El ángel que salvó la vida de Manuel Teodoro

19 de mayo del 2018

Su voz se entrecorta cada vez que recuerda aquel suceso. La seguridad con la que se ve en la pantalla no es la misma cuando habla del tema. Lo que hoy es una experiencia difícil de contar, en su momento estuvo a punto de quitarle la vida. El 2013 sin duda que marcó un antes […]

El ángel que salvó la vida de Manuel Teodoro

Su voz se entrecorta cada vez que recuerda aquel suceso. La seguridad con la que se ve en la pantalla no es la misma cuando habla del tema. Lo que hoy es una experiencia difícil de contar, en su momento estuvo a punto de quitarle la vida. El 2013 sin duda que marcó un antes y un después en la vida de Manuel Teodoro.

A sus 58 años Manuel ya sabe lo que es estar al borde de la muerte. Esa sensación que muchos se preguntan cómo se siente, él la experimentó y la describe con tres palabras exactas: dolor, intranquilidad y euforia.

Fue exactamente hace cinco años. Una mañana de lunes mientras se encontraba en los estudios de Caracol Televisión, notó que algo no estaba bien. En un periodo de tiempo relativamente corto fue al baño más de tres veces, sentía nauseas, ganas de vomitar, sin haber consumido algún alimento que pudiese provocar ese malestar.

“A eso de las 9:00 de la mañana comencé a sentir como un malestar en todo el estómago. Cuando bajé a salud ocupacional de Caracol Televisión me tomaron la presión y se dieron cuenta que la tenía muy bajita, sabía que las cosas no estaban bien así que decidí acudir al hospital”, cuenta el periodista a KienyKe.com.

Previendo lo peor y quizás con la experiencia que le ha dado el oficio periodístico, antes de emprender rumbo al hospital, Manuel decide llamar a su cardiólogo de confianza, el doctor Mario Bernal de la Clínica Santa Fe. Una decisión que para muchos podría ser exagerada, pero que para él sería cuestión de vida o muerte.

Debido a su difícil condición de salud le era imposible manejar, por esto, el encargado de la titánica labor de conducir por las calles de Bogotá a las 10:00 de la mañana hora en la que la medida de pico y placa no rige, fue Alfredo Cerdeño, trabajador del canal, otro de los héroes de esta historia.

Mientras se dirigían a su destino, ocurrió lo peor. Un pálido, sudoroso y frío hombre se desvaneció en el interior del vehículo. Aquella sensación es imposible de olvidar. Manuel un hombre acostumbrado a transmitir a los colombianos las historias más asombrosas de alegría, tristeza y dolor, sintió en carne propia el dolor más grande de su vida: su corazón dejó de funcionar.

“Es un dolor bastante desagradable, desgarrador e imponente. Es como si alguien pudiese meter su mano debajo de la piel, las costillas y agarrara el corazón y  lo apretara lo más fuerte posible hasta que se detenga. Es una sensación horrible”.

Como si no fuese suficiente, el dolor iba más allá. Sentimientos como rabia e impotencia se apoderaron de él. No es fácil querer inhalar aire y que el cuerpo no lo reciba, tampoco lo es ver pasar la vida en cuestión de un minuto mientras el conductor desesperado intenta llegar al hospital y el tráfico bogotano no se lo permite.

En estos casos donde la vida depende de un hilo se requieren acciones rápidas, fue allí cuando el desespero llevó a Alfredo a conducir como loco. Subía por andenes, evitaba vehículos, eso sí, nunca puso en riesgo la vida de alguien. Fue en ese momento donde apareció un ángel. Contrario a aquellas narraciones que los describen como sujetos de atuendo blanco y rostro de pureza, este llegó con uniforme verde a bordo de una motocicleta de alto cilindraje, era un policía que al parecer pertenecía al esquema de seguridad de un alto funcionario.

– “¿Qué está pasando?” Preguntó el agente.

El conductor en medio de su desespero quedó sin palabras. Su única reacción fue mostrar a Manuel que ya había perdido la conciencia. El ángel vestido de verde entendió de inmediato la situación, y lo que hizo fue activar su lira que sonaba en forma de sirena policial y que milagrosamente logró despejar el camino, ahorrando una cantidad de tiempo considerable y dejandolo en la clínica donde estaba siendo esperado por una camilla y el equipo de reanimación.

“Ese hombre me salvó la vida. El conductor me contó que el policía se quedó un buen rato en urgencias esperando a que mi estado de salud mejorara. Después fue a visitarme en el hospital y entablamos una amistad muy bonita”.

Después de aquel suceso la vida de este reconocido periodista que genera todo tipo de sentimientos en los colombianos cambió del cielo a la tierra. No se cuida como quisiera, pero lo hace en su medida. Hace ejercicio, piensa qué tipo de alimentos va a consumir, redujo sus niveles de estrés y hace lo posible por no pensar en dinero, tal y como dice ese adagio popular “uno se muere y no se lleva nada”.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO