El calvario de ser esclava sexual en el Estado Islámico

25 de julio del 2017

El día en que un par de horas cambiaron la vida de Ekhlas, una niña de 14 años.

esclava sexual estado islámico

Foto: Shutterstock

El dolor del abuso, la violencia y la muerte ya la han golpeado fuertemente. Solo tiene 17 años pero conoce al detalle el drama de la guerra y el terrorismo. Es Ekhlas, una de las niñas que fue secuestrada para convertirse en esclava sexual del autodenominado Estado Islámico.

“Probablemente piensas que soy fuerte como una roca, pero quiero que sepas que estoy herida por dentro. Mi dolor es como 100 muertes”, contó la adolescente a la BBC.

“Tenía tanto miedo que no podía ni mirarlo”, el testimonio de una esclava sexual de ISIS

Su infierno, ese al que la introdujeron, empezó en 2014, cuando los hombres de bandera negra atacaron la aldea en la que vivía junto a su familia. Asesinaron a los hombres y abusaron de las mujeres, a otros más los secuestraron. Intentó escapar, salvar su vida y refugiarse con sus seres queridos, pero ella, de 14 años para la época, entró en ese último grupo.

Entonces la separaron de su mamá, de su vida. Primero fueron los gritos de otras menores, que pedían a gritos ayuda. No había comida ni luz, solo llanto.

A ella también le ocurrió. Tiene plasmado en su mente el momento en que un hombre la abusó, se empecinó en volverla su esclava sexual por al menos seis meses. 

“Él me escogió entre 150 niñas. Era tan feo, como una bestia, con pelo largo. Olía tan mal…Tenía tanto miedo que no podía ni mirarlo (…) Me violó todos los días, durante seis meses. Traté de matarme”, recuerda.

Pero morir no fue su única opción. Logró escapar cuando el hombre que la sometía a infinitos vejámenes estaba en guerra. Ekhlas llegó a un campo de refugiados, donde finalmente la acogieron.

Asegura que se le acabaron las lágrimas, pese a que lo vivido es imborrable. Vive en un hospital psiquiátrico en Alemania, no es el espacio esperado para una mujer que apenas empieza a vivir, pero al menos es más seguro.

Su sueño, ser una abogada, una que lucha por aquellos vulnerados, quizás por otra niña que podría convertirse en esclava sexual de terroristas.

“Mi vida era bonita, pero sólo dos horas la cambiaron completamente”, concluye Ekhlas.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO