“El Espacio se acaba es por falta de dueño”

27 de octubre del 2013

Ricardo Rondón fue por muchos años editor general del emblemático diario que ahora agoniza. Cuenta los secretos de la redacción y las razones que los tienen al borde del cierre.

El Espacio, Kienyke, Ricardo Rondón

Ricardo Rondón entró a trabajar al periódico El Espacio hace 26 años por la necesidad de dejar su trabajo de día como mensajero de esmeralderos y de noche como billarista. Ya había pasado por los oficios de afilador de cuchillos, vendedor de chances y cantante de tangos. La “bohemia”, como él la llama, lo estaba hundiendo a sus veinte años. En esos cafetines y antros encontraba historias que consideraba maravillosas. Borrachos, prostitutas y travestis lo motivaban a escribir. Lo hacía a mano y cuando le quedaba tiempo y tenía el dinero iba a la plazoleta de la Universidad del Rosario a que las digitadoras se las pasaran a máquina. Su otra afición era la lectura: el primer libro que lo impactó, a los 12 años, fue Crimen y Castigo de Fiódor Dostoievski.

Desde una cabina telefónica decidió llamar al editor de El Espacio Alberto Uribe, quien accedió a ver su trabajo. Le gustó. Como no había vacantes le propusieron empezar con colaboraciones esporádicas. Dos años después estaba de planta. Comenzó como cronista rojo. Su primera historia se tituló: “El estrangulador de la media negra”. Era el caso de un hombre que había aparecido colgado de un árbol en un sector casi desértico de Bogotá. No se sabía si era un suicidio o un asesinato, pero el fotógrafo tomó cuatro rollos de fotos y decidieron publicar dos páginas enteras con la historia. Sin saber ni siquiera el nombre del difunto Ricardo se ideó toda una diatriba con una descripción “cinematográfica” de la escena, en donde hablaba del “El asesinato considerado como una de las bellas artes” de Thomas de Quincey.

Con los años ascendió en el periódico hasta llegar a jefe de redacción, y finalmente, cuando Alberto Uribe se jubiló, fue nombrado editor general. Columnas como Juan Sin Miedo, Mundo Loco y los cuentos eróticos de Paco Apóstol salían de la reportería o imaginación de Ricardo. En Mundo Loco alcanzó a hacer más de 6.000 entrevistas a personajes como Fernando González Pacheco, Mario Vargas LLosa, Marcel Marceau, Celia Cruz y Vicente Fernández, entre otros. Las preguntas eran un especie de Cuestionario de Proust, como dice Rondón: “¿En qué momento se te jodió la vida? ¿Qué te daña el día? ¿Qué guardas debajo de la cama? y ¿cuál es la memoria olfativa de tu infancia?” Otro de sus trabajos era hacer el crucigrama, uno de los mayores ganchos de este periódico, y el característico horóscopo sexual. Saca un ejemplar, y con toda la elegancia del caso, lee:

-Aries: en una fiesta de costeños conocerás a Matías… te conquistará en un dos por tres y te lo hará en un tres por cuatro. Suerte con Matías la necesitarás.

El Espacio, Kienyke, Ricardo Rondón

Ricardo Rondón estuvo al frente de secciones de El Espacio como Mundo Loco, Juan Sin Miedo y el Horóscopo sexual. 

Ricardo, quién salió de El Espacio a finales de septiembre, junto con otros 13 compañeros -algunos con una gran antigüedad- dice que está reacomodando su rutina, aprendiendo a reconocerse a sí mismo, escribiendo más ficción y aprendiendo del mundo digital desde su blog: La pluma y la herida. Sentado en una mesa de El Bar El Mercantil, un café con una de las colecciones más grandes de tangos en la ciudad y el último donde aún atienden coperas, extiende algunos ejemplares de El Espacio y se sienta a rememorar gran parte de la historia de lo que hasta hace poco fue su casa.

El Espacio se acaba en cuestión de tiempo. Están trabajando con lo mínimo….”, dice.

¿Cómo se hacía El Espacio?

-Estoy seguro que las personas piensan que los que trabajan en El Espacio están en un sitio medio vampiresco con telarañas y todo, pero en realidad es una de las redacciones más sanas, nada de tomar los viernes. Allá no es que el editor tome sangre de gato o algo así, es gente normal, solo que es otro estilo de periodismo y aunque criticado y todo una gran escuela. Nadie se especializa en una sola área: la niña de farándula puede ir a hacer algo de judicial y viceversa- cuenta el exeditor de este medio.

