El autoengaño de la iluminación espiritual

13 de mayo del 2019

¿quién soy? ¿De qué se trata la vida? Y ¿de dónde vengo y para dónde voy?

El autoengaño de la iluminación espiritual

¿Qué es estar iluminado? Sintetizando las enseñanzas de los auténticos maestros espirituales, religiosos e iniciáticos antiguos y contemporáneos, desde mi humilde interpretación podría decir que iluminarse es vivir de instante en instante y en congruencia con uno mismo.

Descubriendo que soy mi mejor amigo y que por eso debo cuidarme, respetarme y vivir en dignidad, ayudando sin ninguna exclusión a los demás y encontrar en esa armonía y paz interior, el amor incondicional de un Poder Superior a mi ego y que cada uno de ustedes puede llamar Dios, naturaleza o energía divina, según sus creencias y experiencias espirituales.

De igual manera, es develar el misterio de la génesis de mi existencia detrás de la materia, intuyendo que cada partícula de la vida y del universo, están impulsadas por una inteligencia divina que evoluciona hacia la unión y la perfección trascendentes.

Aquellos que buscan el significado profundo de la vida, se han hecho en su interior esta misma pregunta, pues esa fuerza de la inteligencia por evolucionar se manifiesta en la necesidad consciente o inconsciente de saber: ¿quién soy? ¿De qué se trata la vida? Y ¿de dónde vengo y para dónde voy?

En esta época de la sociedad del hastío, del consumo, de la enfermedad mental y el caos emocional, la búsqueda de la tranquilidad espiritual se convierte en una necesidad esencial casi tan importante como la de respirar y la cual se extiende hacia el bienestar integral y la felicidad.

Esta necesidad ha sido detectada por instituciones religiosas, sectas, grupos esotéricos, empresas y personas con “dones psíquicos”, que han visto en este florecimiento espiritual un muy buen negocio.

La nueva industria de la iluminación promete que en pocos días sus usuarios pueden conectarse directamente con la divinidad, activando su maestro interno que los iluminará para siempre.

Cientos de libros, conferencias y artículos nos prometen estados místicos y transformativos, que no se mantienen en el tiempo, pues la euforia de lo novedoso como es hija del consumo, adolece de raíces que la sostengan.

Paralelamente, “nutre” a las personas de psicotecnologías como los pulsos vibracionales, grabaciones de relajación y auto hipnosis, múltiples aplicaciones de transformación interior y canales de videos con tutoriales trascendentes.

Sin duda, algunas de estas ofertas tienen una relativa utilidad para las personas que comienzan a descubrir que existen posibilidades más allá de sus expectativas materiales. Este camino intuitivo anuncia que no son sólo el cuerpo, las emociones y la mente, los que le dan sentido a la existencia.

Estas puertas se entreabren, pero si no se tiene conciencia de la necesidad de un proceso lento, responsable y maduro, estos ofrecimientos de servicios espirituales para volverse un “iluminado” que aparentemente son el remedio para curar todos los males, resultan al final mucho peor que la enfermedad.

Sin comprender quiénes somos en realidad y menos cómo es nuestra condición humana, no podemos aspirar a entender la misión que vinimos a desarrollar a este mundo.

¿De qué sirve estudiar nuestros ancestros, vidas anteriores o una procedencia interplanetaria, si ni siquiera conocemos el funcionamiento de las bases sociales o políticas de nuestro país de origen y tampoco sabemos cómo gestionar las emociones o el dominio de sí mismo?

En mis asesorías como Coach de Vida, inicialmente puede ser ese el sentido de la consulta, pero después de despejar muchos cuestionamientos interiores, logramos encontrar una interpretación más significativa y menos superficial de la existencia.

Estos impulsos y deseos obsesivos, son el producto de sus vacíos emocionales, que al no resolverse se convierten en neurosis, adicciones y bloqueos emocionales.

El ego como falso maestro

Foto: Cortesía Armando Martí

El ego es el disfraz preferido del autoengaño espiritual. Esa necesidad de ser un maestro que siempre está bien, que todo lo sabe, que nada lo inmuta y está por encima de los demás, es una de las más nocivas actitudes narcisistas que afectan no sólo la psique sino a quienes se dejan convencer de sus enseñanzas aparentemente trascendentes, pero sustentadas por un papel que esta persona iluminada interpreta para alimentar sus deficiencias emocionales.

Los antiguos y reales maestros espirituales, purificaban inicialmente su Yo psicológico fusionando su sombra con la luz, para conocer sus impulsos, deseos ocultos y desbordes emocionales más nocivos para ellos y los demás; y por medio de este aprendizaje, poder dominarse a sí mismos.

Reitero que este proceso no es cómodo, pues el trabajo espiritual no tiene nada que ver con la comodidad, es precisamente renunciar al facilismo y al escapismo, que esta sociedad superficial nos ofrece en forma de productos light como “iluminación inmediata”.

Es posible que conocerse a sí mismo retrase el progreso espiritual, ya que, se necesita tiempo para desbloquear traumas, heridas de infancia y entender las familias disfuncionales.

Pero este detox personal de superar la negación, habilita el descubrimiento honesto de aquellos dolores interiores más profundos y se convierte en la mejor herramienta, para abrir los caminos que como buscadores de la verdad, direccionamos hacia la auténtica iluminación espiritual.

El camino iluminado

Foto: Cortesía Armando Martí

El trabajo fundamental para convertirse en un verdadero maestro de vida, es tener presente los propios defectos de carácter que lo llevarán a enfrentar con valentía la manipulación de su propio ego, al declararse prematuramente un maestro de luz.

Uno de los efectos nocivos de estos productos espirituales es que se explotan con propósitos económicos y comerciales, induciendo a otras personas a expectativas exageradas, que quizás aplazan el tratamiento responsable y profesional necesario para aliviar sus síntomas de estrés interior, enfermedades psicosomáticas y angustia existencial.

Estos ofrecimientos aparentemente mágicos, terminan en algunos casos, estimulando la imaginación de los falsos buscadores espirituales que hábilmente evaden el proceso de confrontación y crecimiento personal, disfrazándose de un maestro interno que preserva su ego como una ficción de su delirante imaginación.

La actual invasión de maestros iluminados, se compara con las modernas adicciones a la tecnología como los teléfonos móviles, sustancias psicoactivas (marihuana y cocaína), sexo, videojuegos, entre otros.

Adicción espiritual

Foto: Cortesía Armando Martí

La espectacularización de la espiritualidad, es decir, todos aquellos movimientos, técnicas y soluciones espirituales que han surgido a lo largo de los últimos 20 años en forma de demostración, shows religiosos y exhibición de poderes y herramientas ficticias para curas milagrosas, están motivadas en algunos casos, por la necesidad de lucrarse económicamente a costa de la fe y la ignorancia de las personas.

Lo anterior, debido a que el constante objeto de deseo de las personas para colmar los vacíos interiores, es la búsqueda de experiencias místicas que tengan la capacidad de revelar su esencia divina que los hace únicos e irrepetibles.

Todo esto, en su afán de alcanzar niveles trascendentes de forma “rápida” pues el tiempo es “oro”, pero adolecen de lo esencial: una preparación previa y consciente para comenzar esta búsqueda espiritual.

El problema está en que dichas prácticas son utilizadas más frecuentemente para escapar de sí mismos en fantasías y conocimientos espirituales, de una realidad que no quieren enfrentar.

Este enganche o “salida de escape” a través de la espiritualidad, es menos reprochable y moralmente mejor aceptada por la sociedad. De ahí que se permee tan fácil en las capas de la cotidianidad, pues al individuo le cuesta identificar que en el fondo está herido y busca cualquier tipo de solución que alivie el dolor.

Sin duda alguna, la “salvación” como promesa que se encuentra en la espiritualidad, es uno de los atributos más atrayentes, pues la culpa y la vergüenza son elementos que pesan a nivel mental y emocional en un ser humano, quien al no conocerse ¿cómo puede aspirar a tomar decisiones que lo beneficien de fondo?

Por esta razón, buscan un refugio en figuras de poder que tienen la capacidad de contenerlos en medio de las turbulencias del alma y los colapsos afectivos, después de que los medios de evasión como el sexo, la comida y el poder, ya no satisfacen o estimulan su sistema nervioso.

Entonces surge una nueva idea impulsada por la “mágica” sensación de emprender una “exploración espiritual light”, con el propósito de seguir profundizando en el potencial del cuerpo y la mente, olvidando que es difícil transcender lo que no se reconoce y comprende.

El dolor es inevitable en el camino de la vida, pero las personas adictas a la espiritualidad prefieren una dosis de canalizadores, psíquicos y drogas psicodélicas, para preservar este efecto como un “yonqui”, pero más temprano que tarde, el individuo se desmorona en medio del proceso.

Dicho mundo arquetípico configurado entre la necesidad de entender el origen de los vacíos interiores, sentirse aceptado y amado, junto con la ilusión de un camino menos confrontativo, llevan a las personas a un excursus espiritual de muchas corrientes que abandonan paulatinamente según su nivel de satisfacción frente a las expectativas del ego.

Emergencia espiritual

Foto: Cortesía Armando Martí

Las experiencias místicas pertenecen al ámbito de lo desconocido, es decir, se hayan fuera del dominio cotidiano y por lo tanto, se debe mostrar un respeto no sólo al más allá sino también a las limitaciones del ego, pues somos seres humanos.

El “ego espiritual” es un disfraz que se utiliza para infiltrarse en estos senderos de transcendencia. Por ejemplo el aspirante a maestro que contenga tendencias eróticas o sexuales, podría llegar a utilizar estos conocimientos para seducir consciente o inconscientemente a sus discípulas y seguidoras.

Asimismo, las personas que les gusta alardear de su status intelectual, adquieren títulos y lenguaje espiritual sofisticado, para lucirlos con los demás.

Este narcisismo espiritual a la postre convierte al actor en su propia víctima, pues paulatinamente el desequilibrio interior se agrava, debido a que la conexión con el Creador es falsa y su conciencia lo sabe.

A esto se le conoce como materialismo espiritual, el cual ha invadido la cultura de masas y distorsionado los términos y conceptos espirituales, al igual que aumentado la necesidad de hablar en clave espiritual en sentido de superioridad.

El camino de la iluminación

Foto: Cortesía Armando Martí

En un encuentro inolvidable y espiritual con S.S el Dalai Lama, entendí que con su sola presencia aún sin emitir una sola palabra estaba ante un auténtico maestro de compasión y amor.

La iluminación no se puede fingir, es como el amor: es o no es, y esa luz se percibe, por eso nuestra conciencia tiene certeza plena de esta verdad.

En una de sus enseñanzas nos mostró la esencia de la iluminación, a partir del siguiente relato: “Un monje tibetano estaba meditando por las montañas de Nepal, cuando se encontró de frente con un tigre devorador de hombres, muy hambriento.

El tigre percibió su olor y se vino directamente a devorarlo, pero el monje trató de esquivarlo y se dio cuenta que estaba ante un precipicio de cientos de metros. En ese momento, tuvo que tomar una decisión: ser desgarrado por el tigre o saltar al precipicio.

El monje saltó al vacío. En la caída se topó con unas lianas, las cuales el monje agarró, quedando suspendido en el aire. Respiró profundamente y sintió que su vida se había salvado.

Sin embargo, escuchó unos extraños ruidos y al mirar hacia la base de las lianas, estaban siendo devoradas por dos grandes ratas.

El monje al darse cuenta de la situación, miró el paisaje y a su lado encontró una mata que contenía una hermosa fresa. Con una de sus manos la arrancó y suavemente se la puso en sus labios, y empezó a saborearla”.

La enseñanza de este relato, queda plasmada cuando el monje se ilumina y deja de depender del pasado, el presente y el futuro.

El tigre representaba el pasado que lo devoraba, el futuro simbolizaba el salto hacia lo desconocido para olvidarse del pasado y el presente era el momento en que se salva con la liana.

Pero también en ese presente habían unas ratas, lo que significa que la vida siempre va a tener problemas, no es estática sino dinámica.

Entonces cuando el monje se liberó de las cadenas del pasado, el presente y el futuro, y vio la oportunidad de comerse una fresa y saborearla con felicidad, en ese preciso instante se iluminó.

Más allá de los deseos e intenciones erradas y acertadas entorno al por qué y para qué del desarrollo de nuestra inteligencia espiritual, podemos vislumbrar que la iluminación interior es un don cuyo misterio es difícil de entender.

Así queramos poseerlo o convertirlo en una metodología, es un merecimiento reconocido por nuestro Poder Superior que además es justo y necesario, para liberarnos de tantas fuerzas y cadenas pesadas en este plano terrenal, en donde no existe la perfección sino el progreso hacia el mejoramiento continuo y esencial de nuestra humanidad.

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