Éider Arévalo: “Necesitaba madurar para ser campeón”

Éider Arévalo: “Necesitaba madurar para ser campeón”

6 de enero del 2018

Con paso corto, resistente, y con la mirada fija en el horizonte, logró llegar a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. La experiencia fue positiva porque por primera vez se medía en unas magnas. Con entrega, y consciente de lograr la hazaña, arribó de nuevo a la capital Inglesa, cinco años después, para coronarse como campeón del mundo en marcha atlética. Parecía que todo pasaba en un abrir y cerrar de ojos. Depende de cómo se quiera ver.

Es un campeón de pocas palabras. Le cuesta hablar y mirar a los ojos. Prefiere seguir el movimiento de sus propias manos mientras entrelaza los dedos con la necesidad de ahondar en sus más íntimos recuerdos. Sin embargo, Éider Arévalo pierde la timidez cuando compite en atletismo. De inmediato se convierte en un hombre que solo quiere inflarse el pecho con triunfos y alegrías deportivas.

Oriundo de Pitalito, Huila, pero residente en el centro occidente de Bogotá, se prepara día a día porque las competencias no dan espera. El parque Salitre y la sede del IDRD, que se ubican a unos diez minutos de su casa, son su segundo hogar. En el apartamento solo permanece para comer, dormir, leer y ver televisión cuando las rutinas lo permiten.

Con 24 años no le cuesta vivir solo sin su familia. Así ha sido desde que tenía 15. Dejó el Huila porque en la capital las oportunidades de gloria podían abrazarlo. El esfuerzo dependía solo de él.

Sus padres, Jenny Trueque y Raúl Arévalo, no impidieron que entrenara una disciplina poco conocida en Colombia. La Familia se separó cuando el matrimonio Arévalo – Truque llegó a su fin. No fue fácil para Éider ni su hermana, Nandy, pero como se dice popularmente, “el show debe continuar”.

Jenny permanece en Pitalito y Raúl vive en un municipio cercano a Bogotá. La relación es cordial y los hijos Arévalo entienden que las rupturas ya no son un mito o situación ajena. El campeón de marcha habla de su hogar sin problema. Nunca lo tuvo todo pero tampoco le faltó un techo y un plato caliente de comida encima de la mesa.

“La relación con ellos es buena. Siempre se aprende y eso es lo importante”, dice a KienyKe.com Éider, que en la sala de su apartamento, no teme relatar su historia de vida.

Con una sudadera azul y amarilla, la misma utilizada en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016; y unos tenis deportivos, el atleta viste para entrenar en la capital del país. Puede que no esté en competencias pero no deja de ser deportista.

Video cara a cara con Éider Arévalo

Con el tiempo ha ganado confianza para hablar pausadamente y conectar sus ideas. La ayuda psicológica que recibe es vital para no perder fortaleza mental y seguir el camino de los sueños. “No todo es alegría”, Dicen. Y Éider vivió esta frase coloquial en carne propia.

Si bien la ruptura de sus padres y permanecer lejos de ellos cuando era un adolescente lo afectó, en 2012 tuvo un encontrón con el destino que nubló sus ojos negros. Fernando Rozo, su entrenador desde que llegó a Bogotá, falleció tras un infarto cerebral. Cuando el huilense conoció la noticia entró en shock. Perdió al hombre que lo había acompañado por tantos años.

“Fue un momento muy difícil de asimilar. Era muy especial todo lo que vivía con él”, susurra con la mirada fija en la mesa, como si en su cabeza los recuerdos con Rozo pasarán uno a uno en milésimas de segundos.

Reponerse no fue fácil. Nunca lo es. Enrique Peña estuvo con Éider y el grupo de marchistas colombianos por seis meses hasta que Marcelino Pastrana tomó el timón de los atletas colombianos con único objetivo: demostrarle al mundo que los deportistas nacionales podían agitar la bandera en cualquier lugar del planeta.

La fama no lo trasnocha. Piensa que la presión mediática puede afectar porque la idiosincrasia en Colombia muchas veces es “si no ganas ya no eres nadie”. Colegas suyos como Rigoberto Urán, Nairo Quintana, Jossimar Calvo, entre tantos otros, saben de qué habla.

Intento acercarme a la gente positiva y no la negativa. Esto es un proceso y todos tienen que entenderlo. A veces no se gana y por eso hay que seguir la preparación. Admiro mucho a los ciclistas y todos los demás deportistas de Colombia.

Ahora es campeón mundial y su próximo sueño es obtener la medalla de oro en los Juegos de Tokio 2020. Una hazaña, que como la lograda en el Mundial de Londres, podrá hacerse realidad si cada paso que da en la pista lo encamina al podio final.

Foto: Laura Salomón

“Es necesario arrancar con fuerza, mantener la resistencia y terminar más fuerte con ataques. En las competencias se toman decisiones y hay que estar listo en caso de modificar la estrategia”, es su descripción sobre cómo lograr un buen desempeño en la marcha de 20 kilómetros. De esa forma se coronó en Europa y de la misma anhela hacerlo en Asia.

Solo necesita el apoyo de su familia, entrenadores y compañeros para no perder la fortaleza mental que ha ganado con casi diez años de experiencia profesional. Carolina Hernández, quien es su novia hace pocos meses, fue el último motor que llegó a su corazón para demostrarle que nunca está solo.

“Me ayudan mucho y me apoyan. Eso es importante porque siento que están conmigo. Tomo mis decisiones con el objetivo de ganar”.

Éider inicia su camino hacia Tokio con la competencia Nacional de Australia, Marcha Pitalito, Lituania Challenger, Mundial por equipos en China y Juegos Centroamericanos.

A Japón espera llegar con el idioma inglés estudiado, lo practica en las tardes luego de los entrenamientos; y con la convicción de lograr la medalla olímpica que, de ganarla, ubicaría en el armario de su cuarto que está a pocos metros de su cama junto a sus otros trofeos.

“Éider Arévalo es un hombre disciplinado y entregado que lucha por los sueños que tiene desde que era niño”, son las palabras con las que se identifica el campeón mundial de marcha atlética.