De la ansiedad a la serenidad

27 de mayo del 2019

Por Armando Martí.

De la ansiedad a la serenidad

Foto: Cortesía Armando Martí.

Estamos en la era tecnológica digital, y en este siglo XXI, sin temor a exagerar ya casi nada nos sorprende. Vemos que la ciencia ha logrado conquistar metas inimaginables en los campos de la medicina, la comunicación, la ingeniería, la física cuántica, la economía, el bienestar y el confort, entre otras muchas áreas.

Sin embargo, el hombre cada vez se encuentra más lejos de saber ¿Quién es? La ansiedad sumerge al ser humano en la experiencia de lo nuevo, la búsqueda de placer y la posesión de bienes materiales, que no pareciera colmarse nunca.

Actualmente no hay límites ni prohibiciones. Por ejemplo, se puede explorar el erotismo y el placer, buscando nuevas y exóticas formas de contacto sexual sin intimidad emocional ni confianza en el otro, lo que los lleva a transitar por la cuerda floja de la estabilidad mental.

Esta sobreinformación a la cual vivimos sometidos a través de las redes sociales y las aplicaciones móviles, suscitan muchísima ansiedad, pues la rapidez con que las noticias y acontecimientos son transmitidos, hacen que el cerebro no tenga tiempo de procesar pensamientos reflexivos propios.

A partir de estas “verdades” tan relativas desde lo más profundo de su ser, el individuo empieza a sentir un extraño e incontrolable miedo que intenta aliviar consumiendo cosas y más cosas, así como relaciones emocionales, conocimientos “esotéricos – espirituales”, y excesos de toda clase.

Este es el nuevo camino que conduce hacia la ansiedad, disgregando y debilitando los valores más esenciales para lograr vivir en paz y tranquilidad.

Cada día aparecen nuevas teorías, técnicas y terapias, con el fin de resignificar la existencia del hombre, pero paradójicamente nunca había estado tan lejos de sí mismo, convirtiendo su inteligencia en una disonancia interior: piensa de un modo y actúa de otro.

Foto: Cortesía Armando Martí

Para mantener su zona de confort, el individuo moderno se disfraza de Dante interpretando una “Divina Comedia”, en donde al parecer es inmune a cualquier infierno y por eso, siempre permanece sonriente.
Pero, cuando se le pregunta ¿Cómo se siente? Contesta: “Divinamente”. Y como buen actor que memoriza el guión de su vida, asevera tener a Dios de su lado para aliviar el desolador vacío existencial de esta sociedad de consumo.

El panorama al que se enfrenta, cuenta con escenarios en donde nada ni nadie milita en el amor, pues todo lo que es difícil termina desechado y el más mínimo dolor es calmado con analgésicos, pastillas para dormir, alcohol y dependencias afectivas, nunca con la reflexión y la confrontación interior, para dejar de ser un “adolescente confuso” y convertirse en un adulto espiritual responsable.

Este es el vacío de estar lleno: consumir relaciones dependientes, sexo, comida, trabajo en exceso, papel de víctima, compras compulsivas, drogas y alteradores del ánimo.

Como diría mi querido amigo el terapeuta Rafael Lemoine uno de los fundadores de Alcohólicos Anónimos en Colombia: “estamos ante la sociedad del cinismo, la apatía, el desprecio a los valores espirituales, abrazados a una borrachera emocional, que es como una especie de fiesta que nunca tiene un amanecer”.

Sin duda, es triste vivir sin razonamientos, respuestas y descubrimientos personales, ya que, esto hace que la felicidad no sea duradera.

La sobrecarga de información desinformada, está lejos de ayudarnos a estructurar y fortalecer la inteligencia. Nos hemos convertido en personas que al no conocer nuestro temperamento de base, crecemos con personalidades influenciables y débiles.

De esta forma, somos incapaces de generar hipótesis, síntesis y conclusiones, acerca de todos los mensajes que llegan a nuestros sentidos hora tras hora.

