De las riendas al volante

18 de enero del 2013

En Bogotá, 2480 zorreros decidieron cambiar sus caballos por automóviles en la Feria de Alternativas de Sustitución de Vehículos de Tracción Animal. Este sábado es el último día.

Zorreros

“Pelo a pelo” es tal vez la frase que más dicen los ‘zorreros’ en la Feria de Alternativas para la Sustitución de Vehículos de Tracción Animal que organizó el Distrito. La frase se refiere a que de todos los vehículos que ven hoy expuestos, y por los que podrán intercambiar la carroza y el caballo, los que más les interesan son aquellos que cuesten 36 salarios mínimos (21’300.000 pesos).

Aunque el llamado del alcalde Gustavo Petro fue para que se asociaran, la mayoría son enfáticos en que quieren un carro para ellos solos. Quienes se asocian lo hacen cuando en su familia hay varios permisos para conducir vehículos de tracción animal.

−¿Qué dice de esta, mami? −le grita uno de los carreteros a su esposa mientras se monta en una camioneta de más de 40’000.000 de pesos.

Su esposa también tiene una carreta.  Entre los dos piensan comprar la camioneta. El excedente, explica la vendedora que lo está atendiendo, podrán cubrirlo con un crédito de libre inversión.

Sin embargo, para Héctor Rojas, asesor comercial de Chevrolet, el asunto de los créditos “no va a ser tan fácil”, porque muchas de estas personas no cuentan con el Rut, por ejemplo. Explica que además de la entrega del caballo y la carroza, cada carretero debe estar afiliado al Sisbén, firmar un contrato con el concesionario y quedarse con el vehículo por un máximo de cinco años.

Las ofertas  que pueden encontrar los carreteros van desde Camiones Chevrolet de 83 millones de pesos, camionetas Nissan de más de 30’000.000 de pesos y hasta camiones o furgonetas chinas como los Chery Yoki o del concesionario Jac que se ajustan al precio exacto que les entregará el Distrito.

Zorreros

Los carreteros que tengan censados sus caballos y la licencia para conducir un vehículo de tracción animal podrán reclamar un vehículo por un valor de 36 salarios mínimos.

Los carreteros que en otro tipo de eventos públicos se han presentado enfurecidos −porque les iban a prohibir conducir los vehículos de tracción animal− hoy están totalmente animados. Sonríen, quieren fotos, dan entrevistas y van de un lado a otro mirando cada carro y marca. Los vendedores se sientan con ellos y les explican las ventajas de cada vehículo, en medio de una competencia feroz por atraer la atención de los ‘zorreros’.

Para Carlos Alberto González, que lleva 30 años como carretero y transporta materiales de construcción, esta es la “oportunidad de su vida” y cree que en 90 días ya tendrá su moto carro.

−Patroncito, y a usted, ¿qué carro le van a dar?−le pregunta uno de los carreteros a Norman Garavito.

Norman lleva 11 años de su vida dedicados a la protección de los derechos de los caballos en la ciudad. Su única entrada proviene del trabajo en el billar de su hermano los fines de semana. Por eso todos los zorreros lo conocen. Algunos se acercan a pedirle consejos acerca de cómo cuidar a los caballos o para saber cómo reclamar su carro, si se les murió hace poco uno. Su inclinación por la protección animal comenzó “desde la casa”  y con la admiración por unas “señoras que luchaban contra los ‘zorreros’ y que aparecían en los artículos de El Tiempo”.

Hoy, al igual que casi todos los días, está vestido con un overol verde oliva. Su pelo es largo y aparenta mucho más años, de los 52, que en realidad tiene. Su teléfono no para de sonar. Las 24 horas del día está listo para rescatar caballos que se caen en la mitad de la vía o para sacar a un gato que se metió en las alcantarillas.

−Aprovechen que les van a dar un carro nuevo −Le dice Norman a todos los ´zorreros´ que lo van saludando.

−Norman, hermano, y usted ahora, ¿a qué se va a dedicar? −gritan algunos de los carreteros en tono de burla.

−Pues a seguir cuidando a los animales.

Norman ha aprendido de diplomacia y a manejar el “equilibrio”, como él lo llama, porque afirma que nada es fácil con los carreteros, pero su estrategia es estar cerca a ellos para proteger a los caballos. Por eso muchos saben que la  amistad se acaba cuando haya algún indicio de maltrato. En  el 2005, por ejemplo, organizó un operativo en El Tintal, en el que se decomisaron diez caballos. Ese día se ganó más de un enemigo, lo cual no parece  importarle: “me respetan o me odian a muerte, esa es la verdad”, dice. No se queja de nada y está agradecido por esta feria, a pesar de aceptar que muchos ‘zorreros’ nunca aprendieron a tratar bien a los caballos. Por ahora le queda una nueva tarea: el control de los caballos cuando sean entregados a sus nuevos dueños, porque no cree que el Distrito tenga más recursos para esa última fase.

