Diálogos Terapéuticos: sobre la culpa y la paz interior

11 de marzo del 2019

Por Armando Martí.

Diálogos Terapéuticos: sobre la culpa y la paz interior

Foto: Cortesía Armando Martí.

Ante todo quiero agradecer a mis lectores la amable y cálida acogida a estos “Diálogos Terapéuticos”, reflejados en cientos de mensajes que recibimos en nuestro correo electrónico; en donde ustedes expresan la positiva forma en que estos conceptos e ideas ensambladas en el artículo anterior les ayudan a abrir sus mentes, proyectando nuevas percepciones de la realidad para mejorar su relación consigo mismos y con los demás.

Estamos seguros que el ejercicio de debatir estos pensamientos, les puede servir para asumirse como personas auténticas que deciden lo que quieren llegar a ser. Gracias por este reconocimiento que recibimos desde la orilla de la humildad y nuestro deseo de servicio hacia ustedes.

Nuevamente el experto en adicciones y gestor emocional Fernando Cadavid y yo, desarrollaremos en esta segunda parte algunos temas como la culpa, las enfermedades del alma, las adicciones y su relación con las familias disfuncionales que guardan “secretos”, causando la toxicidad emocional entre sus miembros, las relaciones interpersonales y de pareja.

Foto: Cortesía Armando Martí.
El experto en adicciones y gestor emocional Fernando Cadavid junto al Coach Emocional Armando Martí, durante unos diálogos terapéuticos.

Armando Martí: Fernando, está claro que la culpa sirve de alguna manera, pues ¿qué sería del ser humano sin la culpa? Podría convertirse en un asesino como Alfredo Garavito, Rafael Uribe Noguera, Ted Bundy o Charles Manson, quienes suelen desconectarse de los sentimientos en algunos casos debido al irreversible daño neurológico o psiquiátrico que sufren.

Es importante recordar que la culpa sirve para controlar, limitar el caos y se emplea en la humanidad con el fin de establecer el orden. Este es un punto filosófico moral existencial, pero ¿para qué no sirve la culpa?

Fernando Cadavid: La culpa como justificación de actos desatinados y equívocos que se hayan cometido, no sirve para nada.

La culpa cumple una función, siempre y cuando se esté dispuesto a aprender de ella, en otras palabras, adquiero un compromiso con el fin de entender ¿qué fue lo que pasó? ¿Cuál es mi responsabilidad frente a ese hecho que ocurrió? Y ¿Cómo estaría yo dispuesto a hacer una tarea distinta en relación con ella?

A.M.: Es decir, ¿La culpa también nos impulsa a cambiar o por el contrario, nos frustra en la consecución para ser felices?

F.C.: Yo me inclino más por el hecho de que la culpa ayuda a promover el cambio, es sanadora y enseña. Pero lo que no sirve, es darle el manejo expresivo a la culpa desde el escenario de una interrogación, en el cual siento culpa más por obligación que por la necesidad misma de enmendar una situación, pues no puedo reparar el daño causado a menos de que tenga conciencia de mis actos.

A.M.: Inclusive hay gente que puede convertir la culpa en un vicio, volviéndose masoquista. Es decir, entre más culpa siento, aumenta el deseo de castigo, generando una especie de Auto-Síndrome de Estocolmo, pues convierto mi propia culpa en un infalible verdugo que habita en mí.

F.C: Había un miembro del Grupo de 12 pasos que se sentía tan culpable, que solo compartía acerca de la culpa hasta el punto que le pusieron de sobrenombre “Culpablio”. Siempre tenía la culpa por algo: de los terremotos en el Japón, el tsunami en Tailandia, la caída de las Torres Gemelas en Nueva York y se victimizaba constantemente.

A.M.: También hay una canción del Puma (José Luis Rodríguez) titulada “Culpable soy yo” y fue todo un éxito en los años 90, una época marcada por el romanticismo y el impuso por engendrar muchos hijos para realizar el sueño de formar una familia.

En aquel entonces, todo se sacrificaba en pos del amor y estar solo y sin pareja. era uno de los estados que más temían las personas: Por un lado se sentían culpables si no tenían varios hijos, y por el otro se victimizaban al haber invertido casi todo su tiempo en ellos. Fernando, ¿cuál es la diferencia entre la culpa y el arrepentimiento?

Foto: Cortesía Armando Martí.