Esta exaltación de lo emocional se va convirtiendo en desesperación, que afecta nuestro cuerpo con enfermedades invisibles y psicosomáticas, atacando especialmente el sistema inmunológico y las zonas respiratorias y gástricas.

Este estrés produce taquicardia y palpitaciones; temblores en manos, piernas y pies; sudoración, boca seca y amarga; tensión abdominal, tics localizados, nauseas, diarrea y vómito; dolor precordial (mitad del pecho), inflamación del colon y vértigo, entre otros efectos.

Estos síntomas, también pueden escalar a bloqueos psicológicos que se manifiestan en pesadillas, insomnio, sueños angustiosos, y dificultad para tomar decisiones, y sostener en el tiempo los compromisos.

Dicha sensación de agobio, cansancio físico y mental, son producidas por una amenaza de que “algo” está por suceder, generando inseguridad de perder el control, y más, cuando al mirarnos al espejo, con extrañeza no reconocemos la imagen que tenemos al frente, pues en realidad no sabemos quiénes somos y mucho menos lo que queremos.

Foto: Cortesía Armando Martí.

Lo anterior, es el comienzo de la disolución del Yo como centro principal de una personalidad equilibrada, que al no estar suficientemente fortificada, abre las puertas del temor a la muerte y a la vida, convirtiéndonos en generadores bioenergéticos de angustia y pánico.

De este modo, la ansiedad desbordada también nos impide las habilidades sociales, que se manifiestan en algunos casos en tartamudeos, no saber cómo iniciar una conversación, miedo a hablar en público y lagunas mentales en el momento de responder preguntas, luciendo un cuerpo tenso y un rostro amargado sin sentido del humor, proyectando una constante defensa ante los grupos sociales.

El origen de la ansiedad

Foto: Armando Martí.

La ansiedad proviene del latín anxietas, que significa “aflicción”, y es una respuesta involuntaria de anticipación subconsciente del organismo, frente a estímulos internos o externos, tales como: pensamientos, imágenes y sensaciones, que son percibidas como amenazas. A su vez, se acompañan de un sentimiento de tensión física y mental producidos por la angustia.

Esta palabra también del latín angor, hace referencia a la sensación de estrechez, como una especie de opresión y estado de desasosiego o agitación de ánimo.

De ahí, que estos estados son los activadores de la trilogía sintomática compuesta por el miedo, la angustia y la ansiedad.

El miedo es un temor objetivo ante un hecho o circunstancia que proviene fuera de nosotros mismos, y que al acercarse nos genera inquietud, descontrol y alarma, ante un peligro real.

Mientras que la angustia, es un temor inconsciente que al interpretarse en el interior de cada uno, emerge como signo carente de objeto exterior.
Por último, en la ansiedad se siente el temor a estar expuesto sin estrategias ni defensas, y tampoco asertividad para enfrentar la resolución de un problema interno o externo, causantes de la zozobra.

En su parte más profunda, la ansiedad es la anticipación de todo lo malo que nos puede ocurrir. Desde la intuición o la imaginación, el presente se va llenando de nefastos presagios, impidiéndonos racionalizar estas sensaciones, ya que, su objeto está desdibujado y no se logra entender.

Asimismo, la ansiedad es un estado subjetivo a modo de vivencia interior que también se puede denominar emoción, activando los mecanismos de alerta, defensa y ataque.

En términos de la ansiedad digital, lo resumiría como un sistema informático con señales bioeléctricas, convertidas en signos que parten de un emisor y llegan a un receptor, transformándolos en síntomas.

Si esta intensidad es constante y su duración se prolonga en el tiempo, como resultado, aparecerán los ataques de pánico y las crisis de angustia.

Recordemos que el desencadenante externo, se consigue neutralizar y controlar con más éxito, a diferencia de los desencadenantes internos producidos por recuerdos traumáticos, fantasías, pensamientos obsesivos, compulsivos y mágicos e ideas delirantes.

Sin embargo, a través de un adecuado proceso psicoterapéutico, de apoyo logoterapeútico o de intervención de Coaching Ontológico, pueden ser de mucha utilidad para ayudar a los asesorados a controlar y superar estos trastornos de ansiedad y crisis de angustia.