“Se supone que todo esto de la restitución tenía que haber pasado hace tres años, pero se frenó con Samuel Moreno. Antes decían que había 60.000 millones de pesos, pero ahora tienen 20.000 millones. Lo que sí es cierto es que con esta feria tenemos la certeza de un comienzo y esperamos que el proceso de entrega de casi 3.000 caballos se termine pronto, aunque en Medellín, con la entrega de alrededor de 300 caballos, se demoraron casi ocho meses: aquí son más de 2.800”, explica.

Zorreros

Las familias de los carreteros están entusiasmados por esta oportunidad, que les permitirá tener un medio “más eficiente y digno” para trabajar.

Es casi mediodía y la multitud se acumula en una esquina, dejando todos los concesionarios vacíos. Allí están los motocarros marca Wow.

−Como son motos no tendrán pico y placa. Se pueden pagar “pelo a pelo” y le damos la capacitación, el pase y la matrícula por los mismos 21’300.000 pesos− anuncia el asesor comercial de esta empresa china.

Estos moto carros azules tienen forma de embudo y permiten que la persona descargue el contenido sin tener que bajarse, por eso a muchos la idea les resulta bastante cómoda.

−Con la cooperativa nuestra vamos a tener 30 carros como este y queremos imitar el modelo brasilero: los carros salen a las 8 p.m. hasta las 5 a.m. Cuando la gente se despierta su ciudad ya está limpia −afirma  el líder comunitario y reciclador Joselín Murcia.

−Estos sí son para meterle pata y puño −dice otro de los recicladores.

A los pocos minutos llega el alcalde de Ciudad Bolívar, Juan Carlos Amaya Pico, a mirar los motocarros Wow y parece que la influencia de este funcionario hace que más personas comiencen a preferir este modelo. Los vendedores de los otros concesionarios se tensionan. El miércoles se anotaron 16 para este modelo y en la mañana del jueves ya iban casi ocho.

“La capacitación, la matrícula y el pase. Además del costo y la funcionalidad de ese vehículo los atrae”, dice uno de los asesores de Chevrolet.

Cuando se les pregunta a algunos ‘zorreros’ si se alegran por los caballos se quedan callados, en este momento no se acuerdan de ellos, por eso Norman afirma que estos animales están más descuidados ahora, porque ya no son la herramienta de trabajo de sus dueños.“Este es el momento en el que tengo más cosas que hacer”, dice.

“Se ganaron la lotería. Es un esfuerzo muy grande de la organización distrital para atenderlos, acá han traído hasta el Sisbén para que se afilien y hay jornadas de vacunación. El asunto es que tengan buena cabeza y sepan aprovechar esta oportunidad”, afirma Nancy Ayala, ex presidenta de ADA −Asociación Defensora de Animales y del Medio Ambiente−y actual directora del grupo Libertad Equina.

Tanto Nancy como Norman son enfáticos en afirmar que a la mayoría de ‘zorreros’ en realidad no les importa el caballo.

Los ‘zorreros’ “respetan o repudian” a Norman Buitrago, quien lleva diez años vigilando el estado de los caballos para detectar los casos de maltrato.

“Esa crueldad viene por desinformación o pereza. Muchos caballos tienen que cargar las carrozas con menos de tres años y su estructura ósea se deforma. Estos animales tampoco duermen bien, porque necesitan acostarse un rato y en donde están no pueden hacerlo. Otros están desnutridos y para caminar toda la ciudad les ponen herraduras que les quedan pequeñas y están hechas de varillas de construcción que les deforman las patas”, cuenta Norman, que lidia todo el tiempo con las mismas historias de caballos, que encuentra en las “peores” condiciones.

Cuando tiene una emergencia, busca a la Policía Ecológica, a cualquiera que tenga un carro o pone de sus propios recursos para transportar al animal, por eso hoy está contento porque ve que pronto podrían terminar muchos de los suplicios para los caballos.

Aunque Nancy no le perdona al alcalde Gustavo Petro que se haya montado en zorra, dice que se sacará ese “puñal del corazón”, el día que entreguen los primeros caballos. “Los primeros caballos los recibirán en universidades como la UDCA –Universidad Ambiental de Colombia−, que va a recibir 1.200. Las personas tendrán que demostrar que tiene un buen predio y que no los van a usar para trabajo o para llevarlos al matadero”, cuenta Ayala.

La feria, que hoy está atiborrada de personas, continuará hasta este sábado, fecha en la que se espera que cada familia se haya decidido por un carro. Afuera de la Plaza de Artesanos, están los caballos con las carrozas esperando a sus dueños. Una familia de cinco personas posa para una foto, junto a un caballo de no más de tres años, que lleva la carroza.

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