F.C.: Desde el punto de vista judeocristiano, para mí no es vigente arrepentirse solo por el simple hecho de que lo manda un canon, una ley o una condición específica dentro de un sistema confesional religioso.

El arrepentimiento funciona en la medida en que me responsabilizo genuinamente de que todo acto genera una consecuencia, cuyo ingrediente se llama culpa y el mejor antídoto es un proceso conocido como el perdón más que el arrepentimiento, pero un perdón honesto, no un perdón para mostrarle a los demás y dejarlos satisfechos.

A.M.: Esa es la consecuencia de las religiones occidentales, en contraste con algunas corrientes religiosas y filosóficas como el Budismo, en donde no existe ni la ansiedad desmedida ni el vergonzoso autocastigo. Por el contrario prevalece la reflexión, la conciencia y la iluminación, que a través del ensayo/error logra una mejor versión de sí mismos, sin basar su transformación personal en la condición de premiarte si eres “bueno” o castigarte si eres “malo”.

Entonces la persona libremente, toma conciencia de su limitación, hábito nocivo o lo que quiera mejorar en su vida, con el fin de encaminarse en el proceso de “estar despierto” y encontrar inicialmente su sombra y en consecuencia también su luz, es decir, de la sombra a la luz y de la luz a la sombra. Teniendo en cuenta de que somos cíclicos, y esta condición no va a cambiar mientras estemos vivos en este cuerpo.

Fernando, he tenido la oportunidad de conocer en mi vida algunos auténticos maestros espirituales del Tíbet, la China, el Japón, la India, México y diferentes países de Sur América, que se han preparado en sus respectivos procesos transformativos durante décadas para conocerse a sí mismos.

Contrario a los que hoy promulgan ciertas personas, que se vuelven maestros porque han leído muchos libros místicos, esotéricos y de autoayuda, así como también invertido sus ahorros en viajar a lugares sagrados o hicieron un curso de fin de semana en donde al final el gurú los tocó y quedaron iluminados, lo cual no es justificado, pues su imaginación e ignorancia les hacen creer que esto es real.

Por ejemplo, los verdaderos maestros espirituales me han dicho: “Armando, yo he sido iluminado más de 6 o 7 veces en la vida”. De modo que no hay una sola iluminación, ya que, como seres humanos somos limitados e intermitentes, y todo en la existencia incluyendo la iluminación, es temporal.

Por eso nadie auténtico necesita de grados y honores que lo alaben o adoren. Ningún ser humano es perfecto, puede mejorar y superarse, pero el solo hecho de creerse y hacer creer a los demás que es “especial”, no proviene de su esencia espiritual sino de su triste ego enfermo.

F.C.: El proceso de gestionar la culpa y encontrar una liberadora iluminación, depende de que haya una intención genuina de cambio.

Según el Budismo, me estoy moviendo siempre hacia el lado del autoconocimiento haciendo un ejercicio de búsqueda de la iluminación y aquella parte oscura que siempre está acompañándome, se encausa en el proceso de reconocer la culpa y lograr mi liberación. La culpa sirve para eso: ayudarme a asumir la responsabilidad de las consecuencias de los actos en mi vida.

La enfermedad del alma

Foto: Cortesía Armando Martí.

A.M.: La enfermedad es una parte integral de la vida, es la alteración o desbalance del estado fisiológico, emocional y mental, pero en su significado más profundo, “infirmitas” se interpreta como falta de firmeza, así como también débil de voluntad y esto proviene de no conocer el temperamento natural con el que nacimos.

¿Es la culpa un signo o síntoma de la ira, la soberbia y la vergüenza, entre otras emociones, que se manifiestan como la enfermedad del alma?

F.C.: Considero que la enfermedad del alma tiene que ver con los sentimientos básicos, ligados al sufrimiento y al vacío existencial, como lo son una pésima relación con la tristeza, la rabia, el dolor, el miedo, el ego insano y la soberbia.

Al ser incapaces de confrontar todas estas situaciones, como resultado se obtiene una calidad de vida muy deficiente y disfuncional, pues no hemos aprendido que estas emociones vienen con cada uno de nosotros desde el momento de la gestación.

Es decir, desde el origen mismo como seres humanos sometidos a una pésima programación “consciente” implantada por los mandatos de la familia y la sociedad como: “No llore porque usted es un hombre”, “no le puede doler porque los hombre no demuestran dolor”, “se lo comerán vivo ante cualquier acto de debilidad o fragilidad”.

