De la selva a la carpa de un circo

De la selva a la carpa de un circo

3 de marzo del 2013

El domingo 3 de marzo se presentó la última función del circo Hermanos Gasca en Bogotá. El IDRD decidió no renovar el contrato que les permitía ocupar un predio de más de 7 mil metros cuadrados, situado en la carrera 30 con calle 63. La decisión está relacionada con las políticas distritales que buscan acabar con el uso de animales en espectáculos públicos. Los hermanos Gasca decidieron marcharse de la ciudad, pues afirmaron que no dejarán de usar animales. La siguiente crónica, del escritor y periodista Enrique Patiño, da cuenta de cómo operan los circos, de dónde provienen sus animales y cuál es el poder que han tenido y tienen hoy en el país.

Por Enrique Patiño

El día en que la profesora Ana Julia Torres recibió a Júpiter, un león pequeño y enfermo que un circo desechó porque ya no le servía, ella le abrió un espacio y comenzó a mimarlo como a un gato grande. Con su corazón amplio, y a pesar de vivir en una situación económica difícil, lo albergó –como había alojado antes otros cuatro felinos decomisados por el Dagma de Cali– y le abrió un lugar en Villa Lorena, el lugar que dirige con tesón en el barrio Floralia de la capital del Valle. De los circos le han llegado “tigres, leones, un dromedario, un chimpancé y otros animales que ya no les sirven”, aclara desde su refugio, donde protege a 900 especies distintas abandonadas, e incluso mutiladas.

Cuando ella lo visita, Júpiter se para en dos patas y le lame la cara de felicidad. Como un gato. Pero lo que ella hace es apenas un grano de arena contra la poderosa influencia de las familias circenses. La lucha más definitiva se lleva a cabo en este momento en el Senado de la República. Eduardo Peña Garzón, coordinador de Animal Defenders International (ADI Colombia), lidera la iniciativa del proyecto de Ley que busca prohibir definitivamente el uso de animales salvajes y domésticos en los circos, una propuesta que adelanta el representante Augusto Posada, y que apoyan congresistas de diferentes partidos quienes han constituido la Bancada Política Animalista ALTO, junto con el Ministerio de Ambiente y el Ministerio de Cultura.

Si lo logran, sería la derrota definitiva de la fortaleza que han mostrado tres familias dueñas de circos en el país que usan animales en sus espectáculos: los Suárez, con tres circos itinerantes; los Acero, con cuatro; y los Gasca, con cinco de su propiedad. Además, claro, de otros circos menores que usan animales salvajes, una cifra que Peña considera ronda los cincuenta animales exóticos y al menos un centenar de domésticos. Si la iniciativa que fue aprobada en pleno por la Plenaria de la Cámara de Representantes y está en la Comisión Quinta del Senado llega a ser Ley de la República, nuestro país se uniría a Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay, que ya han prohibido tales prácticas. Con esto dejaría de ser uno de los fortines de los circos con animales en América Latina, un sitial deshonroso que ocupa junto con Brasil y México, y que en Colombia solo han logrado erradicar las ciudades de Pereira y Medellín gracias a su voluntad política.

Kienyke Circo hermanos Gasca

Así operan las mafias

La historia de los animales del circo no empieza y termina con las funciones, sino, en muchos casos, a trece mil kilómetros de distancia, en las sabanas de África, o a quince mil kilómetros en línea recta desde Bogotá, en las reservas forestales de la India.

En la reserva Panna Tiger, los traficantes, en complicidad con los oficiales locales, –según reportes de la policía de Nueva Delhi– se guían por sistemas radiales y posicionan desde el aire a los animales dentro de las nueve mil hectáreas del lugar. En su mayoría atacan con dardos tranquilizantes primero y machetes después a los rinocerontes para quitarles los cuernos y venderlos en el mercado negro de Asia. Algunos van detrás de los tigres. No son pocos los millonarios que quieren uno en sus hogares. Algunos de ellos llegan aún a los circos.

También en India los osos han sido ancestralmente robados y vendidos por la tribu Kalandars para espectáculos de danza, como lo denuncia la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA). Aunque su número se ha reducido de 400 animales destinados a espectáculos –hace una década– a 150 en la actualidad, a todos se les quitan los colmillos, lo que hace imposible su retorno a la vida salvaje. La mayoría de osos de circo provienen de allí.

En las sabanas de África, en especial en las 2.300.000 hectáreas del área de conservación Tsavo – que incluye tres parques nacionales y dos reservas nacionales – sucede algo similar: los elefantes pequeños que sobreviven a las masacres de adultos, a los que los traficantes persiguen para quitarles los colmillos, terminan con frecuencia siendo comercializados en circos. El número de víctimas se incrementó de 1998, cuando se dio la muerte de 32 animales, a un 700 por ciento en los últimos años. Y por tanto, aumentó el número de huérfanos.

