Se levanta El Congal, el pueblo que la guerra se tragó en llamas

7 de julio del 2017

Desplazados retornan a la tierra que hace 14 años abandonaron.

Se levanta El Congal, el pueblo que la guerra se tragó en llamas

El municipio de Samaná y sus veredas fueron, según la historia reciente y oscura del país, una de los territorios más golpeados por el conflicto armado y la violencia del departamento de Caldas.

El territorio, ubicado en lo más alto de montañas cafeteras, fue apetecido tanto por paramilitares como por guerrilla.

“La población civil quedó en medio”, es la frase que repiten los desplazados que hoy están retornando a Samaná, cuando recuerdan los años que vivieron salvando sus vidas y la de los suyos en medio de las balas de fusil que volaban por encima de los frágiles techos de sus viviendas.

A mediados de los años 90 la guerra se intensificó. Los bandos querían el territorio para llenarlo de coca. En medio de las siembras, a orillas de las carreteras o en la plaza central aparecían cadáveres de quienes se negaban a cooperar o de quienes, a criterio de los hombres armados, eran amigos de sus enemigos.

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

El centro de la vereda El Congal, donde había billares, tiendas, carnicerías y donde se estableció el comercio de la zona y de veredas vecinas, fue quemado en su totalidad por paramilitares al mando de Ovidio Isaza, alias ‘Roque’; ese día, un 19 de enero de 2002, los pocos campesinos que resistían la salida de El Congal, porque no tenían para dónde coger, no pudieron sacar sus pertenencias, y antes de que las llamas arrasaran con todo, como ocurrió, la vereda quedó desocupada. Más de 50 familias

El frente 47 de las Farc, en cabeza de Elda Neyis Mosquera, la tan conocida alias ‘Karina’, y el bloque de alias ‘Roque’ siguieron en guerra por años y en el transcurso del conflicto llenaron a Samaná de minas antipersonas, varios miembros del Ejército Nacional, que también luchaban en los mismos terrenos, cayeron en esas trampas mortales y algunos campesinos que pretendieron retornar sin éxito, también fueron víctimas de las bombas artesanales.

El éxodo de los habitantes de El Congal duró más de 13 años. La mayoría de los campesinos, según lo cuentan hoy, vivieron días amargos, días que quieren olvidar. Muchos de ellos se fueron para Medellín; otros cogieron para Manizales, Florencia, Dorada; la mayoría haciendo trabajos que desconocían, que no tenía que ver con el manejo del machete y azadón.

Los campesinos de El Congal vivieron por años en medio de balas de los paras y guerrilla…

Hernán López fue uno de los primeros en volver a El Congal. Su retorno empezó con la ayuda del párroco de Florencia, Humberto Cortés, y de jóvenes del colectivo paisa La Legión del Afecto, quienes impulsaron el regreso a la vereda, que empezó en 2013.

“Cuando llegamos no había más que maleza. El monte se había comido las tierras que dejamos 14 años atrás”, cuenta López, quien hoy vive en lo que antes era la escuela de la vereda, mientras levanta una casa en lo que era su tierra, que está en proceso de ser restituida, con la ayuda de la Unidad de Restitución de Tierras; a la fecha, un juez de restitución de Pereira ha legalizado y entregado la propiedad a 17 familias de El Congal. A la espera de un fallo similar, que les restituya sus tierras se encuentran otras 37 familias.

El retorno a la vereda no fue ni ha sido fácil. Los rastros de la guerra aún tienen heridas en los campesinos que tuvieron que abandonar lo que habían construido para regresar a la nada, para comenzar de cero. Otro problema que se encontraron los desplazados al retornar a sus tierras fueron las minas antipersonas que en medio del conflicto los distintos grupos armados ilegales instalaron en el municipio para atacar a sus enemigos, entre ellos, el Ejército Nacional.

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

Foto: Laura Salomón/KienyKe.com

Según las cifras del batallón de desminado humanitario No 3, en cabeza del Teniente Coronel Luis Fernando Leyva, que tiene la labora de limpiar el territorio de las trampas mortales, en Samaná, desde 1990, las minas han dejado un saldo de 175 víctimas (126 miembros de la fuerza pública y 49 civiles).

Las labores de desminado en El Congal empezaron con el retorno de los campesinos desplazados. Hoy en día este territorio está libre de minas, así lo asegura el coronel Leyva, quien también indicó que en unos cuantos meses todo el municipio estará libre de estos artefactos explosivos.

Mientras el desminado avanza, y los territorios se entregan seguros, los campesinos, apoyados por gobiernos locales y departamentales y también por entidades como la Unidad de Restitución de Tierras, trabajan a jornal completo, en fincas propias y ajenas, para poco a poco devolverle a El Congal, el color y la vida que alguna vez tuvo.

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