De prostituta a funcionaria de Petro

20 de septiembre del 2012

Elizabeth Fonseca vivió de su cuerpo durante años hasta que encontró en la política una manera de cambiar su vida. Fue del M-19 y ahora trabaja en la alcaldía de Bogotá buscándoles salida a las prostitutas de la ciudad.

Elizabeth Fonseca

Elizabeth Fonseca

A los 14 años, Elizabeth Fonseca Abello tuvo su primera hija. A los 15 tuvo la segunda y a los 16 la tercera. Todas del mismo padre, un hombre de 27 años que la abandonó cuando estaba embarazada de la tercera hija. No tenía dónde dormir y proteger a sus tres hijas. Luego de quedar en la calle acudió al Bienestar Familiar y a una iglesia, pues era menor de edad. Pero nadie la ayudó. Fue entonces cuando una amiga le aconsejó prostituirse. Tenía 16 años y comenzó a vivir siempre de mal humor, era muy agresiva pues vivía amargada por el trabajo que estaba haciendo.

En el año 1992, y con motivo de unas elecciones locales en Bogotá, la gente de la AD M-19 estaba haciendo proselitismo político para apoyar la candidatura de José Cuesta Novoa al Concejo de Bogotá. Decidieron desplazarse hacia la zona de tolerancia en la avenida Caracas con calle 19, y ahí conocieron a Elizabeth en la esquina donde trabajaba prostituyéndose. Las prostitutas estaban muy entusiasmadas porque ‘unos políticos’ les estaban ofreciendo condones gratuitamente y fueron a llamar a Elizabeth para darle las buenas noticias. Ella no se emocionó en lo absoluto; por el contrario, buscó al candidato y le dijo que repartir condones no era la solución que ellas necesitaban, recordándole que sus problemas eran mucho más grandes. Luego le ordenó recoger sus condones y marcharse de allí. Cuesta Novoa se sorprendió de ver que Elizabeth era la única persona que reclamaba. Le llamó poderosamente la atención y la invitó a conversar con él para conocer más acerca de los problemas que existían dentro de esa población. Elizabeth le contó sobre la inoperancia de las entidades, entre muchas cosas.

Novoa le ofreció incluirla dentro de su lista para aspirar dentro de los renglones como candidata para el Concejo de Bogotá. Elizabeth entonces se convirtió en un boom mediático y publicitario, pues dice que fue la primera mujer en el mundo en ejercicio de prostitución que decidió dar la cara y enfrentar una realidad tan cruel. Fue entrevistada por los medios de comunicación más relevantes del país y algunos internacionales.

Prostitutas en el barrio Santa Fé
Trabajadoras sexuales del barrio Santa fe.

Sintió que los medios la perseguían y la señalaban como un objeto o un sujeto morboso. Se equivocaron, porque ella no trataba de ser una vedette, sino un personaje serio que ponía al descubierto una problemática de grandes dimensiones. Cuando advirtieron que se trataba de un alguien serio y crítico, comenzaron a tratarla con respeto.

A comienzos de los años noventa, el hijo de una prostituta que fuera descubierto en el jardín, la escuela o el hogar comunitario, era expulsado definitivamente sin mediar palabra. Las prostitutas no podían vincularse a ninguna institución educativa ni ir a la iglesia porque el cura las habría echado a la calle. Eran seres sin identidad ni ciudadanía. La única entidad oficial cercana a ellas era la Policía, pero no para protegerlas sino para violentarlas y reprimirlas. Eran víctimas de arrestos durante 24 horas para –supuestamente– averiguar si tenían antecedentes penales, pero los encierros solían prolongarse hasta 72 horas. Las llevaban a las estaciones de Policía donde debían dormir en patios confundidas entre los indigentes. Las bañaban a las 4 de la mañana con mangueras a propulsión. También las violaban. Elizabeth dice que fue violada en la estación de Policía de Chapinero. Por las características mismas de su actividad, denunciar una violación era una cuestión de burla. Por eso prefirió quedarse en el anonimato.

Cuando Elizabeth cumplió 27 años, llevaba 15 prostituyéndose. Había cursado hasta quinto de primaria y tenía 4 hijos. Era muy tímida e ignorante. Fue la oportunidad perfecta para denunciar el atropello. En ese momento no tenía claras las funciones y responsabilidades de un Concejal. El boom mediático hizo que todo el mundo la conociera y obligaron al Estado a cumplir con sus obligaciones. En 15 días hicieron una intensa campaña, pero no alcanzaron a llegar a Concejo. Les faltaron 5 votos y quedaron en el puesto 29. Pero el esfuerzo inspiró en ella el deseo de estudiar y ser profesional. Soñaba con odontología pero no pudo pagarse la carrera.

Marcha de prostitutas
Las prostitutas de muchas ciudades del mundo continúan organizándose con la intención de exigir los derechos que se merecen y los cuales consideran que no son respetados.

La gente de la AD M-19 le ayudó en la medida de sus posibilidades. Elizabeth terminó la secundaria en el Instituto Pedagógico Nacional e hizo un curso de Marketing Político en la Universidad Javeriana. Además realizó una carrera técnica, Operación de Maquinaria Industrial para la Confección de Ropa en el SENA, junto con 20 compañeras con quienes trabajaba en la calle. La entrada al SENA fue otra batalla, pues se resistieron a aceptarlas, por ser prostitutas. Cuando eso ocurrió, Elizabeth habló con el sub director de la entidad y le dijo: “Con todo respeto, señor subdirector, pero usted no es el dueño del SENA, el SENA es propiedad de todos los colombianos y nosotras somos colombianas”. Demandaron al SENA y ganaron.

