sentía que estábamos haciendo cosas muy interesantes, pero la vida le pone a uno retos y la junta directiva consideró que podía ser el indicado por estar vinculado al banco desde hacía 17 años. Fue un momento muy bonito de mi vida empresarial”, dice.

Una vez en el cargo, evaluó qué no le gustaba del sector financiero después de haber permanecido a él tanto tiempo: “No me gustaba la arrogancia, la lejanía, la exclusión, la frialdad. Y eso dio pie a las respuestas: ser cálidos, cercanos, incluyentes y, a partir de allí, crear una propuesta más humana”.

“Muchas veces se nos olvida que las relaciones en el mundo son entre persona y, al ser conscientes de ello, nace un proyecto que no es nada diferente que proponer una construcción de relaciones a largo plazo, a partir de dos características fundamentales: el respeto y la confianza”. Explica.

Desde ese punto de vista, asegura Yepes, Bancolombia, además de ser un actor económico muy importante, se convirtió en un actor que hizo activismo social de una manera relevante y, por eso, cree que es una de la empresa en Colombia con mayor reputación, deseada para trabajar y donde los jóvenes quieren tener su primera experiencia laboral.

“Estábamos construyendo un ecosistema donde se valoraban las personas, potenciábamos sus habilidades y capacidades y, al final, los resultados tanto cualitativos como cuantitativos pusieron a funcionar de una manera diferente la compañía”, puntualiza.

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Lo que marcó su decisión de dejar el banco

Su consagración al trabajo y las responsabilidades de su cargo hicieron mella en su cuerpo. El desgaste físico fue muy grande.

“Yo sentía que era como un cajero automático, que funciona 24 horas del día, siete días a la semana. El poco descanso, las renuncias, el sacrificio, los problemas, el estrés, el estar rindiéndole cuentas a todo el mundo, no tener derecho a equivocarme, a que todo lo que dijera tenía que ser inteligente o importante, se redujeron a una palabra: agotamiento”, comenta.

En cinco años y medio de gestión, estuvo 10 veces en la clínica, y la situación más grave se presentó en 2012 cuando le hicieron una colectomía por una peritonitis.

Yepes dice que empezó a tenerle miedo a la muerte. “Cuando viajaba no sabía si estaba en Colombia o en el exterior, si estaba en mi casa o en un hotel, si era sábado o era miércoles, si estaba en la mañana o en la tarde. Y me daba miedo morirme detrás de la puerta de un hotel solo, cuando me faltaban tantas cosas por hacer en la vida”.

En 2016 el país conoció la famosa carta de María Luisa, escrita por la joven con su puño y letra, en la que le dijo a su padre: “Tú no tienes la condición física para llevar el estilo de vida que llevas, tú necesitas una vida más tranquila, sin tanta presión, ni responsabilidad, por eso para mí la solución, la única, es que des un paso a un lado”.

Pero la carta fue escrita y entregada en 2015 cuando Carlos Raúl se recuperaba en una clínica de una pancreatitis. “Eso me puso a pensar. Mi hija me decía que hiciera un alto en el camino y pensara si lo que estaba haciendo era lo correcto. Si tenía una vida con propósito, con sentido, porque desde su punto de vista, como iba, iba mal y no veía posibilidades de cambio”, reflexiona.

La misiva lo acompañó en su bolsillo por algunos meses hasta que recordó la carta de renuncia que había escrito en 2011 o 2012 en la que fijaba su fecha de retito de la compañía en febrero de 2019. “Siempre lo tuve claro, lo que no sabía era que me iba a enfermar”.

Gracias a un libro de Chopra que el papá de un amigo le regaló cuando fue sometido, a los 33 años, a una operación del corazón, le enseñó la importancia del desapego a lo material, al poder y al dinero.

Así, “salí satisfecho y agradecido con Bancolombia”, asevera.

El miedo de tirarse al agua

“Miedos todos. Pero siempre he sabido que un largo camino empieza con un primer paso”, argumenta. Lo importante es tomar decisiones responsables.

Yepes explica que no es fácil desapegarse del poder, del dinero, de un buen salario. Sin embargo tenía que ser coherente, esa palabra que, describe, “reúne lo que uno piensa, lo que dice y lo que hace”.

“Yo no podía afirmar que deseaba estar con mi familia, pero no lo hacía, tampoco que me quería aliviar y estar saludable cuando mi nivel de vida, mi trabajo y mis responsabilidades no me lo permitían. Esto fue una decisión pensada con mis seres queridos, miramos el impacto de dejar de hacer y tener cosas, con la mayor recompensa de tener más tiempo para nosotros”, expresa.

Su momento actual lo describe como si estuviera viviendo un sueño. “Me parece increíble que esta sea mi realidad y que la hubiera buscado y decidido. Estoy muy contento y muy aliviado”, aclarando que antes estaba feliz, pero no tan sano.