El camino simple hacia la serenidad personal

Foto: Cortesía Maestro German Tessarolo
Símbolo de destrucción y desorden basado en la ansiedad: La mente y el ego vacilan entre mundos materiales sin claridad interior. Los espejismos de la ambición aceleran los pensamientos convirtiéndolos en obsesivos y confusos. La paz es tranquilidad dentro del orden, y algunas veces, se necesita flexibilidad en el desorden.

En muchas de nuestras nutridas conversaciones, con amigos tan queridos como Rafael Lemoine, German Bernal y Alfredo Alvernia, grandes orientadores de vida pertenecientes a la comunidad terapéutica, profundizamos en los diferentes rostros de la ansiedad, el miedo y la angustia.

Foto: Cortesía Armando Martí
El Dr. German Bernal, orientador de vida perteneciente a la comunidad terapéutica.

A través de los años, pude utilizar estos conocimientos para estructurar algunos de mis textos, epifanías y reflexiones de mi libro Viajero Interior: Un Camino Simple Hacia la Serenidad Personal, que fue presentado en la pasada FILBo 2019.

Hoy les quiero compartir algunos apartes del primer capítulo titulado: Ansiedad.

– “Experimenta el momento presente, sin permitir
que te invada la ansiedad de preocuparte por lo que dejaste de hacer en el pasado y lo que harás en el futuro”.

– “Tranquilízate y llena de confianza tu interior, vive de instante en instante, soltando tus problemas y entregándoselos a Dios, quien te dará las herramientas para confrontar y resolver los desafíos de la
existencia diaria.”

– “Creer que eres capaz de controlar todo te lleva a la ansiedad y a la tristeza, pero aceptar que no es así, te conduce a la paz y al sosiego interior. Pretender que la vida se adapte sólo a nuestra voluntad es una invitación a la frustración. Vivir sin esperar descansa el alma”.

– “Toma consciencia que lo primero que debes hacer
es eliminar la preocupación por cada obstáculo que encuentres en el camino de la vida y concentrarte en solucionarlo desde la calma, para así alcanzar mejores resultados”.

– “Nadie necesita sentirse desesperado ni sin salida, pues cada situación tiene varias opciones y alternativas inteligentes de superación.”

– “Deja de atormentarte por los afanes que trae la vida. Permanece sereno ante cualquier circunstancia y elige ser dueño de ti mismo”.

Ejercicio Transformativo

Foto: Cortesía Armando Martí

Realiza algunas respiraciones lentas y profundas, muy suavemente sin ninguna prisa. Al inspirar, disfruta de la energía que te da el oxígeno, vivificando cada célula de tu cuerpo; al exhalar, imagina que todas las tensiones, preocupaciones y desarmonías salen de tu mente.

Inhala de nuevo y siente que te llenas de paz, serenidad, confianza y bienestar. Cuando logres relajarte, visualiza una luz suave y tenue encima de tu cabeza, del color que tú elijas.

Siente como esta vibración sanadora recorre amorosamente tu cara, cuello, hombros, pecho y espalda, llegando hasta tu estómago, caderas, piernas, pantorrillas y pies, desbloqueando emociones dolorosas que se han acumulado durante mucho tiempo en algunas zonas de tus órganos internos y externos.

Las frecuencias relajantes del color elegido, te hacen experimentar una nueva sensación de alivio, libertad y sanidad integral, por lo que agradeces al Universo el regalo de la vida, concientizándote que desde una nueva actitud podrás empezar a estar y sentirte bien.

Vivir es aprender a vivir

La sobriedad es uno de los mejores remedios para lograr el equilibrio interior y la salud integral. Recuerda, un corazón alegre multiplica la salud y aumenta la calidad de vida, pero una actitud pesimista y egocéntrica amarga la existencia. La paz sanadora es una gracia espiritual, enfócate en lograr una nueva conexión con el mejor médico del Universo: nuestro amoroso e incondicional Dios.

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