Después de un accidente Daniel Sánchez perdió el don de recordar

Después de un accidente Daniel Sánchez perdió el don de recordar

4 de Diciembre del 2013

En dos semanas Daniel Sánchez no recordará esta entrevista. Desaparecerán de su memoria las preguntas y olvidará el martini que tomó mientras hablábamos. Su memoria es incapaz de guardar lo ocurrido días atrás. Solo tiene memoria a corto plazo y así aprendió a vivir desde los doce años.

Las consecuencias de un accidente de tránsito le impiden almacenar en su memoria las experiencias que deja el día a día. Pero Daniel logró terminar la carrera de diseño gráfico estudiando diez veces más que cualquier alumno promedio y grabando cada una de clases. Disfruta enamorarse porque cada vez que sale con una novia a un lugar es como la primera vez. Dice que tiene una ventaja frente a todas las personas pues no sufre con el pasado y lo único que le agradece al accidente es no tener prejuicios.

A sus 25 años cuenta que tiene varias estrategias para guardar recuerdos. En su estudio cuelga un tablero con notas y en su habitación hay hojas de papel autoadhesivo pegadas por todas partes. Así sabe si debe hacer algo para la universidad o cumplir con un compromiso.

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También programa alarmas en su celular y hace una ficha de recuerdos diarios por recomendación de una terapista ocupacional. Allí debe mencionar las personas, actividades, lugares y objetos con que tuvo contacto durante el día. Además, debe escribir a manera de historia lo vivido y finalmente mencionar las actividades prioritarias del día siguiente. Otra de sus técnicas es hacer aromaterapia. Por ejemplo, usa el aceite de limón y menta para mejorar su concentración.

Pero la memoria de Daniel atesora aquellas cosas recurrentes como el camino a su casa o aquellas que le han causado impacto como cuando montó en globo e hizo parapente. Con ayuda de una conexión lógica o un estímulo puede traer a su memoria un recuerdo.

Daniel vive el amor de manera diferente.  Explica que cuando quiere a una persona el sentimiento se mantiene pero las experiencias se olvidan. Y cuenta que no tener memoria a corto plazo trae cosas buenas y malas en sus relaciones. Por ejemplo, quisiera recordar algunos detalles con sus novias como cuándo visitaron un lugar por segunda vez o una noche romántica. Otras mujeres también se aprovechan de la confianza que les da y él termina aburrido. De lo bueno dice que nunca está prevenido por cosas del pasado y “es chévere para las novias porque todas las veces que las veo es diferente”.

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Según su médico tratante, Andrés Díaz Campos, neurólogo neurofisiólogo químico, Daniel tiene una cicatriz en una zona encargada de almacenar los hechos recientes, llamada hipocampo. Explica que el golpe comprometió la zona de la memoria. Sin embargo, logró adaptarse y mejorar otras funciones como la atención y el raciocinio que al final le han permitido ser funcional, superar la dificultad y ser independiente.

Para Daniel lo más difícil han sido los retos académicos. Aunque él y su familia estaban advertidos por los médicos del problema de memoria, no fue fácil volver al colegio después del accidente. En la universidad usó varios aparatos eléctricos para grabar las clases y repasar todo lo aprendido.

Finalmente encontró un esfero inteligente llamado Live Scribe, una herramienta conformada por un papel y lápiz digital que memoriza de manera sincronizada todo aquello que se escribe y dice.

“Los médicos decían que tenía 80 por ciento de probabilidades de morir”

Daniel sabe del accidente que le cambió la vida gracias al testimonio de su familia. Pero logra recordarlo porque en su memoria hay una especie de película con lo ocurrido aquel 19 marzo de 2000. Como era costumbre fue a practicar golf al Club Hatogrande, junto a su papá y hermano, quien iba en compañía de su novia.

Pero en la mitad del juego, Daniel, su hermano y la novia decidieron devolverse para Bogotá. La camioneta de estacas, conducida por su hermano, solo tenía un asiento largo en la parte delantera y dos cinturones de seguridad.

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“Salimos del Club y la novia de mi hermano y yo estábamos molestando con el radio. A mi hermano no le gustó y bajó la cabeza un segundo. Cuando la subió había una curva. Iba muy rápido, se comió el separador y el carro comenzó a dar vueltas”, comenta.

La camioneta dio tres vueltas de frente. En la primera la novia de su hermano lo abrazó para protegerlo. Pero tuvo que soltarlo en la segunda vuelta cuando por la fuerza del giro, Daniel salió volando por el vidrio panorámico. Cayó a 60 metros del carro.

Tenía la cara tan hinchada que era difícil reconocerlo y estaba en medio de un charco de sangre. Según le cuenta su papá, quien fue a auxiliarlo, abría y cerraba la boca con frecuencia porque estaba atorado con un chicle.

Fue llevado al Hospital de Chía. Allí, los médicos dijeron: “Para qué lo vemos si está muerto”. Daniel sufrió un paro respiratorio y fue reanimado solo por insistencia de su papá. Luego ahí pasó a cuidados intensivos del Hospital Simón Bolívar. Se le perforó el cráneo para bajar la presión del cerebro y estuvo en coma inducido por 15 días. En este hospital estuvo durante de tres meses y los especialistas creían que iba a quedar en estado vegetal o con problemas cognitivos.

En sus brazos tiene varias cicatrices porque su piel fue abierta para que le llegara sangre a las manos y evitar una amputación.

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Finalmente despertó en la Clínica Reina Sofía y terminó su recuperación. Le fue tratada una herida abierta en un pie donde tenía estafilococo dorado, una bacteria que puede llegar a ser mortal. En consecuencia, perdió el cartílago del tobillo y le fueron anclados dos tornillos. No tiene movilidad en el pie.

Cuando a Daniel se le pregunta qué quisiera recordar, responde sin rodeos que todo lo que estudió en la universidad y un viaje a Costa Rica que hizo para meditar. Antes le daba miedo salir a la calle porque significaba conocer todo por primera vez, ahora le preocupa su futuro laboral.