De La Fania a la indigencia

De La Fania a la indigencia

11 de enero del 2011

En Nueva York, a Rafael Quiroz lo llaman “El Colombiano” y en Barranquilla le dicen “El Gringo”. Amigo íntimo de Gabino Pampini, grabó con Celia Cruz y tocó en el Madison Square Garden. Hoy deambula por las calles del barrio San José y duerme debajo del puente Bolívar. La gente lo conoce como “Rafa”. Siempre lleva unas baquetas en el bolsillo trasero del pantalón. El bongó con que alcanzó la fama, y que trajo de Nueva York, lo guarda en tiendas o casas de conocidos y sólo lo saca en las noches, cuando lo hace sonar en los estaderos del sector a cambio de cerveza, monedas o algo de comida.

El sitio que más frecuenta es El Apolo. Mientras mezcla una cerveza con una Kola Postobón, la mejor cura para el guayabo, dice que en una buena noche de viernes se puede hacer hasta $80.000 pesos. Pero eso no siempre fue así. En sus años de gloria Rafa era uno de los mejores músicos de reemplazo en La Gran Manzana. Vivía en Manhattan, cobraba mínimo USD$250 por presentación, manejaba un Mustang full injection turbo 5.0 negro de cojinería azul oscura, y las fiestas en el club El Corso con Héctor Lavoe eran memorables. Allí gestionó sus mejores toques.

En un inglés impecable, afirma que todo comenzó a los cuatro años cuando su papá, Anastasio Quiroz, le regaló una campana. No sabe ni cómo la aprendió a tocar. Un año después, cuando tenía cinco, Anastasio, quien era mecánico de aviones, se radicó con su familia en Miami. Allá Rafael fue al colegio y estudió drama en el Kendall College.

Rafa comenzó a los 17 años en la orquesta de Hernán Gutiérrez, el pianista colombiano que trabajó con Fruko y sus Tesos. El trago, como los toques, empezaron a ser cada vez más frecuentes. Fue a través de Hernán, en el Miami Sound Studio, donde conoció al cantante panameño Gabino Pampini. Fuerza, la orquesta de Rafa y Hernán, buscaba una voz para grabar y Carlos Granados, dueño del estudio, les recomendó a Pampini, que en ese entonces cantaba con la orquesta Caribú de Costa Rica. Con él grabó varios temas, como El fritanguero y La media vuelta del álbum Fuerza Noble.

Además de ser colegas musicales, Gabino vivió cinco años en la casa de la familia Quiroz en Miami. Con la mirada perdida y los tics propios de quien lleva una vida de excesos, Rafa recuerda los dotes de chef de Pampini, quien además de ser un sonero de la talla de Ismael Rivera, cocinaba un arroz con coco y lengua que todavía saborea en sus recuerdos. También se acuerda que Gabino era nalgón y se mareaba cuando lo comparaba con Iris Chacón, la presentadora puertoriqueña de los sesenta y setenta, famosa por su gran trasero. Por esa misma época el combo eran ellos dos y Frankie Ruiz. Los tres se reunían a tocar en el cuarto que Rafa tenía adaptado en la casa de sus papás y por las noches tocaban en los mejores clubs con Fuerza.

Después llegó a Nueva York. Los años de gloria y de excesos. Los toques con Celia Cruz, Cheo Feliciano y la orquesta Fuerza.  Dice que su mayor logro fue haber tocado en el Madison Square Garden. Ese día compartió tarima con las orquestas La luz, El Gran Combo, Héctor Casanova, La Sonora Matancera y La Sonora Ponceña.

Con la misma velocidad que crecía su carrera, también lo hacía su adicción a la fiesta y a las drogas. Para ese momento Rafa ya tenía cuatro hijos con dos mujeres diferentes y su comportamiento hacía que lo llamaran cada vez menos a tocar. Hace diez años lo deportaron. Él dice que la suma de delitos menores lo llevó a tener que aceptar una deportación voluntaria. Fumar marihuana en la calle, peleas en sitios públicos y comportamiento vulgar son tres de los 53 que Rafa tiene presentes. La idea era estar cinco años por fuera y regresar a Nueva York, donde tenía su vida, pero al llegar a Barranquilla, donde sus papás ya estaban de vuelta, le cambió la vida.

Su papá murió al poco tiempo de su regreso. Cinco años más tarde le llegó el turno a su mamá. La única familia cercana que Rafa tenía en Barraquilla ya no estaba. De la casa familiar pasó a ser mendigo. Dice que no roba, que no le gusta meterse en problemas. Eso lo asevera don Fernando, el dueño de la tienda El Terminal, donde Rafa va y barre a cambio de algunas monedas o comida. Allá también le ponen salsa para que toque los bongós y recuerde sus días de gloria.

Por estos días lo ilusiona conocer a sus nietos. Todos viven en Nueva York, donde también nacieron y crecieron sus hijos. Orlando, Ingrid, Rafael y Esteban. Ellos, mientras vivió en Estados Unidos, hicieron todo lo posible para sacarlo de las drogas, pero fue expulsado de todos los centros de rehabilitación a los que fue internado. Ahora lo ayudan con ropa, medicinas y vitaminas que le envían a las casas de la gente que lo conoce y se preocupa por su bienestar.

Rafa dice que estar cerca a sus nietos sería el remedio para salir del vicio. Su gran esperanza es poder regresar a la ciudad donde se crió y no tener que pasar las noches en vela alerta para que no lo roben. Hace unos días, que por accidente se quedó dormido, se levantó para descubrir que el bolsillo de su pantalón ya no estaba. Había sido rasgado con un bisturí y la plata que había hecho tocando esa noche tampoco. Para regresar al lado de su familia, que sufre con la impotencia de la situación, tiene que dejar el círculo de drogas en que está metido hace años.

Después de que se toma su refajo de Kola y de comerse medio pollo con papá salada, Rafa coge su bongó –que no tiene cueros sino radiografías‒, lo guarda en el estuche y mientras lo hace dice que si su caso fuera perdido ya habría empeñado el instrumento hace rato. Luego dobla uno pantalones y una camiseta, quizá su única muda limpia, y se despide diciendo en un inglés de acento neoyorquino, “Be good, don´t do anything I would do”.

Apareció hijo de Conguero

Video: ElHeraldo.com.co