La economía se desfonda

La economía se desfonda

12 de febrero del 2016

El economista Miguel Gómez Martínez ofrece este agudo análisis sobre la economía colombiana. En medio del “nerviosismo” y el “miedo” en el ambiente financiero internacional el analista advierte que en Colombia “estamos en el techo del desequilibrio de las finanzas públicas” y da otros datos importantes.

El doctor Gómez Martínez es economista del IEP de París, profesor universitario, exPresidente de Bancóldex, asesor económico y empresarial y columnista de KienyKe.com 

Este es su análisis:

“Miedo” es la palabra que describe el actual entorno económico mundial. Miedo de que el piso del precio del barril esté por debajo de 20 dólares. Miedo de que la China crezca menos del 6 por ciento anual lo que sería demoledor para las materias primas. Miedo de que Hillary Clinton no sea elegida presidente y que los Estados Unidos tenga que escoger entre opciones extremas como el izquierdista Bernie Sanders o el deschavetado Donald Trump. Miedo de los temores que refleja la Reserva Federal de los Estados Unidos, que pensaba subir las tasas de interés y ahora no descarta un escenario de tasas negativas donde los bancos le cobrarían a los depositantes por recibir su ahorro. Miedo a que las quiebras previstas de empresas energéticas y del sector de materias primas contagie los balances de los bancos que las han financiado.

Las bolsas reflejan ese nerviosismo. Los inversionistas buscan valores refugio donde el oro y los bonos del Tesoro de los Estados Unidos resultan privilegiados. El problema es que las expectativas son fundamentales para la actividad productiva. Si los actores económicos piensan que la coyuntura no es favorable, toman decisiones que agravan la situación pues reducen o postergan decisiones como las inversiones o nuevos gastos. El contagio del pesimismo es siempre más fuerte que las medidas adoptadas por los gobiernos para intentar contrarrestar el enfriamiento de los mercados.

En Colombia la crisis global nos golpea en un momento muy negativo. La inflación anualizada está por encima del 7 por ciento, lo que obliga al Banco de la República a subir las tasas de interés. En este momento lo deseable sería tener una política monetaria amplia para estimular el crecimiento. Tampoco nos ayuda el fenómeno del Niño que presiona al alza los alimentos, que tienen un alto impacto en el Índice de Precios al Consumidor. La devaluación, que está disparada, encarece los precios en pesos de los bienes importados, muchos de ellos de la canasta familiar. No olvidemos que en el 2015, importamos 12 millones de toneladas de alimentos.

Panoramica Bogota Centro

Puesto que la política monetaria no da espacio para apoyar el crecimiento, el gobierno podría utilizar el instrumento fiscal. Un mayor nivel de gasto público impulsaría el crecimiento pero el problema es que estamos en el techo del desequilibrio de las finanzas públicas. Aumentar el gasto no es posible sin que las calificadoras internacionales se preocupen y reduzcan la calificación de riesgo de los papeles de deuda del gobierno nacional. El Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, ha repetido insistentemente que no romperán la Regla Fiscal- una norma constitucional que fija límites al déficit fiscal- y que para ello se presentará una ambiciosa reforma tributaria que incrementará los ingresos de la Nación. Pero todos sabemos, que si sube el recaudo las empresas y los consumidores tendrán menos dinero disponible para gastar lo que debilitaría, aún más, la demanda agregada.

Una devaluación mayor debería ayudarnos con el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (exportaciones menos importaciones de bienes y servicios) que hoy está por la nubes (6,6 por ciento del PIB). Importaríamos menos bienes y en cambio venderíamos más productos colombianos en los mercados externos. Pero dada la debilidad de la economía mundial y la devaluación de la mayoría de las monedas internacionales con respecto al dólar de los Estados Unidos, la competencia por esos compradores foráneos será feroz. Colombia tiene serios problemas de productividad y competitividad que no se pueden resolver en el corto plazo y ello nos penaliza al momento de intentar recuperar esos mercados que perdimos durante la época cuando el peso era fuerte.

Algunos expertos consideran que estamos entrando en una fase de lento crecimiento de la economía mundial, con precios deprimidos, bajas rentabilidades y aumento del desempleo. Este período podría durar varios años. Por el momento el comportamiento de las principales cifras parece confirmar estos tristes presagios. Colombia no será lamentablemente el sol que brille en este invierno económico que se vislumbra.