La desilusión del pequeño Edward

La desilusión del pequeño Edward

27 de octubre del 2010

He Pingping estaba en Italia el 3 de marzo de 2010 cuando sintió un dolor en el pecho mientras grababa el programa Lo show dei record. Estaba allí por su estatura: 74 cm. Pingping era desde 2007 el hombre más pequeño del mundo, según el Guinness Book of World Records. Diez días después, en un hospital de Roma, lejos de Ulanqab, China, donde nació, Pingping murió de complicaciones cardíacas. De inmediato, en el último rincón de Bosa, en Bogotá, Edward Niño se convirtió en el hombre más pequeño del mundo. Lo sabría seis meses después.

Un vendaval mediático cayó sobre él sin estar preparado. Su mamá, Noemí Hernández, una costurera de profesión, no se arrepiente de haber expuesto a su hijo durante cuarenta días a ser un personaje mundial. Pero sí está decepcionada del país. Su argumento: Edward buscó durante seis años ser el hombre más pequeño del mundo para conseguir una ayuda por su condición. Pero en realidad nada cambió.

La primera experiencia de Edward Niño con los medios fue en la revista SoHo, cuando el periodista Andrés Sanín lo encontró en 2007 en la discoteca Mango Biche, en el norte de Bogotá, y escribió la crónica El colombiano más bajito. Apareció luego en Sábados Felices. Se propuso entonces a llegar a los Guinness Record. Investigó en internet. Al principio la inscripción costaba US$2.000, pero luego cambiaron las reglas y no tenía costo.

Edward los contactó y en mayo de 2010, un español llamado Carlos Martínez llegó con una inglesa y dos colombianos hasta su casa en Bosa. Lo midieron, lo entrevistaron de 8 a.m a 9 p.m, lo llevaron al médico y le pidieron mantener silencio. El 6 de septiembre el español regresó con un certificado y un ejemplar del Guinness Book of World Records 2010 y la promesa de un premio de US$1.000, que hasta ahora no ha llegado.

Al día siguiente, la noticia le dio la vuelta al mundo y a la casa de los Niño llegaron más de quince medios de comunicación. Edward atendió hasta cuatro entrevistas a la vez y Noemí les sirvió café a todos los periodistas. Después del ajetreo, de haber bailado reguetón y respondido las mismas preguntas una y otra vez, Edward sintió un profundo dolor de cabeza, sus ojos se pusieron rojos y no dejaban de lagrimear: desde hacía cuatro años Edward sufría de cataratas y los flashes y luces de las cámaras lo afectaron. Su mamá lo curó a punta de Acetaminofén y Ádvil.

Martín Santos, el hijo mayor del Presidente de la República, vio en una de las noticias que Edward quería conocer al ex Presidente Uribe y a su papá, Juan Manuel Santos. La llamada de la Casa de Nariño sacudió la familia Niño y el 9 de septiembre estuvieron cinco minutos con la familia presidencial. Santos lo cargó en sus piernas y el país lo criticó. Edward, aunque es pequeño de estatura, ya tiene 24 años. “Porque Edward es mucho más que la mascota personal del Presidente: es la maqueta de nuestra moral y simboliza lo que somos como país”, escribió Daniel Samper Ospina en su columna de Semana, que no fue bien recibida por Noemí, su mamá. La consideró poco ética y dice que nadie tiene que hacer estatuas en tamaño real de su hijo. Piensa que el presidente alzó a Edward como se alza a un niño, nada más, porque la gente lo ve así.

Edward le dijo a la primera dama que era muy linda y que era una lástima que estuviera casada. Salió con cuatro discos de reguetón, un computador portátil negro de 10 pulgadas fabricado en Colombia y un certificado de afiliación al régimen subsidiado de salud. Noemí esperaba una indemnización, porque Edward no ha podido trabajar, pero no el carné al que tienen derecho todos los colombianos. La primera dama les dijo que contactaran a la presidencia cuando fueran a viajar al exterior a cumplir con las invitaciones que les hicieron en programas internacionales de televisión. John Jairo Ocampo, el jefe de prensa de Palacio, les prometió ayudarlos a conseguir un mánager. Edward dio las gracias, pero le dijo al Presidente que él hubiera preferido un carrito. Todos se rieron.

Tres personas han intentado robarse a Edward. Un taxista, una señora que caminaba por su barrio y otra en un almacén de ropa en el centro, que decía que Edward era suyo. Las tres veces se ha salvado gracias a sus uñas. Noemí dice que su pequeña estatura llama mucho la atención. El punto es que Edward necesita estar siempre acompañado, no puede salir solo a la calle ni usar transporte público. La gente siente por él la atracción que genera un peluche.

En la avalancha de entrevistas, Edward fue invitado al programa de Caracol Día a Día. Prometieron recogerlo y devolverlo a la puerta de su casa, haciendo una parada en un hospital para una revision médica. Noemí pidió que la dejaran entrar al estudio con Edward, pero no lo permitieron. La dejaron lista y maquillada, pero afuera. Las luces del programa fueron el peor golpe contra los ojos que sufrió Edward durante sus cuarenta días de fama. El conductor les dijo que tenía la orden de hacer una sola parada y los dejó tirados en el hospital. Los médicos los regañaron porque las luces del programa pudieron haber dañado la operación de las cataratas que se había hecho días antes. Noemí regresó con Edward en Transmilenio, sometidos al manoseo de la fama. Canal Capital tampoco cumplió su promesa de abrirle una cuenta de ahorros para que los televidentes le consignaran dinero para ayudarlo.

La familia Niño se siente exprimida y abusada. Noemí dice que los medios sólo se ocuparon de hacer sus noticias y el país no respondió con ninguna ayuda. Que si hubiera sido una modelo con medidas 90-60-90 le habrían llegado cientos de contratos y premios. Además, sus vecinos cambiaron su actitud con ellos: les preguntan por las camionetas y las fincas que les iba a dar el Presidente y cuando los ven en la calle cuchichean a sus espaldas, diciendo que ahí van los que subieron de estrato. Y, para colmo de males, un joven en el lejano Nepal, que cumplió la mayoría de edad el pasado 14 de octubre y mide 67.8 cm de estatura, acaba de quitarle el Record Guinness. Edward se quedó, entonces, sin el derecho de pedirle algo al país y a los medios por los que desfiló por cerca de un mes. Su nombre es Khagendra Thapa Magar y es, ahora, el hombre más pequeño del mundo.