La historia de la niña que fue criada por una familia gay

La historia de la niña que fue criada por una familia gay

31 de agosto del 2016

Vladimir Suárez habla sin prisa, como midiendo cada una de sus palabras. Cuenta de forma precisa cada anécdota que tiene con Deborah Villegas, su hija adoptiva. En medio de risas y recuerdos, se refiere a una de las discusiones más picantes que se ha generado en Colombia durante los últimos meses: las familias homoparentales.

Al escucharlo hablar de Deborah, lo primero que se percibe es alegría. No la llama por su nombre, ella es “la niña”. Parece que aunque tiene 24 años, esté casada y lo haya convertido en abuelo, siempre la verá como la bebé de menos de dos años que conoció cuando él era un adolescente y se enamoró de Jorge Villegas, el papá genético de la niña, que en ese momento era padre soltero.

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En diálogo con KienyKe.com, Vladimir relata cómo y sin planearlo se convirtió en papá adoptivo; y cómo su historia es un caso de éxito en el tema de menores que crecen con parejas del mismo sexo.

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“Con la mamá llegaron a un acuerdo: que cuando Deborah naciera, ella se iría. Decía que no la podía tener y quería continuar con su vida”.

Y así fue. La niña nació y de la madre biológica nada se volvió a saber desde 1992. Jorge, dueño de una peluquería en Bogotá, asumió su responsabilidad e hizo todo lo posible para que ni a él ni a su hija no les faltara nada.

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En 1994 la vida les dio un vuelco total. Jorge se encontró en Bogotá con Vladimir, el bumangués con quien sostenía una relación a distancia. Poco tiempo después la pareja de novios y la niña se radicaron en Bucaramanga.

Vladimir se embarcó así en uno de los desafíos más grandes de su vida: ser padre homosexual a sus 19 años. Pero según lo cuenta, no fue difícil. Desde que la conoció, estuvo pendiente de ella. Se convirtió en “Papá dos” como ella cariñosamente le dice.

“Siempre hubo demasiada empatía. Me enamoré de ella desde la que vi. Era una niña demasiado despierta e inteligente”, afirma.

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 Creció viendo a un par de amigos

Para algunos sectores políticos, organizaciones y colombianos que creen con firmeza en la familia tradicional, donde un hombre y una mujer conciben un menor, no es válido que las parejas del mismo sexo adopten.

“La adopción es un mecanismo de de protección de los niños para tener una familia constituida por un hombre y una mujer, tal y como lo dice el artículo 42 de la Constitución Política, unidos por matrimonio o unión marital de hecho. A los niños el Estado les debe devolver lo que perdieron: un padre y una madre”, considera la senadora Viviane Morales, que con el referendo ‘Firme por Papá y Mamá’ busca revocar la decisión de la Corte Constitucional, que en 2015 les otorgó esta posibilidad a los homosexuales.

Incluso, hay quienes afirman que los menores pueden ser víctimas de bullying, crecer con estigmatizaciones, complejos o cambiar su orientación sexual.

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Pero en el caso de Deborah, según lo manifiesta su padre adoptivo y ella misma, no fue así. Nunca hubo matoneo, críticas destructivas o depresión. Hubo amor y dos padres que estuvieron en los momentos más importantes de su vida.

“Ellos siempre fueron muy sinceros y me dijeron, esta es tu familia. Nunca sentí que fuera algo diferente o único. Nunca recibí comentarios en el colegio. Pero había fechas como el día de la madre, entonces me ponía a pensar, ¿a quién le doy el regalo?. Y por ejemplo, si había que hacer un detalle y una carta, a uno le daba el regalo y a otro la carta”, dijo a este medio.

Vladimir coincide con su hija. Cree que el afecto y la sinceridad siempre estuvieron presentes en casa y por eso ella comprendió la situación desde que estaba muy pequeña.

Para la consentida del hogar siempre había atención y cariño, nada de gritos, golpes o abusos.

“Ella nunca preguntaba por su mamá. Nunca se sintió mal por eso, no era una niña que estuviera deprimida, que tuvieramos que pagarle un psicólogo. No llegamos a decirle: es que tu papá y yo somos pareja, porque lo vio normal. Dormía con nosotros, se bañaba con nosotros, y a donde fuéramos siempre iba con nosotros. Creció viendo a un par de amigos”, sostiene.

No le da pena contar cómo vio crecer a Deborah. Dice que le enseñó a cambiarse y a limpiar sus partes íntimas. Además, le cocinó, trasnochó por ella y le organizó las fiestas de cumpleaños en los colegios, algunos religiosos, en los que estudió. Ni la pareja ni la niña fueron rechazados.

“No tuvimos que enfrentar con los niños ese tipo de temas. Nunca se preocupaban por preguntar esas cosas”.

La falta de figura materna tampoco fue un impedimento para que Deborah fuera feliz. Su abuela siempre estuvo pendiente, pero según explica Vladimir, nunca la vio como a una mamá. Era “la abue”. Con las clientas de siempre de su papá Jorge, pasaba algo similar. Con el tiempo, pasaron a ser las “tías” que se iban a cortar el cabello y arreglar las uñas.

“Vivía rodeada del cariño de nuestros amigos. La veían como a una sobrina más”, resalta el papá.

Deborah Villegas, la mujer que fue al Congreso

Como tener dos papás nunca fue vergonzoso o inquietante, Deborah Villegas nunca tocó el tema en su casa. Solo hasta hace pocos días en el Congreso conocieron un poco de su vida. Allí llegó con la frente en alto, según indica, para aclarar y desmentir los supuestos sobre la familia homoparental.

“Vi lo de la adopción gay. Luego leí el proyecto de Viviane Morales y cuando me encuentro con cosas como que los hijos de las parejas homosexuales son distraídos en el colegio, que son personas que no rinden académicamente. Y yo pensaba, ¿cómo así?, si a mí me iba súper bien”.

Su papá Vladimir, asombrado, le relata a Kienyke.com que gracias a su buena experiencia, Deborah tomó partido en la discusión y quiso ir al legislativo por cuenta propia.

Aunque cuando ella tenía 11 años la pareja se separó, el contacto con los dos es diario. Siguen siendo la familia que la vio crecer y nunca dejó que se plantaran vacíos en su vida.

“¿Por qué negarle la oportunidad a una pareja, sea de hombres o sea de mujeres, que tienen todos los recursos, no solamente económicos sino morales y sentimentales, que tienen todo el sentimiento y todo el corazón para tener un bebé?”, cuestiona su padre.

Ella, por su parte, vive orgullosa y feliz. Se independizó a los 19 años, se casó y tiene una hija de casi cuatro años. No le interesa saber nada de su mamá biológica y sostiene que lo que se haga de puertas para adentro con la pareja, no puede definir la calidad a la hora de ser padre o madre.

alt Deborah Villegas

“La sexualidad jamás te va a definir como buen o mal padre. Eso no te impide guiar bien a otra persona. Si dicen que los padres heterosexuales son tan buenos, ¿entonces por qué la sociedad está como está? No digo que mi familia sea perfecta, o que por ser homosexuales sean mejores. No somos como cualquier familia”, dice Deborah Villegas, quien finaliza aclarando que “lo que ellos hicieron a puerta cerrada no ha influido en mí”.