Las ocupaciones no desaparecieron

Cuando terminó en Bancolombia, Yepes tenía claro que una vez en su casa quería trabajar en temas sociales. “No monté oficina de asesoría, ni de consultoría, no estoy buscando puestos, ni negocios, ni pidiendo favores. Estoy haciendo cosas por la sociedad”, reseña.

Hace parte de las juntas comerciales de EPM, el Grupo Araujo – Hotel Las Américas y Viva Colombia. También está en la Unidad de Transformación Medellín 2025 y en la alianza por Cartagena, que es una especie de Proantioquia que trabaja temas de construcción de ciudad.

Es miembros de las juntas directivas de la Fundación Ximena Rico, Reconciliación Colombia, la Fundación de la Selección Colombia de Fútbol, el Consejo Consultivo del Departamento de Prosperidad Social y el de la Agencia Nacional de Reintegración.

La gran novedad es que luego de su retiro, pasó siete meses escribiendo un libro por invitación de Ramdon House que será lanzado en la próxima Feria del Libro de Bogotá, que se celebra del 25 de abril al 8 de mayo. “No puedo dar muchos detalles, pero me demandó muchísimo tiempo y disciplina. Ya ese niño está que nacer”, ríe.

Lo único que adelanta es que es una reflexión sobre la dimensión humana en la gestión de las organizaciones que podrá leer desde un estudiante, una mamá o un presidente de una empresa.

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El capítulo aparte para Nacional

No se puede hablar de Carlos Raúl Yepes sin mencionar a uno de sus más grandes amores: Atlético Nacional. Un equipo al que ha seguido durante toda su vida.

La pasión fue inculcada por su papá y sus tíos, que lo llevaron al estadio cuando estaba chico, y ya más grande llegó al punto de animarlo a viajar con los jugadores para todas partes. “Lo que no me gastaba en el mercado, me lo gastaba en Nacional”, cuenta.

Solo cuando mataron a Andrés Escobar se aisló unos años de los estadios. “Me dio muy duro, yo lo conocí”. De hecho lleva el escudo y el número 2 tatuado en su piel.

Para honrar su amor por el Verde tiene un cuarto en su casa que parece un museo. A todo lo que sea verde y blanco se le asigna un espacio en él. “Me empezaron a regalar camisetas, después fueron guayos, balones, lapiceros, portavasos. Cuanta cosa verde hay sobre la tierra, me regalan”, menciona.

Además de las casacas de Juan Pablo Ángel, Stefan Medina, Felipe Aguilar y los guantes de Higuita, se suman las de futbolistas de otros equipos como la última que lució Iván Ramiro Córdoba en el Ínter, la de Quintero, James, Falcao y una firmada por Pelé.

Sin embargo, lo que se roba la atención de todas sus visitas es la réplica de la Copa Libertadores de América que el equipo ganó en 1989. “Me la hicieron en Arteliana, en Buenos Aires, donde fabrican la copa original. Todo el mundo va a tomarse fotos con ella y yo les digo a 5.000 la mirada y a 10.000 la tocada”, comenta entre risas.

No es buen jugador de fútbol, pero sí buen espectador y no duda en afirmar que la mayor alegría que le ha dado Nacional es quedar campeón del torneo internacional antes mencionado. La copa de 2016 también lo emocionó, sobre todo porque pudo seguir al onceno a Brasil y a Quito.

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Su opinión frente al futuro del país

Sin la presión de representar bien o mal a un grupo, Carlos Raúl se permite expresar sus posturas frente a diferentes temáticas, así que ante la pregunta: ¿qué opina sobre el momento actual de Colombia?, responde con una mezcla de optimismo y preocupación.

“Siempre he creído que tenemos grandes oportunidades, que el país tiene que desarrollarse en infraestructura, que tienen mucho para hacer por su economía, pero es innegable que ésta es una sociedad que tiene dificultades, que está enferma, en la que se ha perdido la solvencia moral”, asevera.

Su preocupación más grande es la corrupción. De ella, dice, “es un monstruo de mil cabezas, es una enfermedad asintomática que demuestra que se nos olvidó pensar en los demás”.

Cree firmemente que “a la sociedad colombiana le toca hacer un alto en el camino para ponerse de acuerdo en lo fundamental, como decía Álvaro Gómez”.

Para Yepes, llegó el momento de renovar y oxigenar los liderazgos, “que aparezcan nuevos personajes en el Ejecutivo, en el Congreso, en la Justicia, en los organismos de control porque se ha deteriorado la confianza en la institucionalidad”. Se pregunta qué ha pasado con la Iglesia, las Fuerzas Militares, la Policía. Según él, “el ciudadano se siente impotente y el Estado está desconectado de las realidades de la sociedad. Es indolente y arrogante”, cierra.

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