Así hacen el buñuelo más grande de Colombia

Foto: Kienyke.com

Así hacen el buñuelo más grande de Colombia

16 de diciembre del 2017

De corteza crocante y un centro suave y esponjado: Así es el buñuelo que miles de personas llegan a buscar a Sabaneta, el municipio más pequeño de Colombia, como si se tratase de un peregrinaje.

Y no es una exageración. Sea martes, Día de la Vírgen María Auxiliadora, o todos los días del mes de diciembre, los ríos de gente que llegan hasta el Parque Simón Bolívar para deleitar el paladar con esa delicia nacional son incalculables. 

Las dos pailas con aceite que rebosa, ni hirviendo ni muy fría, para que los pasabocas redondos queden a punto, empiezan a funcionar desde las 6 de la mañana y así por 19 horas, sin interrupción, para cumplir con la demanda. 

El Peregrino, un negocio que por 25 años ha estado en la misma esquina, en el pasaje de las delicias gastronómicas de esta localidad del sur del Valle de Aburrá, ha tomado tanta fama y su producto es tan apetecido, que el buñuelo se ha convertido en un espectáculo que robó hasta páginas de los Guiness Record. 

En una vitrina, al lado de las pailas de cocción, exhiben el que de lejos parece un balón de baloncesto pero en realidad es el buñuelo más grande de la región, de Colombia y quizá del mundo. Tiene unos cuatro kilos de pesos y su preparación toma cerca de cuatro horas.

Doña Ángela María Flórez, una mujer campesina que dejó el campo para tener mejor vida haciendo este particular alimento de sol a sol, es una de las encargadas de preparar la masa, moldearla hasta que adquiera esa perfecta forma redonda, y cocinarlo por el tiempo justo para que quede delicioso.

Y es que además de decorar, tiene comensales. Quien quiera disfrutar del manjar debe primero estar dispuesto a pagar los 50.000 pesos que cuesta y luego a compartir, porque es imposible que una persona sola se lo coma. 

Hasta Estados Unidos ha viajado el buñuelo más grande del mundo.  

Foto: Kienyke.com

El secreto de este y de los de tamaño regular, le contó a Kienyke.com doña Ángela, es el quesito. Sí, lo que enamora a los comensales de estas bolas de masa hecha con harina, huevos, leche y un toque de azúcar, es ese producto lácteo que normalmente acompaña las arepas.

El buñuelo, dicen los comensales, parece heredar esa textura delicada, que se deshace en la boca, y hace a los del Peregrino únicos. 

El más pequeño, de unos 180 gramos, cuesta 3.200 pesos, el que le sigue, que pesa cerca de un kilo, vale 10.000 y el gigante solo se hace por encargo. 

“El de 10 se demora una hora en cocinarse. Lo encargan mucho, sobretodo por la noche. Estamos echando unos dos o tres porque a la gente le gusta sentarse a comérselos entre varios y calienticos”. Ángela María Flórez.

Foto: Kienyke.com

Un pesebre hecho de buñuelo

Pero al Peregrino no solo llegan los comensales a fascinarse con el buñuelo más grande del mundo, ni a saborear los que le siguen en tamaño. También le hacen fila al pesebre.

La razón no puede ser otra, el producto estrella del lugar es el protagonista. Con la masa de los buñuelos, Lucrecia Osorio y otros empleados del lugar se encargan de recrear a Jesús, María y José, el burro y el buey. 

“El pesebre lleva 7 años, cada año es distinto. Los compañeros colaboran con el diseño y aprovechamos los materiales ecológicos: las canastas y las cáscaras de huevos, las botellas de gaseosa, y obviamente la masa para hacer las 40 figuritas que tiene”, explicó Lucrecia.

Claro que para que no se descomponga la materia prima principal, los muñecos de buñuelo no se cocinan como los que se comen, sino que se dejan en el aceite 30 minutos o una hora más. 

Todo un espectáculo que anima a más de uno a visitar este encantador lugar, que no solo representa las tradiciones antioqueñas y colombianas, sino que representa el espíritu de la fiesta de la Navidad.