“El cielo a tiros no es más narcotráfico”: Jorge Franco

4 de noviembre del 2018

A Jorge Franco no le gusta escribir sobre villanos ni héroes. Prefiere explorar las zonas grises de los personajes, las dudas, los miedos, los sentimientos encontrados, la inseguridad; así es su última novela ‘El cielo a tiros’, un escrito que ahonda en lo que realmente define lo humano, a través de la vida de uno de tantos […]

“El cielo a tiros no es más narcotráfico”: Jorge Franco

Jose Vargas /KienyKe.com

A Jorge Franco no le gusta escribir sobre villanos ni héroes. Prefiere explorar las zonas grises de los personajes, las dudas, los miedos, los sentimientos encontrados, la inseguridad; así es su última novela ‘El cielo a tiros’, un escrito que ahonda en lo que realmente define lo humano, a través de la vida de uno de tantos personajes hijos de narcotraficantes de los años noventa, que llevan a cuestas el legado de las épocas más oscuras de Colombia.

Franco opta por escudriñar en los seres que están entre la espada y la pared, que se encuentran en una encrucijada, movidos por el pasado para definir lo que somos todos. Esa es la historia del protagonista, Larry, que carga con el peso de ser el hijo de una de las fichas más importantes de Pablo Escobar, capo que marca un antes y un después en la historia de Medellín.

Está narrada en tres líneas de tiempo que parecen ser paralelas, pero en su naturaleza son convergentes. Cuentan el momento en el que Larry, después de abandonar el país para escapar de la realidad que lo atormenta, regresa a la capital antioqueña doce años después a reconocer los restos de su progenitor, encontrados en una fosa común.

A partir de ese momento, este relato fragmentado sumerge al lector en la vida de este personaje, dejando entrever ese limbo en el que se encuentra, evidenciando sus miedos, su rabia y sus más fuertes tristezas. Ambientada en medio de la fiesta de la Alborada, que se vive en la ciudad en la madrugada del 1 de diciembre.

“Es una historia caótica. Habla sobre una noche loca llena de pólvora. Cargada con mucha adrenalina. Toca el pasado, el presente, habla sobre el futuro. Habla sobre la muerte y sobre la vida”. Jorge Franco

Sin quererlo, Franco hizo de ‘El cielo a tiros’ la tercera parte de una trilogía en desorden, que marca tres momentos importantes de la historia del país. Sumándose a su gran obra ‘Rosario Tijeras’, que marcó su carrera como escritor, y ‘El mundo de afuera’, que lo llevó a llevarse el premio Alfaguara en el 2014.

“El mundo de afuera sería esa burbuja que se rompió con la historia de un secuestro. Rosario Tijeras es una fiesta loca, de narcotráfico, sexo, drogas y alcohol. El cielo a tiros sería la resaca de esa fiesta, ese guayabo que dejó en los personajes que cargan con ese legado”, contó el escritor a KienyKe.com

Un fantasma que lo inquieta

Jorge Franco venía cocinando la idea desde hace tiempo atrás. Cuando vivía en Medellín, veía a estos personajes hijos de narcotraficantes en los años 90 y “el fantasma de esas historias no lo dejaba dormir”. Le despertaban inquietud porque alcanzaba a percibir una historia latente y dolorosa. Según él, estaban en un limbo, querían ser aceptados por la sociedad, pero tenían un pie en la ilegalidad y estaban manchados por los actos de sus padres.

Ya había empezado su carrera como escritor. Había escrito sobre asesinatos, drogas, secuestros, todo lo que rodea el narcotráfico. Jamás se había preguntado por esas personas que, sin quererlo, pertenecían a ese mundo. Las calles de su ciudad natal le hacían recordar esa historia de la cual nadie quiere hablar porque duele.

Quería saber más sobre la vida de esos jóvenes, meterse en lo más íntimo. Empezó a buscar las voces que permitieran contar dichos relatos, a investigar, a encontrar a los personajes que le permitieran contar lo que pasaba en esos años. Hizo buenas entrevistas, pero no dijo sus nombres. Y así pudo materializar esta gran historia.

