El abogado de Uribe

El abogado de Uribe

18 de noviembre del 2010

A Jaime Lombana, el abogado defensor de cuatro presidentes de la República, treinta ministros, políticos y empresas de renombre, sólo lo defienden Nelson y Jaguar, dos perros Rottweiler. Los caninos  tienen un lugar especial en su gran casa de terrazas y pinturas costosas, de  piano en la mitad de la sala y bar para disfrutar en privado de un buen trago con los amigos.

Estos dos perros son una defensa escuálida si uno piensa que este penalista, con veinte años en el oficio, ha cosechado muchos y poderosos enemigos. Hoy es el principal defensor del ex presidente Álvaro Uribe en su presunta responsabilidad en el caso de las “chuzadas” del DAS. Es tal su devoción a la defensa del ex presidente que lo defiende en 187 procesos, que van desde calumnia e injuria hasta prevaricato y traición a la Patria. Lombana hace esas defensas sin cobrarle ni un sólo peso. También acompañó gratis a Jerónimo, el hijo menor del ex presidente, en un proceso menor por la copia de un examen en la Universidad de los Andes.

Lombana es un hueso duro de roer. Ha sido la piedra en el zapato de la Comisión Nacional de Televisión –en el caso de los dineros de David Murcia, dueño de DMG por la licencia de su canal Elite– y como defensor de RCN y Caracol en la adjudicación del tercer canal. En ese episodio no se ahorró adjetivos contra los comisionados, a quienes llamó “temerarios” y “tercos” por pretender adjudicar el canal por otra vía que no fuera la de la subasta pública. Su caso emblemático fue el de Comsa, aquel grupo español que incumplió en la construcción de un túnel entre Bogotá y la Costa Caribe. Lombana fue más allá de la defensa: pidió que los ejecutivos de esa compañía fueran extraditados a Colombia para pagar sus deudas.

Este penalista es conocido por su potencia en la discusión, quizá una herencia genética de su ascendencia santandereana. Ha manejado casos tan peliagudos como el del niño que se ahogó en la piscina del Hotel Hilton en Cartagena, y la defensa de los soldados que se encontraron la guaca de las Farc.

Le gusta tanto la pelea jurídica que en ocasiones se ofrece a defender, sin cobrar, causas que considera justas. Con los honorarios que recibe en los otros pleitos logra el equilibrio económico. Siempre está metido en temas estatales y no defiende narcotraficantes ni parapolíticos. “Esos casos no me gustan. Prefiero defender los intereses del Estado que a un corrupto”, afirma.

En sus ratos libres, este abogado se divierte jugando basquetbol, montando  en bicicleta con su hijo y chupando paletas de 2.000 pesos, placeres muy modestos en un hombre que conoce de opulencia y comodidades. Lombana prefiere escapar del estereotipo de muchos abogados, que por su capacidad económica viven en medio de la riqueza, lujos y excentricidades. No colecciona relojes caros, no lo desvelan los carros lujosos, no es socio de clubes, no tiene fincas y sus vestidos no son de marca ni hechos a la medida. Los restaurantes lujosos y las casas en el extranjero no lo descrestan. ¿Falsa modestia? Quizá sí, porque es una persona que ha acumulado fortuna por defender a los poderosos.

Lombana habla de manera abierta de sus amigos, entre los que se encuentra el hoy ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, pero también dedica parte de sus conversaciones para hablar de sus enemigos, entre los que se encuentran algunos políticos y colegas.

Este penalista está lleno de citas y de amenazas.  Va de un lugar a otro, de fiscalía en fiscalía, de juzgado en juzgado. No tiene tiempo para nada. Aún así no delega responsabilidades. La última cita la tiene hoy en la Comisión de Acusaciones de la Cámara, en la que tendrá que demostrar que el ex presidente Uribe no fue responsible de los seguimientos a los magistrados, periodistas y políticos de oposición.

Allí tendrá que batirse frente a las acusaciones, hasta hoy documentadas, de Piedad Córdoba, Gustavo Petro y el periodista Daniel Coronell, a quienes el gobierno anterior persiguió hasta el cansancio. Puede que los políticos y el periodista no sean como los Rottweiler que lo cuidan, pero sí perros Doberman. Y mientras saca todo su arsenal jurídico y político, el ex presidente Uribe acompaña a George Bush en la inauguración de su biblioteca en Dallas. De nuevo será Lombana, solo, el encargado de ladrar duro.



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