Desde las 7 de la mañana se tejían las historias del día. Entre varios miembros del equipo pensaban: “¿Cómo titular?”; “¿cuál es la foto que puede vender mañana?; “¿cuál es el chisme de farándula del momento?”; ¿quién le pegó a quién?”

“El periódico se hacía con mucha camaradería, trabajo, optimismo, pasión por el oficio y suspicacia. Había mucha alegría en medio de lo doloroso de las noticias. El cierre es inminente a no ser de que se acerque alguien a comprarlo, pero tendría que meterle mucha plata”, afirma Ricardo.

El Espacio fue fundado el 21 de julio de 1965 por Jaime Ardila, quien lo pensó como un medio tradicional, pero con el tiempo optaron por un estilo amarillista. El modelo de tinta roja llegó de la mano de los editores Augusto Calderón y después de Alberto Uribe. Firmas como Jorge Gaitán Durán, Luís Carlos Galán, Ernesto Samper Pizano y Yamid Amat (quien trabajó varios años de planta y fundó la columna Juan sin miedo) pasaron por allí.

Los ingredientes para crear el periódico seguirían siendo: erotismo, violencia e ídolos religiosos o del argot popular, como el propio Diomedes Díaz o Rafael Orozco. “Ahí está pintado El Espacio porque el pueblo ama a sus ídolos. No hay sector de la población colombiana que quiera más a sus ídolos que la gran masa”, argumenta Rondón.

El Espacio, Kienyke

El Espacio fue pensado como un periódico tradicional cuando comenzó. Sin embargo, decidieron que elementos como la violencia o el erotismo venderían más. 

Precisamente la noticia más vendedora de El Espacio fue la muerte del cantante Rafael Orozco en junio de 1992. Podían explotarla como un problema relacionado con el narcotráfico, como hizo la revista Semana, o como un lío pasional. La segunda opción fue la elegida por este periódico. Durante un mes se publicaron todos los aspectos relacionados con su muerte. Tenían un periodista en Barranquilla y otro en Valledupar para cubrirlo.

Un fotógrafo de ferias de pueblos en la Costa los llamó para ofrecerles la foto de Rafael Orozco con su amante. Pagaron 100 mil pesos por la prueba. “La portada más vendedora era la del beso con ella. La anunciamos con cinco días de anticipación con el titular: “espere el próximo sábado la foto con la amante…”.

Fue un 2 de julio. Algunos noticieros habían ido al periódico para ver si en efecto iban a publicar la imagen porque la esposa de Orozco amenazó con demandar y hacer que cerraran El Espacio. El editor finalmente había convencido al dueño. Al otro día la aglomeración de distribuidores y voceadores en el parqueadero del periódico era tremenda. “Se agotaba como si fuera maíz pira en un reformatorio”, relata Ricardo. Más de 400 mil ejemplares vendidos en un solo día (la cifra regular de ventas de este medio en la época eran 125 mil).  En total la noticia de la muerte del ídolo vallenato dio una ganancia, según Rondón, de 5 mil millones de pesos.

“Marcamos un estilo con un tabloide que fue el decano del periodismo rojo en Colombia, un género que no es invento nuestro porque lo hay en todos los países del mundo, pero por ejemplo El Tiempo, que tanto nos criticaba por sensacionalistas y amarillistas, también creó su tabloide. Es el diario del pueblo colombiano porque narra la cotidianidad, lo brusco, lo duro, lo cruel, lo insólito, lo imposible de creer, pero que existe”.

La tinta roja de El Espacio

Aunque El Espacio explotaba el tema de la farándula, su materia prima eran los personajes anónimos, extraídos de la cotidianidad popular. Por otra parte, estaban los violadores, expendedores de drogas y asesinos. Uno de los casos más explotados, pero que según Ricardo afectó mucho a la redacción, fue el de Luis Santiago, el bebé al que asesinó su padre. “La gente cree que uno pierde la sensibilidad pero esta aumenta. Me dio mucha rabia y dolor. Yo, por ejemplo, tengo un hijo al que amo mucho y cuando ese tipo engañó a la gente, nos dolió muchísimo. En algún punto se filtraron unas fotos del cadáver por parte de la Sijin y la dueña, doña Helen Sierra de Ardila,  prohibió publicar”.

Otras de las historias que a Ricardo conmovían eran las de la gente que se encontraba frecuentemente en la calle. Por ejemplo, la de un hombre que se disfrazaba de mujer y pedía dinero en la carrera Séptima. Le ofreció hacerle un reportaje. Lo invitó a almorzar y se enteró de que era papá cabeza de familia y mantenía a sus tres niñas de esa forma.