Elizabeth dice que muchos burócratas y funcionarios trataron de impedir que abandonara la prostitución. Presentaba un proyecto y se burlaban de ella, la segregaban, la señalaban o le decían que estaba pretendiendo hacer un trabajo de profesionales sin ser profesional. “Ni ellos hacían, ni dejaban hacer”, dice. Un día, estando en una emisora de radio en Sogamoso con la Secretaria de Gobierno y algunos veedores, Elizabeth les dijo que si ella continuaba prostituyéndose, los iba a demandar a todos.

“Si yo demuestro ganas e impulso, si demuestro ser una ciudadana responsable, ellos están ahí para que las cosas funcionen, para que gestionen, para eso les pagan el sueldo. Para que me saquen de esa actividad, tal como lo dice la ley”, dice. Tenía un amigo periodista quien le dijo que si ella demandaba al Estado la tendrían que indemnizar. Entonces los amenazó con el argumento de que el Estado, por su inoperancia, la tuvo sometida a un estado de esclavitud. El ejercicio de la prostitución es catalogado como una forma de esclavitud. Luego se encontró con la sentencia SU-476 de la corte, de 1997 y ratificada en el 2009, que exige a las autoridades rehabilitar prostitutas en todo el país. Amparada en esa sentencia, Elizabeth diseñó y promovió la primera política pública que tiene el país para mujeres en ejercicio de prostitución.

José Cuesta Novoa
José Cuesta Novoa es quien invitó a Elizabeth a hacer campaña por el Concejo.

Cuando entendieron que Elizabeth sabía algo sobre sus derechos y sobre la ley, comenzaron a ceder y el Alcalde de Sogamoso la llamó para hacer una caracterización cuantitativa y cualitativa de esa ciudad. Fue en ese momento cuando salió de la prostitución y comenzó a trabajar con su fundación (Fundación Social para la Recuperación, Formación y Desarrollo Integral de las Mujeres Meretrices de Colombia) gestionando proyectos con la administración municipal, con lo que se financiaban. Consiguió montar un taller de confección, una unidad productiva apoyada por la gobernación de Boyacá. Y en esas andaba cuando la llamó Gustavo Petro.

El primero de febrero de 2012, a las nueve de la mañana, iba saliendo de su casa a arreglar su computador cuando le timbró el teléfono. Era Jesusita, la mano derecha del Alcalde Petro, a quién conoció en 1992. Jesusita le dijo que llamaba de parte de Petro para ofrecerle que se fuera a vivir a Bogotá para trabajar con ellos en la Secretaría de Integración Social con un objetivo específico: vincular a las mujeres en ejercicio de prostitución al programa Misión Bogotá. Elizabeth llegó a Bogotá sin siquiera haber concretado una cita con Petro. “Estaba feliz porque soy una persona útil, reconocieron mi trabajo, lo valoraron. Ese es el tipo de trabajo que me gusta que valoren” dice.

Elizabeth asegura que salirse de la prostitución es como ganarse una medalla de oro en los Olímpicos, porque ejercer tal oficio es como estar muerta en vida. Ella se convirtió en una persona con ilusiones y esperanzas y eso se irradia y se trasmite. La rehabilitación de una mujer como Elizabeth requiere de mucha tenacidad, fuerza de voluntad y ganas.

Prostitución
Elizabeth afirma que recobró la alegría una vez que abandonó su trabajo en las calles.

Tiene una relación con las prostitutas basada en camaradería, amistad y solidaridad. El objetivo es empoderar a las prostitutas para que ejerzan su ciudadanía. El primer derecho que se debe buscar es el derecho a la dignidad. Estar desnuda en la calle no es un derecho. El ejercicio de la prostitución mancilla la dignidad de la persona que se prostituye. El siguiente derecho es reclamar el derecho a tener un empleo en condiciones dignas. Elizabeth dice que son muy pocas las que están en la calle porque les gusta: a la gran mayoría les toca. Quienes están en eso porque les gusta no son prostitutas, dice, son descaradas porque no les importa exponerse a señalamientos indignos. Esas mujeres las avergüenzan y no sólo hacen quedar mal a las prostitutas sino al género femenino. “Son perversas, mal intencionadas y además tienen una actitud que invita a la prostitución. Yo solo hablo con una mujer que tuvo que pararse en una esquina para llevar el pan a casa”, dice.

La prostitución no es un trabajo. El trabajo, según la RAE, dignifica al ser humano, es una obra de carácter manual o intelectual, y la prostitución no tiene ni lo uno ni lo otro. La prostitución está catalogada como la esclavitud del siglo 21.

Elizabeth creó una entidad con radio de acción nacional, un programa de apoyo para las prostitutas. Su objeto es reintegrar a la sociedad a estas mujeres. Restituirles integralmente todos sus derechos. Después se fue a vivir a Sogamoso. Actualmente está trabajando para que Bogotá tenga su propia política pública para la prostitución.

Va a escribir un libro sobre su vida que se llamará ‘La vecina del Presidente’. “No quiero olvidar mi pasado pues tengo un compromiso con las mujeres que quieren salir de ese mundo”, dice. A sus 47 años, sueña con devolverse a su pueblo y tener su propia casa, con su gato y su perro, y morirse feliz.

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