El camino del ‘Bronx’ al ‘Hard Rock’ en un vehículo llamado música

El camino del ‘Bronx’ al ‘Hard Rock’ en un vehículo llamado música

11 de diciembre del 2016

Por Jessica Bermúdez Córdoba

Al fondo de uno de los bares más importantes de la ciudad se escuchan los acordes que ensayan los catorce músicos. Ellos, un tanto nerviosos, no pueden disimular la emoción y la pasión con la que se encuentran preparando sus instrumentos en el escenario.

Seis meses después de la intervención del Distrito en el ‘Bronx’, estos catorce jóvenes que fueron rescatados y rehabilitados expusieron su talento musical  en un evento llamado ‘Give me five’, en el Hard Rock Café Bogotá.

Esta es una iniciativa de la Fundación ANNA,  Idipron (Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y de la Juventud) y este emblemático bar que rinde culto al rock, con la que se  busca resaltar la tolerancia y la solidaridad en la sociedad y que tiene como objetivo que cada una de estas personas, sin importar su pasado, encuentre una nueva oportunidad.

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Freddy Cardozo fue uno de los pioneros del proyecto, al cual se unió mientras estaba en una casa de rehabilitación habilitada por el Distrito, luego de salir de la calle donde operaba la olla más grande del país.

Durante toda su vida, Freddy ha disfrutado de la música y admite que aun cuando habitaba en la calle, sus amigos reconocían su talento y le pedían que cantara para amenizar las frías noches, haciendo un poco más llevadero ese ambiente tan hostil.

Amante del rock, este hombre saca lo mejor de su talento en cada escenario. Participar en estos eventos le ha ayudado a reintegrarse a la sociedad. Él hace parte del equipo de cocina del Hard Rock Café, donde trabaja desde hace varios meses y sueña con salir adelante.

Atrás quedaron las calles oscuras y las drogas, pues hoy estos jóvenes pasan sus días entre acordes, guitarras y micrófonos.

Valentina Bartony, de 26 años, es otra de las beneficiadas con el programa. Ella asegura que se unió para tener mejores oportunidades de trabajo.

“Cuando ingresé estaba en una situación muy crítica, perdida en el consumo y en la calle. Ejercía la prostitución”, señala la mujer, quien asegura que le gusta la música desde hace diez años cuando inició la transición de hombre a mujer.

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“Me encanta tocar el piano y el violín desde que inicie mi proceso para ser una transgénero”, dice Valentina, quien acaba de bajar del escenario con una sonrisa inmensa.

Esta música empírica llegó al ‘Bronx ‘con el objetivo de comprar un poco de marihuana y, según relata, “empezaron las malas amistades, el barrio Santa Fe, la vida fácil, la prostitución, las drogas y cuando menos me di cuenta había perdido todo lo construido”.

La mujer de cabello rojo y ojos color miel asegura que no ha sentido rechazo por parte de la sociedad y que con el arte, que “es todo lo que sale del más profundo del corazón”, quiere visualizarse en otras cosas. “En enero del otro año pienso estudiar enfermería”, cuenta emocionada.

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