El misterio de las predicciones

26 de febrero del 2018

El deseo de predecir, comprender y explorar el futuro es una capacidad innata del ser humano, pues somos la única especie en la Tierra que demuestra un vivo interés por el porvenir, cualidad que nos permite preguntar el cómo, el por qué y el para qué de las cosas, visualizando, creando, comparando y actualizando imágenes […]

El misterio de las predicciones

El deseo de predecir, comprender y explorar el futuro es una capacidad innata del ser humano, pues somos la única especie en la Tierra que demuestra un vivo interés por el porvenir, cualidad que nos permite preguntar el cómo, el por qué y el para qué de las cosas, visualizando, creando, comparando y actualizando imágenes de los futuros posibles, gracias al desarrollo del neocórtex. Esta fórmula evolutiva, nos ha permitido sobrevivir y avanzar como especie.

La mayoría de las culturas milenarias albergaban la creencia, desde la cosmología del universo, que todas las formas de tiempo eran cíclicas según el comportamiento rítmico de la naturaleza, ya que, el círculo es una figura geométrica sagrada de la totalidad representada en la existencia humana y los acontecimientos mundanos.

En la antigüedad, prever el futuro se basaba en la exploración del cielo, en la interpretación de sueños, en los mensajes simbólicos del oráculo de Delfos, la adivinación, el tarot y la profetización, que utilizaban grandes filósofos como Aristóteles, Platón y Pitágoras, también destacados reyes y gobernantes como Tutankamón, Ciro, César, Sir Winston Churchill, Adolf Hitler, Richard Nixon y muchos presidentes actuales, figuras de poder, artistas y estudiosos del tema, quienes confiaron en psíquicos y videntes poseedores de maravillosos dones, como los del médico y astrónomo Michel de Nostradamus, para tomar decisiones militares, políticas y personales.

Sin embargo, en contraste con esta idea de los ciclos griegos y orientales, la tradición judía, cristiana e islámica, adoptó la noción de que la creación tenía una visión lineal: un comienzo fijo y por ende un final, advirtiendo que el futuro se desenvolvía poco a poco hasta llegar a la inevitabilidad de la muerte y el juicio final. Este concepto generó mucho temor, debido a que estaba basado en el premio y el castigo de las acciones, razón por la cual, se optó por transitar en un camino de consuelo, único y recto, para recuperar el paraíso perdido.

Desde el siglo XX hasta la actualidad, el conocimiento del tiempo lineal ha sido sustituido por los avanzados y novedosos descubrimientos científicos y matemáticos de la física cuántica, la teoría del caos, la teoría de la complejidad y la dimensionalidad fractal. La revolución de las computadoras y la era de la información, aceleraron la tendencia de crear tecnología cada vez más sofisticada con algoritmos precisos, con el fin de procesar e interpretar esta abundante información, generando patrones predictivos más acertados, como se ve hoy en día en Silicon Valley y en Wall Street donde existen análisis fundamentales y técnicos, para “predecir” el comportamiento de los mercados sin generar asimetrías de datos, basados en modelos estocásticos (hábil en conjeturas). Esa es la tarea diaria de los analistas en estas áreas.

La predicción es un puente que descansa en dos grandes pilares: un extremo se apoya en ecuaciones matemáticas sencillas (exactitud) y el otro sobre las propiedades de la aleatoriedad (azar). De ahí que los computadores por medio de programas y comandos paso a paso, pueden arrojar valores sobre el futuro de manera indefinida y llegar a conclusiones funcionales y concretas, más no creativas. Mientras que el cerebro humano al cambiar de velocidad, crea atajos geniales e inspirativos, que permiten profundizar en un problema de forma holística, llegando a soluciones con más perspicacia desde la intuición y el libre albedrío; característica que no puede lograr ni la máquina más potente del mundo.

El hombre siempre ha tenido una triada existencial por resolver: ¿de dónde vengo?, ¿dónde estoy? Y ¿hacia dónde voy? Por esta razón, hace 8 años desarrollé un software llamado Trascendez/Q (Trascendencia Quántica) en compañía de un grupo interdisciplinario de ingenieros, físicos cuánticos, médicos bioenergéticos, psicólogos, meditadores y consejeros espirituales de altas frecuencias armónicas, para crear una interfase que potencialice la intuición y permita acceder desde la energía mental y cuerpo cuántico, a universos multidimensionales y observar el futuro, alcanzado un estado SuperConsciente, que abre los canales mentales hacia universos paralelos. En este espacio/tiempo, se puede comunicar con el “yo” cuántico, al igual que interactuar en el presente/futuro con los otros “yo” de las personas y realidades del mundo, es decir, los futuros potenciales.

Soy consciente de que ningún software o individuo es dueño absoluto de la verdad. Siempre habrá aspectos del futuro que resultarán impredecibles, pues estos son los misteriosos y amorosos planes de un Poder Superior. Nosotros por medio de la tecnología e inspiraciones conectadas a una parte espiritual, podemos tener retazos de información igualmente importante para seguir construyendo la realidad presente.

Finalmente, quiero sugerirles que si desean experimentar la búsqueda de caminos de reencuentro y crecimiento personal, deben disponer de un espacio de silencio y concentrarse en escuchar desde el equilibrio entre la razón, el corazón y la intuición, la beneficiosa voz proveniente del Maestro Interno de cada uno, con el propósito de conocer serenamente qué decisión tomar, qué cambios hacer y qué caminos escoger en la vida.

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