El colega que vivió orgulloso de sus pupilos

26 de junio del 2019

Así recuerdan colegas y amigos al periodista Édgar Artunduaga, fallecido este martes en Neiva.

El colega que vivió orgulloso de sus pupilos

Me llamó una tarde y me dijo:

– “Me la recomendaron para ser mi coequipera en mi noticiero. Ya la escuché y me gusta su voz. ¿Cuándo nos podemos reunir?”.

El día que conocí a Artunduaga, estaba muy nerviosa. No sabía qué decir ni por dónde empezar.

Con este especial digital KienyKe.com le rinde un homenaje a Édgar Artunduaga, quien fue amigo entrañable de esta casa editorial, en la que ejerció como columnista, miembro del consejo editorial y vicepresidente de contenidos. Navegue y conozca un poco más del hombre, del amigo y del periodista que dejó huella en los medios de comunicación de Colombia.

Tras unos minutos de charla me preguntó que qué tal escribía.

– “Escribo desde el colegio” le respondí.

– “¿Y sí le gusta Bogotá?” me dijo.

– “No” le respondí

(Él sonrió y levantó las cejas)

Inmediatamente completé mi frase: “pero sé que aquí está todo, así que quiero medírmele a esta experiencia”.

– “¿Cuáles son sus fuentes?”

– “Política y economía… nunca farándula, por favor”

Él soltó una de sus carcajadas particulares y me dijo:

– “Listo, queda contratada para trabajar conmigo en el noticiero de la mañana en Todelar y le voy a soltar la fuente política en Kienyke”.

Yo guardé silencio, en el rostro se me notaba lo mucho que me aterraba ese nuevo reto.

“¿Así no más?” le dije.

Levantó la mirada y me respondió:

– “Yo conozco ese miedo. Yo lo tuve cuando dejé el Huila y me vine a trabajar aquí. Me veo en usted y me transporto a ese momento (…) tengo las mejores referencias suyas. Me dijeron que es una berraca, así que tiene que quitarse el susto y pensar que está más a la altura que muchos de los que están acá…ya verá que le va a ir mejor de lo que espera”.

Ese viernes -13 de mayo de 2016-, en solo dos horas de conversación, Edgar me dio una lección inmensa. Su sencillez y su infinito apoyo era ejemplo para muchos.

Darle la mano a quien está empezando en este difícil gremio fue algo que vi en repetidas ocasiones en él.

“Sin pena, mijita. ¡Hágale que yo la respaldo!” me decía siempre que tenía dudas sobre publicar alguna nota sobre algún tema que yo consideraba delicado.

La última vez que lo vi fue hace unos 20 días en Cali. Estaba con su amada ‘Pachela’. Me dio muchísima emoción.

– “¿En dónde trabajas ahora?” me preguntó.

– “Estoy en el Senado” le respondí.

Su mirada lo dijo todo. Fue la de un papá orgulloso.

– “Sigues creciendo ¡cuánto me alegra!”

Artunduaga se nos fue, pero en medio de la tristeza, todos los que tuvimos la gran fortuna de trabajar a su lado conservamos un inmenso agradecimiento por habernos enseñado el pilar fundamental de nuestro oficio: Ser un verdadero colega.

Descansa en paz.

Por: Melissa Carpentier

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO