De la celopatía a la recuperación interior

28 de octubre del 2019

Entrevista con la terapeuta y escritora argentina, Alexia Cabbadías.

De la celopatía a la recuperación interior

En mi experiencia como Logoterapeuta y terapeuta de parejas, he encontrado que, en la mayoría de las consultas, uno de los miedos más inconsciente es el temor de ser abandonado, traicionado, humillado y agredido psicológica y físicamente. Los celos se consideran como uno de los principales detonantes para la crisis en pareja, pues son una respuesta emocional que proviene del instinto de supervivencia al percibir una amenaza de un “tercero”, la cual podría conducir a la pérdida de algo que se considera como “propio” y “mío y sólo mío”.

La idea de que nuestro ser querido nos cambie por otra persona, genera una profunda sensación de inseguridad y de malestar interior, muchas veces insoportable. Los celos están presentes en todos nosotros, pero cuando son exagerados, indican una baja autoestima, desconfianza y paranoia, especialmente si el vínculo amoroso se va convirtiendo en un trastorno emocional llamado codependencia afectiva, caracterizado por el deseo de controlar e intentar cambiar al otro, convirtiéndolo en la “pareja ideal”. Como nadie puede cambiar a nadie, esta frustración produce una tensión y estrés en la pareja, en donde ambos justifican su comportamiento disfuncional. Además, las heridas de infancia no sanadas también son conectores negativos para generar las crisis.

De igual manera, los celos patológicos son altamente destructivos. Las víctimas de esta enfermedad se distinguen por los pensamientos obsesivos de ser engañados por la pareja, creyendo obstinadamente tener la razón de esta “premonición” de infidelidad. La celotipia se basa en algunas dudas inicialmente superficiales, pero con el paso del tiempo, surgen interpretaciones distorsionadas que llevan al comportamiento de control y amenaza hacia el otro, dando paso a lo que Freud denominaba “los celos delirantes”. Por eso lo más difícil de superar este trastorno, es convencer a la persona celotípica de que necesita ayuda profesional, con el fin de evitar que esta situación escale a consecuencias agresivas para sí mismo, su pareja y el entorno.

Cortesía Armando Martí

Es muy importante aclarar, que los celos delirantes no justifican en ninguna medida la agresión de género y los comportamientos violentos, que, en ocasiones, alguno de los componentes de la pareja, utiliza como argumento para la agresión y el maltrato psicológico y físico, debido a que este tipo de abusos generan engramas en sus víctimas.

El engrama, es un grupo de neuronas o circuito neuronal, que se activa algunas veces, ante la percepción de un hecho traumático y acompaña durante muchos años a quien lo sufrió. Cuando en el presente se repiten algunos elementos de este shock, es normal revivir la lesión psicológica como si se estuviera repitiendo estos dolorosos sucesos.

Como un testimonio ejemplarizante de vida, quise entrevistar a la terapeuta y escritora argentina, Alexia Cabbadías, quien justamente sufrió los estragos psico-emocionales de su pareja celotípica, poniendo incluso en peligro su vida, pero que a través de su fuerza interior y la ayuda de varios años de psicoterapia intensiva, logró encontrar nuevos caminos sanadores y transformativos, los cuales fueron plasmados en su más reciente libro: “Relatos de meditación (Co-creados junto a nuestra Madre Naturaleza)”, editado en Colombia por la Editorial Solar S.A.S.

También por medio de talleres y conferencias en diferentes países del mundo, ella ha querido concientizar y empoderar a las mujeres, para que encuentren su energía interior femenino, cambiando la mentalidad de “carencia personal” por otra de “abundancia y merecimiento”.

Cortesía Armando Martí Armando Martí en entrevista con la terapeuta y escritora argentina, Alexia Cabbadías.

Armando Martí: Alexia, tuve la oportunidad de estar en su taller: “El árbol de la vida”, el cual me pareció bien sustentado, claro y orientador. Considero que, a las mujeres asistentes, les ayudó mucho para su crecimiento personal. Hablemos un poco de usted, ¿quién es Alexia Cabbadías?

Alexia Cabbadías: Armando, muchas gracias por esta oportunidad. Me parece interesante todo su trabajo, su camino y lo que está aportando socialmente desde su lugar al mundo.

Nacíen Buenos Aires, Argentina, el 18 de marzo de 1980, en una familia mitad griega y mitad libanesa, llena de muchas costumbres y tradiciones arraigadas, especialmente la religión, la comida y las celebraciones. Sin embargo, hubo dos personas en mi familia que fueron un referente en mi moldeamiento como persona: mi abuela paterna llamada Aristula (griega), y mi bisabuelo materno, Elias (libanés).