Después de la captura del animal para el circo, las especies son mantenidas en fronteras de países limítrofes, como Somalia o Paquistán. Otros, según denuncias de Pedro Ynterian, presidente del proyecto internacional GAP, llegan a Estados Unidos, el país que más demanda tiene de animales salvajes, o a países como Cuba, donde años atrás se criaron chimpancés para venta a circos y particulares del exterior gracias a la fuerte alianza que tenía la isla con el gobierno africano de Angola, y donde en octubre de 2012, gracias a un acuerdo que estableció el gobierno cubano con el de Namibia, contempla el transporte hasta la isla de 150 animales salvajes –entre los que se incluyen elefantes, rinocerontes, leones, leopardos y antílopes– que serán capturados en su hábitat a un costo de 17 millones de dólares. La protesta de la Sociedad Surafricana de Prevención contra la Crueldad con Animales contra el traslado de las 23 especies de animales salvajes africanos, es una de las pocas que se han elevado hasta ahora.

Otros llegan a zoocriaderos en países como México, desde donde se realizan las transacciones para su venta. Según Peta, la caza, que inicia en Australia, África o Colombia, tiene pocas regulaciones porque hay leyes laxas y las autoridades son fáciles de transar. A partir de ahí, los animales cambian de manos y de traficantes muchas veces, a través de intermediarios y exportadores. Las cotorras, para ser camufladas, suelen viajar con los picos vendados y las patas amarradas, insertadas en tubos plásticos que se esconden en maletas. Los animales salvajes de los circos han sido históricamente confinados a un cautiverio de jaulas mínimas, advierte ADI, en las que pasan el noventa por ciento de su tiempo. Uno de los mayores traumas lo viven los elefantes, habituados a recorrer de veinte a cuarenta kilómetros al día; en su cotidianidad circense deben permanecer estáticos, atados con cadenas.

Kienyke Circo hermanos Gasca

Algunos de los tigres que se cazan en en la India terminan en los circos.

Los animales que actúan en los circos ejemplares suelen entrar a los nuevos países de destino a través de barcos o aviones, y tienen dos vías de origen: o nacen en cautividad (hijos de animales que también viven en el circo, o comprados a programas legales de cría en cautividad) o son secuestrados de su hábitat original por redes ilegales de tráfico de animales. Cada vez, ante la presión, sucede menos lo segundo, y en este momento la mayoría proviene de zoocriaderos. Pero queda la cuestión que plantea Eduardo Peña: “En el zoológico Matecaña de Pereira, un elefante decomisado tuvo una cría y el circo Gasca fue a reclamar su potestad sobre el animal. La comunidad y las instituciones se unieron y lo impidieron. Pero eso dejó en claro el verdadero interés de los circos: su beneficio empresarial por encima del bienestar animal”.

Raúl Gasca, el empresario circense, ha abierto las puertas de sus circos ante las presiones, para que las autoridades vean las condiciones en que se trabaja en su interior. En conversación con este periodista afirmó que “mi inversión en cada animal es enorme. Yo no haría nada que pudiera lastimarlos o que me hiciera perder dinero. Cada caballo de paso vale millones. Y así con todos. Yo los cuido lo mejor que puedo para que estén tranquilos y felices y puedan rendir al tope”.

Peña, sin embargo, dice que el circo ha desestimado las pruebas que ellos han logrado recopilar, “pero lo cierto es que los animales siempre están amarrados. Solo los sacan de recreo cuando los supervisan. No están en jaulas comidas por el óxido y sí están en mejores condiciones que todos los otros. Pero aunque fueran de oro, ¡están en jaulas! Y hacen actos que no son naturales”.

El poderío de los circos con animales ha ido decayendo, aunque aún cuentan con aliados políticos. En 2004, a través de su Sindicato Nacional de Artistas Circenses, lograron que el Tribunal Administrativo de Cundinamarca derogara el veto de presentar animales salvajes y mamíferos marinos que el Concejo de entonces impuso en Bogotá, y que prevaleció durante dos años en la capital. Su argumento: restringía su derecho a la libertad. Nadie habló de los animales. Hoy, el panorama es otro: al circo de los hermanos Gasca el Distrito no lo dejará más instalarse en terrenos públicos, a menos que deje de lado sus espectáculos con animales.

Y eso que comprar un animal no parece difícil gracias a la red. En el mercado negro, las mafias se mueven con relativa facilidad en su negocio millonario que mueve anualmente cerca de seis mil millones de dólares, según la Sociedad para la Conservación de la Vida Salvaje. En este momento, una leona de 16 años de edad, en la página de internet Oxl, de Paquistán, se puede comprar por nueve mil dólares. Un cachorro de león de cinco meses de edad, apenas vale un poco menos. Un chimpancé bebé se puede conseguir por quinientos dólares. Y un elefante en la India puede valer diez mil dólares, aunque oficialmente en nuestros países no sea posible adquirirlos.

Los controles

Las mismas autoridades de Estados Unidos le confiesan a Peta que apenas tienen el tiempo para certificar la veracidad de los documentos de la mitad de los animales introducidos a su país. En Colombia, ADI y el Ministerio de Ambiente han comprobado que las inspecciones que realizan los funcionarios de las CAR a los circos tardan menos de una hora, un lapso mínimo que no permite sedar a los felinos, por ejemplo, para examinar el microchip que deben portar por ley, y hacer una lectura juiciosa de su proveniencia.