Contó que es “consciente de que eran personas que no habían elegido llevar esa vida. Ellos sentían rabia y amor por sus padres. Era una nueva generación que, aunque no le tocó vivir esos momentos tan complicados, se veían involucrados en una tendencia de repetir esos errores y conductas”

Al escribir esta novela quería mostrar ese balance, demostrar ese lado humano de estos personajes que la gente no quiere escuchar. “A pesar de ser hijos de narcotraficantes, Larry era hermano, era amigo. Sentía dudas, sentía miedo. Todo lo que puede sentir un ser humano normal”, mencionó.

Narcotráfico, ¿Otras vez?

Franco comentó que lo más difícil de ‘El cielo a tiros’ no fue el proceso de escritura en sí mismo. Eso ya lo tiene claro: hacer una buena historia, que enganche, los aspectos narrativos, el tono, la narrativa, el manejo de los tiempos, el cómo se la juega como escritor. En eso ya tiene experiencia. Lo que fue difícil para él fue volver a poner sobre la mesa el tema del narcotráfico.

Ha sido fuertemente criticado por recordar esa época dolorosas en sus escritos. “Más de lo mismo”, “otra vez narcotráfico”, “se enriquece con esto”, lee en sus redes sociales cuando promociona el libro o cuando anuncia que escribirá otra novela.

Está convencido de que no es solo un tema memorístico. No es solo recordar personajes innombrables como Pablo Escobar. Nada de eso. Para él, el problema del narcotráfico es una cuestión de la realidad, del presente del país.

“Nosotros no hemos pasado esa página. Dentro de la economía de la ilegalidad sigue siendo un tema muy fuerte. No hay que olvidarlo. No es que yo escriba más de lo mismo, es que hay más de lo mismo. Estoy realmente convencido que nosotros tenemos que contarnos. Colombia tiene que contarse a sí misma. Tiene que contar absolutamente todo: el paramilitarismo, la corrupción, el conflicto. Todo. Pienso que el que quiera hablar sobre un tema que lo agobie o que lo inquiete tiene todo su derecho a hacerlo”.

Escribir sin esperanza y sin desesperar

Todos los días escribe. Prefiere hacerlo en las tardes, se le hacen más amenas. Trabaja en un estudio pequeño, cómodo, ubicado al norte de Bogotá, donde vive hace más de 25 años. Prefiere la calma y los espacios vacíos, sin tanto caos ni tanta gente. Casi no le gusta salir, prefiere quedarse en el estudio cocinando ideas, planeando lo que será su próximo libro, compartir con la familia, los amigos o tomarse un café en un lugar cualquiera hablando de literatura.

Suele escribir mucho sobre Medellín. No se imagina escribiendo con tanta comodidad sobre otro lugar. Cree que es porque siente un vínculo muy fuerte, le recuerda donde conoció la vida, la infancia y cuando forjó los afectos.

“De momento estoy escribiendo alguna historia y el personaje me empieza a hablar ‘de vos’ y empieza a caminar por las calles de Medellín. Yo me siento cómodo describiéndolos. Allí me muevo con fluidez”, expresó.

Tiene más miedo a arriesgarse para no defraudar a sus lectores. ‘Rosario Tijeras’ le dejó mucho, pero dice que en ese entonces era más arriesgado. Más obstinado. No le daba miedo escribir cualquier cosa. Hoy en día es un escritor más sabio, más maduro, más cauteloso con lo que escribe, más disciplinado, más perseverante.

Realiza un trabajo riguroso para cada novela. La lee, la termina y la retoma. Es un proceso lento, tedioso pero, según él, funciona. A cada libro le dedica por lo menos cuatro años. Cuando termina de escribirlos, los imprime y lo comienza a transcribir, palabra por palabra. Dice que ha valido la pena el esfuerzo, que cada día aprende más.

“Hay veces que miro la pantalla y digo que esto no sirve para nada. Después miro y dijo ‘no está tan malo’. Así me la paso, preguntándome, dudando. Pero pienso que son cosas inherentes al oficio. Hay que aventarse y tener el coraje de seguir adelante con la historia”.

Espera que con su última novela, los lectores encuentren mayor madurez y solidez literaria. Le ha apostado a construir mejor los personajes, la descripción de los lugares, el manejo de los tiempos, la estructura; repitiéndose cada día “escribir sin esperanza y sin desesperar”, apostándole a describir otros lugares, otros personajes, probarse como escritor, salir de su zona de confort.

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