¿Cómo salir bien librado de una entrevista de trabajo si se tiene VIH?

¿Cómo salir bien librado de una entrevista de trabajo si se tiene VIH?

29 de septiembre del 2015

Por: @jcmentefacto

Pese a que ya perdió la cuenta de las veces que ha sido discriminada por tener VIH, Jennifer Paola no se victimiza. “No es algo de lo que me sienta orgullosa pero tampoco me avergüenza. No tengo un letrero en la frente que diga que tengo VIH”.

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Habla claro, no tartamudea, no se le quiebra la voz ni siquiera cuando narra los episodios más tristes de su vida, como por ejemplo, el de la muerte de su madre o cuando los profesores del colegio en el que estudió se ponían guantes para cogerla, ni mucho menos cuando habla de la vez que no la contrataron en un trabajo por ser portadora del virus.

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Su personalidad es arrolladora pero advierte: “Hay cosas que me ponen triste”.

No sabe cuántas veces la han señalado por tener el virus de inmunodeficiencia humana, pero recuerda perfectamente cuando fue la primera vez.

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“Fue cuando tenía siete años. Me sacaron de clase sin ninguna explicación, no tenía ni idea de por qué lo hacían. Éramos niños y los adultos eran los que tomaban las decisiones”.

Para la época, Jennifer vivía -como ahora- en la fundación Eudes, una entidad sin ánimo de lucro que trabaja a favor de los niños, mujeres y hombres afectados por el VIH y SIDA desde el año 1988.

El padre Bernardo Vergara Rodríguez, quien dirige la fundación, recuerda el episodio.

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“Fue un proceso difícil. Tocó recurrir a herramientas fuertes”, dice.

“Mandábamos a los niños a estudiar y esperábamos en la puerta a ver si los sacaban después o no, pero no les importaba, los sacaban del colegio sin problema.

Tocó entonces recurrir a los medios de comunicación. Se armó un escándalo porque no era sensato lo que estaba pasando, a mí me dio pena con las directivas y la secretaría de educación porque era un colegio del distrito, pero eso no se puede negociar, estaban violando derechos inalienables”.

Tuvo que pasar un año para que Jennifer y otros dos niños que habían corrido la misma suerte pudieran regresar a estudiar, cosa que jamás tuvieron que dejar de hacer.

Pese a que volvieron al colegio, la discriminación no cesó.

“Los profesores nos cogían con guantes, cuando tocaba pasar al tablero nos daban un marcador diferente al de los otros niños y en las izadas de bandera no nos formaban con el resto de los estudiantes”.

Pese a que es amable, conversadora y risueña, el carácter de esta joven de 22 años es fuerte y tiene claro que esa fortaleza es el resultado de las situaciones adversas que le ha tocado vivir.

“La primaria terminó relativamente bien pero en el bachillerato se incrementó el rechazo. Este era por parte de los compañeros, no de los profesores, y es más difícil porque ya estamos hablando de pares. Con once o doce años éramos conscientes de que algo pasaba a nuestro alrededor y empezamos a empoderarnos del tema y tratar de explicar nosotros mismos qué era lo que pasaba”.

Jennifer es vanidosa. Al vestir prefiere los colores vivos, aquellos que contrastan con el color café de sus ojos.

“Me acuerdo mucho de una niña que había en mi salón a la que le salió algo en el dedo y armó un escándalo. Le dijo a la mamá que yo le iba a prender el Sida y la mamá le mandó a hacer la prueba y mejor dicho pasó de todo”.

El episodio sirvió para que el colegio organizara charlas con los padres y empezara a dar  información adecuada sobre el tema.

“La gente cree que por la saliva, por dar un beso, por abrazarte, por tocarte, vas a quedar contagiado con el virus. Hay mucha ignorancia y esa ignorancia genera discriminación”.

“Si le quitas una pluma a una gallina después no se la puedes volver a poner”, de esta forma el padre Bernardo explica parte de la problemática en cuanto a la desinformación que hay en el ambiente con relación al tema del VIH, de la cual, dice, los medios de comunicación tienen gran responsabilidad.

“Dieron una información errónea acerca de la transmisión del virus, corregir eso no es fácil, esa información generó muchos temores y violencia”.  Es como trata de volver a poner las plumas a una gallina.

“Los medios mostraron la infección con VIH como una enfermedad contagiosa y eso es gravísimo, porque es una enfermedad transmisible. Los mecanismos de infección desde un principio están plenamente identificados y entonces el boom de la investigación se sesgó no desde los fundamentos científicos sino desde lo que opinaba la gente”.

Según el religioso, la desinformación aumentó la discriminación contra esta población y pese a que ahora hay más programas y formas de salir de la ignorancia, la estigmatización sigue.

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“Conseguir trabajo no es sencillo, cuando en una empresa se dan cuenta que tienes una enfermedad, sea la que sea, te empiezan a poner restricciones. Si las ponen con una mujer embarazada, pues con una persona con VIH es más difícil; por los cuidados médicos, por la alimentación por los horarios, eso no es fácil”.

