El despelote de Transmilenio

El despelote de Transmilenio

17 de Septiembre del 2011

Si usted entra a las 6:00 p. m. a una de las 114 estaciones de Transmilenio y toma uno de los 1.290 buses, tenga en cuenta que ya, a esa hora de la noche, están cerca de alcanzar el recorrido número 1’700.000 que hacen en promedio durante un día de jornada.

El Transmilenio ya está viejo. Las profecías que varios sectores lanzaron al momento de su inauguración parecen hoy más reales que nunca: los buses articulados son una solución temporal a la hecatombe de movilidad de la ciudad. Los usuarios ya no aguantan más. En la última semana ha habido dos grandes manifestaciones.

El sistema fue inaugurado un día de paro de transportes hace diez años, y el caos de la primera vez no disminuye. Las filas a las horas pico, de 5:00 a 9:00 a.m. y 5:00 a 9:00 p.m.,  son apocalípticas: sólo en octubre se movilizaron a estas horas 191.335 personas. Hasta el 30 de julio de 2011 el sistema fue usado por 3.432.468.567 personas.

 Cerca de 180 mil personas se movilzan en Transmilenio durante las horas pico. 

Semejante flujo sobrepasa por completo las 160 personas que caben sentadas (48) y de pie (112) en cada bus. La fila de entrada a la estación crece sin mesura porque el flujo de buses y el ancho de las estaciones no dan para tanta gente. Los buses llevan a sus pasajeros empacados al vacío, en medio de malos olores –en todo el sistema hay sólo doce baños, su servicio cuesta 500– y del acecho constante de los ladrones.

Pero no sólo se arriesga el celular o la billetera en Transmilenio. Durante 2011 se han presentado 221 accidentes, 16 más que el año anterior. El último, sucedido a comienzos de septiembre en la autopista Norte con calle 127 dejó 86 personas heridas. Cada día son mayores las evidencias de que se trata de un sistema de trasporte que no está con la capacidad de responder a la creciente demanda sino que cada día son mayores los riesgos, además de la incomodidad que deben soportar los transeúntes, víctimas de un irremediable ‘despelote’.

La fila de entrada a las estaciones crece sin mesura porque el flujo de buses y el ancho de las estaciones no da para tanta gente.