Cada uno, respectivamente en su país, creció rodeado de la naturaleza y por eso, siempre vivían muy conectados con la Madre Tierra y con Dios, pues era habitual tomar la Biblia, agradecer por un nuevo día y bendecir no sólo la casa y los seres queridos, también a todos los seres humanos y animales del mundo. De ellos aprendí el amor y el respeto por la creación. Asimismo, mi abuela me inculcó a procurar tener un sitio de calma en mí. Recuerdo que sabiamente me decía: “Siempre tienes que buscar la paz”, es decir, a no depender de algo externo para estar en el centro de mi equilibrio.

A.M: ¿Y ella de dónde sacó toda esa sabiduría?

A.C: Mi abuela era una señora de campo que cultivaba alimentos y arreaba las ovejas en las montañas de Grecia… A mi “yiayiá” Aristoula, la vida poco a poco la convirtió en una maestra. Desde los 3 años, me enseñó a tocar la tierra para conectarme con este elemento esencial, igualmente a tocar las hojas de los árboles de su casa, higüeros y limoneros. Este fue uno de los mensajes que amorosamente me transmitió: aprender a tomar conciencia de todas aquellas cosas por muy pequeñas e insignificantes que sean, pues en parte, es mucho de lo que ocurre con el ser humano cuando empieza a entender su verdadera esencia: se da la oportunidad de embellecer el mundo.

A.M: ¿Qué la lleva a convertirse en terapeuta y escritora? Cuéntenos esa historia.

A.C: La historia es muy sencilla: todo lo que yo brindo a mis pacientes y a cualquier persona con la que interactúo, se basa en el principio de que, si me hizo bien a mí, ¿por qué no compartirlas con los demás? Sin duda, esta es una forma de devolver desde la gratitud, toda la sanación y bienestar que me brindaron en su momento mis terapias.

A.M: Alexia, ¿sufrió usted de varias enfermedades psicosomáticas?

A.C: Sí claro, y, además, muy dolorosas.

Cortesía Armando Martí
La escritora argentina, Alexia Cabbadías con su más reciente libro:
“Relatos de meditación (Co-creados junto a nuestra Madre Naturaleza)”

A.M: ¿Fue este el camino de dolor que la llevó a su transformación interna?

A.C: Totalmente, Armando. Lo primero que se enfermó en mí, fueron las emociones, por lo que tuve muchas situaciones conflictivas en este ámbito personal, y gracias a la aplicación de mis terapias como caminos alternativos, empecé a experimentar bienestar. Después comprendí, que muchas veces, el origen de las dolencias no está en el cuerpo físico, y cuando la persona empieza a entender esto, ya no se enfoca tanto en buscar una solución paliativa al síntoma, sino intenta concentrarse en la génesis de estos, logrando desde una orilla holística e integral, comprender la raíz de sus desequilibrios.

A.M: ¿Cuál fue la lección de estas enfermedades emocionales en su vida?

A.C: Aprendí que, si yo coloco mi poder en manos de alguien más, no sólo voy a generar unos vínculos codependientes, además, estaré impedida en vivir tranquilamente mis experiencias, pues inconscientemente me estoy prohibiendo tener una vida de desarrollo y evolución. Si yo recupero mi poder personal, empiezo a abrir mis caminos, porque yo soy la que estoy conectada con esa esencia, la cual es una extensión de nuestro Creador. Por eso es importante reconocer aquel aspecto divino, que todos tenemos en nuestro interior.

A.M: ¿Eso quiere decir Alexia, que en el pasado entregó su poder personal a un amor dependiente?

A.C: Si Armando, un amor tristemente dependiente y muy violento. Ese fue el aprendizaje: confundí pasión, por dominación de esa persona hacia mí.

A.M: ¿Cuáles fueron los motivos que la llevaron a elegir una pareja controladora, machista y celotípica?

A.C: Efectivamente, esta persona para mí era un psicópata. Justo después de la muerte de mi abuela cuando tan sólo tenía 22 años, me sentí muy culpable porque no la pude salvar del cáncer que padecía. Debido a esta dolorosa coyuntura, atraje inconscientemente a mi vida, como si fuera un auto castigo, a un hombre sumamente tóxico en sus comportamientos. Esto lo fui descubriendo tras un largo periodo de reflexión y trabajo en terapia, cuando pude interiorizar mis sentimientos más allá de mi constante afirmación: “¡qué porquería esta persona, tan agresiva!”, en donde entendí que todavía me sentía responsable de la muerte de mi “yiayiá”.

Considero que hoy en día, muchas personas atraviesan por circunstancias similares, de ahí que comparto tan abiertamente estos detalles de mi vida, para que exista una resonancia con los demás y una determinación hacia la trascendencia de la conciencia. De cada uno de nosotros depende llegar a ser lo mejor de nosotros mismos, pero no está en nuestras manos, salvar a nadie.

A.M: ¿No quedó usted traumatizada después de esas experiencias violentas con su pareja?

A.C: Luego de que pude alejarme de esa situación, busqué ayuda profesional, pues quedé muy marcada con ataques frecuentes de pánico, mi autoestima se destruyó por completo y me enfermaba constantemente. A medida que avancé en mi proceso de recuperación, fui fortaleciendo aquellos aspectos que desconocía de mí misma, porque uno siempre puede trabajar sobre uno, no sobre alguien más.

Cortesía Armando Martí
Armando Martí dialogando con la terapeuta argentina Alexia Cabbadías.

A.M: Hablando sobre su taller “El árbol de la vida”, quisiera compartir con mis lectores esta experiencia. ¿Podría explicarnos la transformadora metáfora sobre las raíces, las ramas y los frutos?

A.C: “El árbol de la vida” surgió a partir de una comparación entre un árbol y el ser humano. Para empezar, las raíces son el lugar en donde estamos parados en nuestra vida y pueden estar arraigadas y sólidas, o endebles y marchitas, dependiendo de las elecciones según el linaje del clan familiar que nos designa un rol.

Posteriormente, se establecen las estructuras representadas por el tronco del árbol que abarcan todos los planos de la persona: el cuerpo físico, la mente (consciente, subconsciente e inconsciente) y las emociones (patrones). Dichas partes, tienen un filtro a través del cual percibimos la vida. Sin embargo, el ser humano está marcado por una dualidad, es decir, como es adentro es afuera, y viceversa. Al reconocer estos opuestos, podemos tomar decisiones desde la certeza de aquello que vibra o desarmoniza con nuestra esencia.

Luego, aparecen las ramas, simbolizando la expansión del ser con todas sus posibilidades. Mientras más vamos haciendo los ajustes pertinentes para estar en equilibrio, nuestras decisiones serán más adecuadas. Por último, los frutos y las flores del árbol representan los objetivos básicos del Yo, que se alcanzan no desde el ego, sino con la humildad de aceptar las cualidades y dones personales.

Cortesía Alexia Cabbadías

A.M: Quería hacer énfasis sobre el tema de la abundancia y la escasez, el merecimiento y en ocasiones la mentalidad de pobreza que nos hace sentir culpable. ¿Qué nos podría comentar al respecto?

A.C: Muchas veces, al no dar valor a todo lo que tenemos en el aquí y en el ahora, nos estamos relacionando con la escasez. En lugar de conectarnos con lo que tenemos, nos conectamos con lo que no tenemos, ¿qué pasa con esto? Ocurre que le dejamos de dar valor a muchas cosas que existen en el presente, lo cual nos hace vivir siempre pensando en “me falta esto, aquello y lo otro”. Cuando en realidad quizás tenemos tanto, pero es como si no tuviéramos nada.

Esta es la mentalidad de carencia y tiene mucho que ver con la sociedad en la que vivimos, pues siempre se nos está estimulando a que debemos obtener bienes materiales o alcanzar metas inimaginables, con el fin de conseguir una posición de estatus y poder. De ahí que el marketing, es el rey de generar estos fenómenos en la mente del ser humano.

A.M: Finalmente Alexia, ¿podría darle un mensaje a la mujer para que continúe con su ejemplo de empoderamiento femenino?

A.C: Lo primero que quiero decirles es que nunca olviden quiénes son. No busquen ser alguien que no son, ni quieran ser algo que les dicen que tienen que ser. Recuerden, todas las personas, tanto mujeres como hombres, en su interior son una extensión de Dios. Cada uno posee esa divinidad y tiene el poder para lograr lo que siempre ha deseado.

Procuren nunca ceder su poder personal, independientemente de la situación de conflicto emocional que estén atravesando. La mujer siempre ha sido puesta en un lugar de inferioridad, y el hombre desde una posición de mayor poder, pero no olviden: todos tenemos el mismo derecho, todos valemos lo mismo y todos tenemos el merecimiento de tener al lado una persona que sea una pareja amorosa y comprometida.

Este es mi mensaje de empoderamiento para la mujer, con el fin de que entienda su valor personal, el cual la hace merecedora de lo mejor. De esta manera, le estamos sumando al mundo, a través de lazos sanos y armónicos según nuestros llamados internos, pues todos estamos aquí por alguna razón.

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