La familia del alcalde que logró huir de Pablo Escobar

22 de febrero del 2019

William Jaramillo Gómez, su esposa y su hija, estuvieron en la mira del capo, pero la suerte estuvo de su lado y pudieron contar su historia.

La familia del alcalde que logró huir de Pablo Escobar

Pablo Escobar Gaviria, el temido narcotraficante, estaba al otro lado del teléfono. Cuando la secretaria del alcalde de Medellín de la época, William Jaramillo Gómez, contestó, Escobar, notoriamente alterado, gritó: “dígale a la señora Luz Helena Bermúdez que se metió con mi hija y que yo le voy a enviar a la suya ‘picada’ en un sobre de manila. O se va o se va”, luego tiró el teléfono.

El capo se ensañó contra la familia Jaramillo Bermúdez luego de que Luz Helena, la esposa del mandatario local, diera declaraciones a los medios de comunicación en las que habló de las pertenencias de la familia Escobar Henao, tras el atentado terrorista que el Cartel de Cali efectuó en el Edificio Mónaco, con la intensión de matar al ‘narco’ paisa. La primera dama de la ciudad comentó sobre obras de arte, excentricidades, joyas e hizo énfasis en el tetero con aguadepanela de la hija consentida del narcotraficante. Estas manifestaciones ofendieron al bandido.

María José Jaramillo, la niña que Escobar buscaba por las calles de Medellín hace 30 años para picarla, solo por ser hija de sus padres, vivió 17 años exiliada en España. Hoy estuvo parada frente al Edificio Mónaco, presenciando la implosión de lo que ella y otras víctimas llamaban el monumento a la vergüenza.

La hija del alcalde Jaramillo, quien luego fue nombrado ministro de comunicaciones en el gobierno de César Gaviria, recuerda aquella época como la peor de su vida. ” Yo no podía ir al jardín porque obviamente los papás de los otros niños no querían que sus hijos fueran blancos de una bomba. Vivía rodeada de escoltas. No podía viajar en el mismo carro con mis papás, porque si mataban a uno no caímos los tres”.

Los Jaramillo siempre estuvieron en la lista de muertos de Pablo Escobar. A ninguno pudo matar, pero estuvo muy cerca de lograrlo. Un día, cuenta María José, cuando ella tenía cinco años, la bajaron de afán del carro en el que iba, su papá iba en otro vehículo y su mamá iba atrás en un tercero. A todos los hicieron descender de los carros, se montaron en otro y huyeron a toda velocidad. Uno de los conductores le confesó a Jaramillo que se había vendido a Pablo Escobar y que en una hora, si seguía el plan, los tres estarían muertos (alcalde, esposa e hija). El cuerpo de aquel conductor arrepentido apareció baleado un mes después.

“Yo creo que no caímos en las manos de Escobar porque corrimos con suerte. Una suerte llamada Dios. Tuvimos alrededor mucha gente que nos protegía”, María José Jaramillo.

María José y su mamá fueron sacadas del país días después. Las llevaron a Miami y luego a Atlanta, donde duran unos seis meses escondidas. No podían darle opciones a Escobar, quien ordenó buscarlas por cielo y tierra.

Cuando William Jaramillo terminó alcaldía aceptó la embajada de España y allá se reunió con su familia. William volvió un año después. Luz Helena no quiso regresar y la familia que peleó unida contra la guerra sangrienta del narcotráfico se fracturó. 17 años después María José regresó a Colombia y se quedó haciendo país.

Para María José que hayan implosionado el Edificio Mónaco significa haber tumbado el monumento que le hacía apología a la peor época de Medellín. Para ella esta estructura seguía en pie, hasta hoy, porque a nadie le interesaban las víctimas. “A nadie le había interesado reconocer la victimas, sino seguir con la idealización del victimario, ensalsarlo, que se sigan haciendo series sobre el tema. Les daba igual que esta ciudad fuera considerada la ciudad mas peligrosa del mundo en el extranjero. No les importaba que eso cambiara. Era una falta de interés.

La hija de William Jaramillo, fallecido en paz y rodeado de su familia, hace 18 años, dice que sin el Mónaco en pie es la oportunidad de cambiar la imagen que se tiene por fuera de Medellín. “Los extranjeros tendrán un lugar menos donde hacerle apología al terrorismo y la violencia que desató Pablo Escobar; y los locales deben empezar a reeducarse y educar a las nuevas generaciones para que se sientan más orgullosos de la ciudad de la eterna primavera, que hoy en día es totalmente diferente a lo que se vivió en aquellos años de drogas y sangre.

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