El carga ladrillos

El carga ladrillos

20 de diciembre del 2010

No es una novedad decir que Juan Carlos Osorio es un tipo metódico y obsesivo. Su fama no es gratuita y se la ha ganado con una infinidad de detalles, algunos conocidos, otros no tanto. Cuando las cámaras lo enfocan en los partidos, por ejemplo, es fácil verlo arrodillado cerca al campo de juego, con la mirada fija en los detalles del juego. También es común que tome apuntes en una libreta para llevar registro de las acciones de su equipo y el rival. Pero no es necesario contar tales pormenores, fáciles de descubrir por televisión.

Con 49 años, una cédula que dice que nació en Santa Rosa de Cabal y el pelo cada vez más gris, Osorio ha construido su nombre con detalles pequeños, pero dicientes. Era un adolescente cuando integró una selección Colombia prejuvenil dirigida por Eduardo Julián Retat, hombre que años más tarde se haría cargo de equipos como Unión Magdalena y Millonarios. Osorio llevaba arete, algo novedoso para la época, y recuerda que a un joven samario le llamó la atención el accesorio y le dijo que quería hacerse uno. Se trataba de Carlos “el Pibe” Valderrama. Armado de aguja, alcohol y algodón, Osorio perforó su oreja. Los años pasaron, la vida llevó a ambos por caminos diferentes, pero el arete sigue ahí, como uno de los símbolos del samario junto con su cabellera.

Juan Carlos dejó una carrera como volante de creación en el Pereira y con 21 años se fue a Estados Unidos. Su propia versión del sueño americano consistió en trabajar como obrero de construcción, ser vendedor ambulante y pasar largas horas a la intemperie. Pese a lidiar con ladrillos y no con balones, nunca perdió el norte y ahorró hasta el último centavo para pagarse sus cursos como entrenador de fútbol.

Con 29 años se graduó de educación física en la Southern Connecticut State University. Después se convirtió en el asistente técnico de los Staten Island Vipers, un equipo semiprofesional de Nueva York que jugaba en la A-League, la segunda división del fútbol en ese país.

Ascendió rápido y dos años después estaba en la Major League Soccer, también como asistente, pero de los Metrostars de Nueva York, uno de los equipos animadores del torneo. Pero el naciente fútbol estadounidense parecía poca cosa para sus capacidades, y en 2001 llegó al Manchester City, uno de los clubes con más tradición de la liga inglesa. Allí fue asistente de Kevin Keegan, un jugador histórico que disputó para Inglaterra el mundial de 1982, ganó el torneo más prestigioso de clubes de Europa, la Liga de Campeones,  obtuvo dos veces el balón de Oro como mejor jugador del año en el Viejo Continente y dirigió como entrenador a su país en la Eurocopa de 2000.

No eran buenos tiempos para el City, que durante la estadía de Keegan y Osorio jugó en segunda división. Entre los dos lograron el ascenso en 2002 y Osorio se mantendría allí hasta 2006. Él mismo cuenta que en el club de Manchester hubo un episodio que definiría su futuro. En pleno entrenamiento hubo un choque entre el veterano arquero danés Peter Schmeichel y el por entonces joven inglés Shaun Wright Phillips. Al ser el asistente técnico, los entrenamientos eran su responsabilidad y fue él el encargado de separar a los dos jugadores y bajarle la temperatura al asunto, todo bajo la atenta mirada de Keegan, que a lo lejos decidió no intervenir para ver cómo se comportaba su asistente. Después de mediar con éxito en la pelea supo que sería capaz de ser el entrenador principal de un equipo.

Antes de dejar Europa para hacerse cargo del Club Millonarios de Bogotá, Osorio obtuvo la licencia de entrenador de la Unión Europea de Fútbol (UEFA), la licencia de Dirección Técnica de la Real Asociación Holandesa de Fútbol y un diplomado en Ciencia del Fútbol de la Universidad de Liverpool. Con más grados que nadie era hora de probar que su capacidad iba más allá de las aulas de clase.

Logró clasificar al equipo de la capital a la Copa Sudamericana, pero la luna de miel se acabó por diferencias con los dirigentes, encabezados por Luis Augusto “El Chiqui” García, ex técnico de la selección Colombia y accionista de Millonarios.

En 2007 volvió a Estados Unidos para dirigir a Chicago Fire. Osorio es un hombre creyente que le atribuye buena parte de sus éxitos a la Divina Providencia y también un devoto de su familia, a la que muchas veces pone por delante de su profesión. Fue por razones familiares que dejó Chicago y se mudó a Nueva York para dirigir a los Red Bulls, equipo con el que logró un subcampeonato de la Major League Soccer. Sin embargo, sus pobres resultados en el siguiente campeonato precipitaron su salida y lo pusieron de vuelta en Colombia con una propuesta para dirigir al Once Caldas, que no dudó en aceptar.

Estuvo a punto de salir del equipo de Manizales cuando quedó por fuera de la Copa Libertadores en octavos de final, frente a Libertad de Paraguay, y luego tras caer goleado 5-3 contra el Deportivo Cali, que venía en decadencia. Pero con profesionalismo y disciplina logró mantenerse. Al parecer sus apuntes en la libreta, costumbre que le aprendió al holandés Louis van Gaal cuando siguió su trabajo durante un verano, le salvaron el pellejo. Supo recuperarse, empezó a ganar y no paró hasta el pasado domingo, cuando se impuso al Tolima en el juego decisivo de la final del fútbol colombiano.

Pero no todo lo logró con anotaciones y plegarias. Se la jugó cuando insistió en repatriar a Jaime Castrillón, quien se encontraba en el modesto y lejano fútbol de China, y se anotó también un par de puntos con la directiva del equipo cuando multó con una cifra superior a los treinta millones de pesos al lateral Luis Núñez por actos de indisciplina relacionados con el alcohol.

Osorio tiene una nueva Copa Libertadores en el horizonte, aunque asegura que sólo seguirá al frente del Once Caldas si le permiten armar un proyecto serio y a largo plazo. En caso de que las cosas no se den, ya tiene ofertas de la selección de mayores de Honduras y de Chivas Usa, también de la Major League Soccer. Así, Osorio podría volver a Estados Unidos, esta vez, de seguro, no para trabajar como vendedor ambulante.