Algunas de estas desacertadas guías, son las que no permiten la expresión regular y libre de los sentimientos, y me parece que en ese aspecto, es necesario hacer mucho trabajo, porque la “emo-toxicidad” es nociva e intoxica el alma, impidiendo la conexión espiritual que nos llevaría a la sanidad, debido a que una persona feliz siente y expresa el amor, la alegría y el sosiego mental.

Una vez alguien dijo: “Ningún marinero aprendió a navegar en un mar en calma”. Gracias a la experiencia de esas turbulencias se adquiere a posteriori la capacidad de amar y disfrutar de la vida.

A.M.: Efectivamente, la salud es uno de los mayores tesoros que podemos disfrutar y la paz es un merecimiento que se obtiene por medio de un proceso personal.

Esto se comienza por darle prioridad a la autoestima y al conocimiento de uno mismo, logrando resignificar la programación de la familia que muchas veces es disfuncional, pues a través de sus hijos han tratado de seguir evadiendo y sosteniendo una enfermedad que en últimas, es la verdadera causante de los padecimientos emocionales de los miembros de la familia, quienes son utilizados inconscientemente para ocultar los secretos y los problemas no resueltos en los núcleos intergeneracionales.

Esta situación y otras más, las observo cotidianamente en mi consulta terapéutica como Coach de Emociones, cuando los familiares señalan al adicto, a la neurótica, al rebelde, a la depresiva y al bipolar como las “ovejas negras” de la familia, y no se dan cuenta que los desequilibrios físicos y emocionales de sus hijos, son el resultado de los conflictos de los propios padres y que de alguna manera, consciente o inconscientemente pretenden ocultar.

Por ejemplo, las exageradas expectativas programadas que los progenitores proyectan en sus hijos, para hacer lo que ellos quieren que “sean”; y cuando van creciendo y madurando confrontando al núcleo familiar a través de su propia enfermedad o adicción, se convierten en la fuente reveladora de las disfunciones para redimir de forma indirecta, aquellos secretos que se ocultaban en la enfermedad familiar.

De ahí, que por lo general, yo procuro comprometer en la rehabilitación del adicto a la familia, para que la misma familia al desnudar el alma, sea consciente del origen de lo que pasa.

Pero fíjate es curioso, en la mitad del proceso, estas verdades pueden incomodarlos y cambian de chivo expiatorio: del adicto pasan al terapeuta. Al explorar estas incómodas verdades, me ha pasado que algunas veces quieren abandonar el tratamiento con tal de no ver su realidad y continuar en un estado de negación, en donde siempre habrá un culpable que no sean ellos mismos.

Foto: Cortesía Armando Martí.
El reconocido consejero en adicciones Fernando Cadavid, durante los diálogos terapéuticos entorno a los temas que aquietan al ser humano.

F.C.: Esta es una de las bases de los adictos y codependientes, pues sus familias generaron un gran vació existencial, un conflicto muy grande y una dificultad para verse a sí mismos, por haber distorsionado desde pequeño su realidad.

La semana pasada estaba almorzando en un sitio y tuve una conversación vía WhatsApp, con una persona a la cual le estoy haciendo un acompañamiento en su proceso de adicción. Ella no ha logrado parar el consumo y al final todo se tornó en una discusión a través del chat (cosa que yo no hago), pero esta vez lo hice por alguna razón y dicha discusión ya estaba encaminada hacia que yo fuera el culpable de una serie de circunstancias que esta persona no quiere afrontar, puesto que ella misma no se ve dada su incapacidad para confrontarse.

Entonces tiene la necesidad urgente de buscar un culpable y encontró, que su consejero y terapeuta puede ser un culpable ideal, y yo no entro en esos juegos. Por eso le respondí: “Tú verás que haces con tu problema, finalmente la enfermedad de tu alma, es asunto tuyo. Tú decides si lo resuelves o no: si no lo resuelves ya sabes que puede pasar y si lo resuelves también lo sabes”.

Los adictos y codependientes en general, tenemos un gran compromiso con esta tarea. Yo tengo la necesidad como adicto que soy, de estar constantemente haciendo el ejercicio de sanarme desde el dolor, la tristeza, la rabia y el miedo. Con el tiempo descubrí que esta tarea de mantenerme sobrio, se volvió placentera porque enriquece y le da sentido a mi existencia.