Es más, la ausencia de lectores de microchip en Bogotá hasta 2010 hace dudosas las aseveraciones que llegan de regiones como Arauca o Huila en las que aseguran que las lecturas fueron realizadas. Las investigaciones realizadas los han llevado a comprobar casos insólitos, como uno sucedido en Manizales, en el que los funcionarios de Corpocaldas impidieron la veeduría de las organizaciones ambientales y evadieron las órdenes del Minambiente referentes a la necropsia de una leona fallecida del Circo Las Vegas. Además, se descubrió que le habían trasplantado el microchip a un primate. En la mayoría de los casos es también difícil saber la proveniencia real de los animales.

Kienyke Animales enjaulados

Un chimpancé bebé se puede conseguir por quinientos dólares en la página Oxl, de Paquistán.

Los circos aseguran que son nacidos en cautiverio, pero es difícil su reproducción bajo condiciones de estrés. “Incluso si son de zoocriaderos, está mal; en un rescate que hicimos en Bolivia comprobamos que no conocían los árboles ni sabían cómo reaccionar ante la naturaleza”, agrega Peña.

Para el funcionario de la bancada animalista Alto, Albeiro Ulloa, mucho está cambiando y solo es cuestión de tiempo para que las mafias de los animales terminen desmontándose. “La Ley de espectáculos públicos de 2011 es el primer gran cambio, ya que establece que los circos con animales no son un espectáculo público ni artístico, y por tanto no tienen reducción de impuestos. También está el Estatuto de Protección Animal del año 89, la gran voluntad política de la Alcaldía de Bogotá frente al tema y la sentencia del Consejo de Estado que habla sobre la dignidad de los animales. Tenemos razones de peso jurisprudenciales para pelear por ellos”, asegura.

Los circos pierden terreno

Países como Grecia, Suecia, Austria, Costa Rica, Finlandia, Suiza, Bolivia o Portugal han prohibido el uso de animales para entretenimiento. Informes de Peta o de ADI comprueban que en ellos se somete a ponis y caballos a estar atados hasta el 96 por ciento de su tiempo a cuerdas de poca longitud, y a que tigres y leones pasen entre el 75 y el 99 por ciento de su tiempo en jaulas. El Minambiente sancionó recientemente al Circo Gasca por pruebas presentadas por ADI sobre altos niveles de violencia contra chimpancés. Todas las anteriores son claras violaciones de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), que sin embargo regula legalmente la compraventa de animales vivos, de la que se benefician los circos.

Kienyke Ana Julia Torres

Pero algo queda en evidencia: la influencia de los circos decrece y lo hará aún más tras el anuncio de los actores Tom Hardy, Leonardo DiCaprio y Tobey Maguire de realizar una cinta sobre la guerra contra los traficantes de animales, para que el mundo conozca la realidad de lo que ocurre. Iniciativas como la del congresista Camilo Sánchez de prohibir la entrada de niños a los espectáculos que involucren maltrato a los animales; las acciones que lleva la abogada Lida Yaneth Ramírez en Cali, a través del comité de veeduría Sentir Animal, contra el maltrato en los circos; el apoyo de los ministerios de Ambiente y Cultura al proyecto de Ley; la participación de Alto y de ADI; la reducción del número de circos con animales y la profesionalización de los actos realizados por humanos, la férrea oposición de ciudades líderes como Medellín y Pereira, y el creciente rechazo de la gente a esta práctica, hacen creer que la costumbre de presentar leones u obligar a delfines a actuar en el frío de Bogotá, de transportar osos polares en el Caribe en carromatos con aire acondicionado o tomarse fotos sobre elefantes atados con cadenas, quedarán atrás como signos de barbarie.

La tendencia está cambiando

La tendencia del circo contemporáneo sin animales la impuso el Cirque du Soleil en 1980, en Quebec, Canadá. La idea nacida en el seno de una compañía de teatro que hacía malabarismo y caminaba en zancos en un pequeño pueblo llamado Baie-Saint-Paul, tomó fuerza en 1984 cuando fueron invitados a hacer un recorrido en su provincia. Su éxito fue tal que en menos de veinte años se convirtieron en un fenómeno mundial, que hoy cuenta con réplicas de la compañía en todos los continentes del mundo, y con un gran número de espectáculos en el país que siguen sus pasos: La Gata Cirko, Ku Kux Klown, Krash y Storm, entre otros. Además, la fundación Circos para Todos, de Cali, forma jóvenes para el espectáculo circense, ha graduado a 86 jóvenes hasta el momento, y además cuenta con otros 70 en su carrera. El Ministerio de Cultura planteó también el 2012 como el año para posicionar el tema, siempre y cuando no se incluyan animales. El 7 de octubre se presentó en Bogotá una gran marcha en pro de los circos contemporáneos y la exclusión definitiva de los animales, que pretende además profesionalizar a actores de este arte escénico.

* Publicado originalmente en Catorce 6