En la actualidad Jennifer trabaja como asistente administrativa de la fundación Eudes, pero antes de tener este trabajo vivió un “fuerte episodio de rechazo”.

“Pasé papeles, entrevista, todo, y el día que fui a firmar contrato me dijeron que no”.

Aunque Jennifer sabía la razón del rechazo, llamó para pedir una explicación, quería dar una lección.

“Me citaron a una reunión con la sicóloga y la trabajadora social, ella fue la que me dijo que no me contrataban porque tenía VIH”.

Para hablar de este episodio toma aire, no se descompone, se envalentona, asume la postura, la actitud y posición que tuvo para aquel momento.

“Eso es lo que quería escuchar, que ustedes me dijeran en la cara que por la enfermedad no me contrataban, pero la cosa no es como la están planteado”.

Ese día, como lo ha tratado de hacer toda su vida, dio una cátedra del tema.

Explicó, entre otras cosas, que un paciente con VIH puede llevar una vida normal, que este virus no se adquiere por compartir unos cubiertos, el aire, dar un beso o un abrazo, que solo se puede transmitir  con unas conductas de riesgo como entrar en contacto y sin protección con semen, liquido pre-eyaculatorio, el fluido vaginal y la sangre o que un bebé puede ser infectado, como le pasó a ella, si se amamanta con la leche de la madre que tiene el virus.

A medida que soltaba más datos, su explicación se hacía más contundente, más sólida más ilustrativa, más creíble.

“No se contrae el VIH por el sitio donde vivan, o el grupo social al que pertenezcan, ni por su orientación sexual. Lo que hace que el VIH se transmita, depende de ciertos comportamientos. Al mismo tiempo, si es muy cierto que las circunstancias en la vida de cada persona pueden llevarle a estar más cerca de actividades que pueden ser riesgosas”.

Aquellas encopetadas doctoras no tuvieron tiempo de interrumpir. El discurso de Jennifer no dejó vacíos, dudas, incógnitas.

“La trabajadora social trató de juzgarme por mi edad, la enfermedad, por todo. Ustedes me juzgan por eso, eso no se hace, les dije, no se puede juzgar a una persona por su apariencia, esa no es la manera y ustedes no son las personas adecuadas”.

Ellas, sorprendidas, no tuvieron otra opción que cambiar su rostro adusto y sonreír. Estaban conociendo una faceta de aquella joven que de seguro les iba a servir en la empresa.

¿A qué horas quieres venir mañana para que firmes el contrato?, le preguntaron.

“No. Ya no quiero trabajar con ustedes”. Con decencia se levantó y se fue. Cachetada con guante blanco.

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No fue la primera vez que Jennifer dio una lección de este tipo.

“Hice la primera comunión a los cinco años porque muchos pensaron que no iba a vivir mucho y resulta que tengo 22 y sigo viva”.

Hace dos décadas recibir un diagnóstico de VIH era casi que una sentencia de muerte. Hoy una persona que se contagie del virus puede llevar una vida normal durante casi el mismo tiempo que una persona sana.

Según la Sociedad Colombiana de Infectología, los avances en materia de diagnóstico y tratamiento, permiten que el VIH sea visto como una enfermedad crónica como la hipertensión o la diabetes, capaz de ser controlada, siempre y cuando se detecte cuando aún no se ha manifestado y se maneje a tiempo.

Esta entidad considera que ante estos avances “la meta para el 2020 es llegar al 90-90-90, lo que quiere decir que se hayan encontrado el 90% de personas que tienen el virus, que el 90% de los pacientes diagnosticados esté bajo tratamiento y que en el 90% de ellos se logre bloquear el virus hasta el punto que resulte indetectable”.

De poder cumplir con este objetivo, propuesto por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH, Onusida, el virus podría estar totalmente erradicado en el 2030.

“Hay que tomar retrovirales, esos hacen que el virus se mantenga controlado, influye la alimentación, el estado de ánimo, estar bien, controlar el sistema inmune, si nos descuidamos las defensas pueden bajar. (…) y no se trata solo de usar un preservativo y tomar pastas, las cosas van más allá, se debe dar más para evitar una infección es para evitar el estigma, la discriminación”.

Asumir una postura crítica y contestataria ha hecho que su vida sea normal, incluso tiene novio, “no lo quiero para casarme”. Jennifer quiere ser mamá. “Yo podría ser mamá pero tendría que ser consensuado con mi pareja. Tendríamos que evitar el uso del preservativo y como soy yo la que tengo la infección tendría que estar muy bien, mis defensas muy altas y el virus en un nivel muy bajo para evitar transmitir la infección (tanto a él como al bebé).”

“El embarazo -continúa Jennifer- sería por cesaría, no le podría dar leche materna, se hacen unas pruebas para evitar la infección porque hasta los tres meses el bebé tiene las defensas de la mamá. Si hay mucho juicio el bebé no quedaría con el virus.”

Muy a su estilo, franco y directo, Jennifer advierte: “No soy de noviecitos tontos y no quiero algo para pasar el rato.”