Ya no estoy corriendo detrás de una botella de licor para ver cómo me escabullo de un sentimiento que tengo y del cual no pienso huir ni muerto, pues incluso si muero quedaría un legado de esa situación en mi familia y en la sociedad.

A.M.: Definitivamente Fernando, esta labor de terapeuta es muy valiosa y también desgastadora. Ahora entiendo tu decisión de mudarte a la bella y tranquila Barichara (Santander), preservando los años de te quedan enmarcados en la tranquilidad, la paz y la salud de ese entorno.

F.C.: Si Armando, primero estoy yo y mi rehabilitación que cualquier otra cosa. Además es un buen lugar para realizar una tarea de recogimiento distinta. Por ejemplo en mi caso, llevo varios años viviendo en Bogotá, haciendo una tarea que ha sido muy valiosa tanto en lo personal como en lo profesional.

Medellín no me ofrece ninguna alternativa en eso, porque yo estoy hace tiempo muy desarraigado. Yo no me siento paisa. Hay medios, situaciones y circunstancias del entorno paisa, que no me llaman la atención en ningún sentido.

En cambio, irme a algún lugar donde yo pueda hacer lo que realmente he sido en esencia, que es lo que mencionabas hace un rato acerca de la necesidad de conocerse, en esa tarea y en ese compromiso estoy a través de la pintura pues yo pinto todos los días, frente a la literatura porque también leo todos los días y frente a la escritura, ya que, tú me motivaste a escribir y de verdad lo estoy gozando.

A.M.: Escribir es un acto liberador, pues los pensamientos que están en tu cabeza, salen de ella hacia la mano y luego los plasmas en el papel o los trascribes a un archivo en el computador, y de esa forma se hacen realidad, creando otra realidad al ser interpretado por los lectores.

F.C.: Escribir es un acto gentil y placentero. Ahora que estoy en Barichara hago muchos ejercicios terapéuticos con las personas que me consultan y conocen mi trabajo. A veces forzosamente me toca venir a Bogotá y esto me estresa, pero me compenso con amigos como tú, con quien puedo charlar y tomarnos un café, y hablar no solo de los temas terapéuticos sino también ahora de la literatura. Por ejemplo, me encantó tu libro “Viajero Interior”.

Foto: Cortesía Armando Martí.

A.M.: ¿Sí? Honor que me haces mi querido Fernando, ¿cuál es tu opinión entorno a mi libro?

F.C.: Fíjate que hay una situación: primero, lo que me gusta del libro es que no me obliga a leerlo de principio a fin, es un libro cuya propuesta es fundamentalmente de invitar a la reflexión.

Cuando hablas de un camino simple hacia la serenidad personal, se hace evidentemente práctico porque es el fruto de toda la observación de la experiencia tuya a lo largo de la vida; segundo, hacía rato no tenía un libro de cabecera en mi mesita de noche y tu libro está en mi mesita de noche, incluso he repasado unas lecturas que regularmente hago antes de dormirme, en donde tu libro ha sido maravilloso.

Me parece que todos estos escritos tuyos, como te lo dije hace poco que publicas en los medios donde colaboras, están dando para un futuro libro que podría ser muy interesante y profundo, en relación con toda esta apreciación de la experiencia acumulada que es muy rica.

También agradezco que sin que tú te lo hubieses propuesto, yo hace 15 años escribí un libro sobre preguntas y respuestas en las adicciones. Ese libro no circuló porque yo siempre lo utilicé en mis terapias, pero no tenía tanta vigencia pues hay cosas que han cambiado en el entorno de las adicciones.

¿A qué me refiero? A que me puse a observar y encuentro que a partir del despertar al que me has invitado para volver a escribir, puedo hacer un ejercicio muy útil con ese libro y poner en las manos de los lectores una actualización sobre esa publicación que me parece de utilidad, porque no pretende ser un libro ni científico ni una solución rápida como manual de la problemática adictiva.

A mí me parece muy interesante lo que haces y muy lindo que ese libro tuyo esté circulando como circula, dándole la oportunidad a la gente de que encuentre en el Viajero Interior una fuente de esperanza, incluso en mí mismo, con el hecho de poder mirar que hay una serie de situaciones y ejercicios que me ayudan a verme honestamente. Es algo valiosísimo, por eso tu libro me ha encantado.

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