Otro de los reportajes más extensos que realizó fue el cambio de sexo de un travesti en Quito. Ricardo se encontraba cubriendo, junto con el fotógrafo Álvaro Fernández, el caso de una mujer que le cortó el pene  a su esposo, un militar, por serle infiel. Estaban cerca a la frontera con Ecuador  y consiguieron un cirujano que les dejaría fotografiar la operación de cambio de sexo en el vecino país.

Un domingo por la tarde llegaron a Quito. Del aeropuerto salieron directo para el salón de belleza del travesti, quien no sabía que esperaban documentar la operación. Era barranquillera, se llamaba Vanesa. Álvaro había comprado unos chocolates y le aseguró a Ricardo que iba a convencer a Vanesa. Lo único que debía hacer Ricardo era pedirle un corte de pelo, mientras la persuadían.

El Espacio, Kienyke

Personajes extraídos de la cotidianidad popular, que pasaban por experiencias increíbles, eran el ingrediente de este medio. 

-Cuando llegamos Vanesa nos dijo que ya iba a cerrar, pero Álvaro le contó que éramos periodistas y le dijo que nos interesaba hacer la nota de una barranquillera que era la reina de las peluqueras en Quito. No hay una táctica más sugestiva en este medio que subirle el ego al protagonista, eso es el 80 por ciento del trabajo. Mientras me cortaban el pelo, él sacó de la maleta la caja de chocolates y le dijo: ‘esto es para ti mi amor. Y muchas felicidades por ese cambio que vas a hacer mañana’. Vanesa se escandalizó: ‘¿pero ustedes por qué saben?’, exclamó. Álvaro le dijo que sería todo un orgullo su cambio de sexo y que había que resaltarlo. La invitamos a comer y al otro día nos saludó de pico en el hospital. Es que la lengua de Álvaro era una cosa muy jodida. En 4 horas y media casi me desmayo. No había visto tanta sangre en mi vida. Con la piel del pene le hicieron la vagina y todo quedó registrado. Tuvimos 10 entregas donde narré el nacimiento de Vanesa en Barranquilla, la prostitución en Quito, sus amores y rematamos con la operación. El último título de todas las entregas: “Gracias a Dios, ya soy mujer”.

Álvaro Fernández, el fotógrafo que lo acompañó en esa ocasión, cumple actualmente una condena por pornografía infantil. Ricardo afirma que como fotógrafo era excelente, pero lamenta “sus mañas”, porque a pesar de no ser amigos, sí eran buenos colegas. Con Fernández también lo enviaron a cubrir el naufragio de una embarcación en República Dominicana. La historia eran las 8 personas que sobrevivieron gracias a que una mujer los amamantó durante tres días. El reportaje tuvo 18 entregas. Fueron el único medio colombiano en el lugar de la noticia.

Las razones de la crisis del periódico

Después de tantos años trabajando en El Espacio lo que menos quiere Ricardo es hablar mal del medio que fue su casa. Sin embargo, afirma que hace 10 años comenzó el declive de este periódico -que alcanzó a ser el segundo en ventas y circulación después de El Tiempo– porque no se realizó un suplemento por regiones del país. Por otro lado: el precio; “Mil doscientos pesos para competir contra: dos periódicos gratuitos: ADN y Publimetro, y por lo menos acá en Bogotá con tres periódicos más a 700 pesos:  El Q’hubo, el Mío y el Extra. Ni hablar de los de la Costa”.

Por otra parte, el dueño actual, Pablo Ardila (exgobernador de Cundinamarca) no estaba muy presente. “No se están vendiendo más de 5.000 periódicos diarios en todo el país, es muy baja la venta. Otra de las fallas duras, como no había dueño, era la circulación. El personal de esa área llegaba al periódico a las 8 de la mañana.  Tú no puedes abrir una panadería a esa hora porque el resto ya vendió el pan. No hubo una mano fuerte que pusiera todo a marchar. Pero esta historia se podría titular así: ‘El departamento de circulación mató El Espacio’. También este medio necesitaba que se le inyectaran plata, tecnología a la página de Internet y si lo hubiéramos vendido gratis, viviendo de la pauta, habría sobrevivido”, argumenta el exeditor.

El Espacio, Kienyke

El precio y la falta de innovación frente a la competencia son dos de las razones por las que El Espacio se acabaría, según Rondón.

El periódico aún debe cumplir con compromisos editoriales y de pauta que tiene, pero según Rondón, la orden es  cerrarlo. Muchas de las personas de más antigüedad, como Daniel Romero, el foto mecánico del periódico, y quien llevaba 40 años allí, salieron.

“La gente que compra periódicos es mayor de 40 años, a los pelados no les importa, tienen otro tipo de entretenimiento. Creo que el papel en serio tiene muy pocos años por delante. A nosotros el Internet también nos mató”.

Para no olvidar de El Espacio

¿Las cartas del Consultorio Sexual se las inventan?

Al principio sí tocó así, con los años no, para nada, es un espacio muy nutrido.

¿Es verdad que llegaron a echarle salsa de tomate a los muertos?

No, incluso en la última etapa se le borraba mucho la sangre a las víctimas. El Espacio fue muy escandaloso en los años 80 porque el editor sacaba cosas verdaderamente tremendas, repulsivas para el público, pero don Jaime Ardila empezó a censurarlo porque en vez de vender le quitaba la buena fe al periódico. Eso tampoco funciona todo el tiempo.

¿Recuerda alguna historia que hayan censurado por escabrosa?

Sí, me tocó debatir mucho con el antiguo editor, aunque de manera respetuosa, cuando iba a publicar la foto de un decapitado que encontraron en Corabastos al lado de unos escombros y una basura y le dije ‘no jefe eso está muy duro, muy tenaz’. Me hizo caso cuando le argumenté: ‘nosotros tenemos hijos’. Yo era consecuente con el lector y uno tiene que tener esa sensibilidad también: así trabajes en un medio amarillista debes ser cauteloso.

Usted tituló en muchas ocasiones algunos de los artículos…¿qué títulos memorables se le vienen a la mente?

Sobre un profesor violador en Girardot que acosaba niñas y una lo denunció, titulé: “No se lo dio y la rajó“. Antetítulo: Un profesor perverso en Girardot.

Uno usual cuando mataban a algún panadero era: “Fue por pan y le dieron pum”. Otro: “Hoy no hay pan, mataron a Don Chucho”.

Durante un asalto a un motel en Chapinero : “Les robaron hasta los cucos”.

“Cucos reales” para el artículo que consiguió el fotógrafo el día que se metió debajo de la escalera por donde se bajaban las reinas del avión y les ponchó a todas los cucos. Publicamos la secuencia de cada cuco con su respectivo título: cucos señorita Antioquia, señorita Valle, y así. Don Raimundo Ángulo vetó El Espacio en el reinado gracias a eso.

¿No se ganaron muchas demandas?

Claro que sí. La demanda de la esposa de Rafael Orozco costó  250 millones de pesos. Otra fue la de el actor Mauricio Figueroa, quien era amigo mío. Una productora me mandó una foto de él muerto. Parecía de El Espacio, pero era de Colombiana de Televisión. Se la mostré al editor porque de pronto vendía para el sábado y él se emocionó. Alberto dijo: pongamos ‘Mataron a Mauricio Figueroa’. Le dije que nos meteríamos en la grande, pero finalmente lo dejó así: “Asesinado Mauricio Figueroa”. Al otro día hasta Pacheco me estaba llamando a preguntarme si era verdad y yo desmentí el chisme, pero aunque en la leyenda dijera que era para el papel una novela, sin embargo eso fue una demanda dura. Tocó pagar más de 100 millones de pesos porque el mismo Mauricio contó que a una familiar suya le dio un infarto cuando vio el periódico y eso a él le hizo mucho daño.

¿En el periódico no había sanciones por ese tipo de cosas?

Al editor no, tenía la sartén por el mango y era el manda más. A mí tampoco porque hice lo que él me pidió. Cuando yo fui editor era la misma línea, pero más equilibrada. Alberto era un personaje imperturbable, no hacía concesiones con nadie, neurótico, pero con sus cualidades y un olfato periodístico impresionante. El marcó la pauta con lo de los temas por entregas.

¿Cómo fue para usted personalmente dejar de trabajar en El Espacio después de tantos años?

Me dio nostalgia, pero también descanso, porque fue un trabajo muy arduo. Mientras que sale algo, tengo proyecto de dar clases y seguir escribiendo mi blog: La pluma y la herida. Continuo con el hábito porque esto no se puede dejar y después de tantos años es una adicción. Estoy más despejado, escribiendo cuentos, crónica, voy a actividades, hago entrevistas. Sin embargo, buscando mi siguiente trabajo.

¿Y a los lectores de El Espacio cómo los afectó?

Para la gente es duro, pero también para los colegas, porque para ellos es difícil perder la competencia: es que uno se mira en los otros espejos, entre más haya competencia mejor. En el periódico no supieron recapitular esa misma capacidad de la época dorada de El Espacio. En otras palabras faltó dueño, él está al otro lado del océano.

@JuanaRestrepo87

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