El general Naranjo habla del proceso 8.000 y “absuelve” a Samper

Foto: @ernestosamperp/Vicepresidencia

El general Naranjo habla del proceso 8.000 y “absuelve” a Samper

28 de abril del 2017

La entrevista-libro con la revelación de los más grandes secretos policiales del general Oscar Naranjo, convertido en Vicepresidente de la República, acaparan la atención del país político en la Feria del Libro.

Hay un capítulo muy interesante, en la publicación del periodista Julio Sánchez Cristo, que se consagra como excelente preguntador y –Colombia lo sabe- uno de los hombres mejor informados del país. Es el caso Samper, el llamado proceso 8.000 y las dudas que rodearon el apoyo de la mafia a su campaña política que lo llevó a la Presidencia (Samper anda por aquí en el Valledupar, disfrutando del Festival Vallenato).

Naranjo despeja sospechas sobre Samper en torno a que protegiera a los capos del Cartel de Cali (los Rodriguez Orejuela, sus presuntos benefactores) pero en cambio de Fernando Botero asegura que “fue el gran responsable”.

Con autorización de la editorial Planeta, que publica el libro de Sánchez Cristo, presentamos el capítulo en referencia.

General Naranjo, la sensación que quedó en el país es que usted y el general Rosso José Serrano sostuvieron al presidente Ernesto Samper.

Siempre se ha dicho eso, pero no es cierto. Mire, el presidente Samper tuvo el acierto de dar órdenes públicas directas y perentorias para capturar a los Rodríguez Orejuela. No hay una sola insinuación pública o privada de Samper diciendo no persigan a los capos de Cali. La cosa era al revés. La presión de Samper para irse contra el cartel era fuerte. Además, tuvo la suerte de que capturamos a Miguel Rodríguez justo cuando se le venía encima el escándalo de la ‘Monita retrechera’, que hubiera sido muy complicado. Hay tanta perversidad en esto que incluso se llegó a decir que las capturas de los Rodríguez fueron concertadas porque había preacuerdos con el gobierno. Lo cierto es que fueron capturados.

portada libro

¿General, durante ese tiempo no aparecieron pruebas concretas contra el presidente Samper?

En el marco de la operación tuve muchas dudas con el expresidente Samper; sin embargo, lo que resultó evidente es que nunca obtuvimos una prueba reina que lo implicara directa y personalmente.

O sea, no hay un maletín con la prueba…

Sí hubo maletín, pero ese maletín no contenía una prueba directa: una carta, un cheque o una grabación que lo comprometiera directamente con los Rodríguez Orejuela.

De todo lo que oían en la inteligencia, ¿nada?

Nada.

¿El famoso maletín de Miguel Rodríguez existió?

El maletín existió, desde luego. Lo encontramos en uno de los allanamientos, cuando Miguel Rodríguez logró evadirnos porque se metió en una caleta que no pudimos encontrar, pese a que él estaba ahí. Había un escritorio con un maletín oculto, lleno de información muy importante, particularmente cheques que habían girado a mucha gente. Pero debo decir que no hay un cheque a Samper ni a la campaña. Nada.

Pero no hay duda de que varios millones de dólares del cartel de Cali ayudaron a elegir al Presidente de Colombia en 1994. Así no hubiera pruebas directas contra él, en su opinión ¿Samper debió renunciar por pura responsabilidad política?

Creo que el desenlace que tuvieron las operaciones contra los Rodríguez y el desenlace judicial del caso del ministro de Defensa, Fernando Botero, dejaron habilitado a Samper para seguir gobernando.

A juzgar por sus palabras, ¿Fernando Botero fue el responsable del ingreso de la plata del cartel a la campaña?

Por mis palabras, basadas en la decisión judicial que lo condenó, Fernando Botero fue el gran responsable y, a decir verdad, del ministro Botero siempre tuve muchas dudas, y surgieron a raíz por ejemplo de algo que él hizo con un informe que le entregué. El asunto es que ya como oficial de inteligencia contra el cartel de Cali, lo primero que hice con el ministro Botero fue decirle que por razones de seguridad no era conveniente que nos reuniéramos en su despacho en el Ministerio de Defensa. Entonces él decidió que nos viéramos en el bar Chispas del hotel Tequendama. Ahí me citó a varias reuniones. En la primera charla bien, pero en la segunda empecé a sospechar que me estaba sacando información de inteligencia. Pero las cosas empeoraron en una ocasión en que le entregué un informe de inteligencia que planteaba la posibilidad de que en el hotel Intercontinental de Cali se llevaría a cabo un fin de semana una reunión en la que se celebraría la primera comunión de una de las hijas de Miguel Rodríguez. Le dije “ministro, debemos estar pendientes porque están llegando noticias de ese evento”. Eso fue un viernes a las cinco de la tarde. De vez en cuando yo iba los viernes en la noche a la revista Semana y preciso ese día pasé por allá. Mauricio Vargas, el director, me contó que el Ministro de Defensa había estado en la revista y les había llevado una noticia grande: un informe de inteligencia que alguien de la Policía les había filtrado a los Rodríguez Orejuela que les advertía que la Policía ya sabía de la primera comunión de la hija de Miguel Rodríguez en el hotel Intercontinental de Cali. Peor aún: el Ministro le dijo a Vargas que había que desconfiar porque la Policía nunca iba a capturar a los Rodríguez. Mauricio me mostró el informe que había recibido. Era mi informe. Lo que entendí era que el Ministro quería enviarles un mensaje a los Rodríguez de para dónde iban los tiros.

¿Y usted que hizo?

A partir de ese momento empezamos a compartimentar al Ministro, no contarle todo lo que sabíamos. Y luego empezamos una operación de desinformación: le entregamos informes sobre la ubicación no precisa de los Rodríguez y nos dábamos cuenta de que ellos los recibían. Por ejemplo, al comienzo teníamos la certeza de que Miguel Rodríguez estaba en Cali, pero se encerraba en caletas y apagaba los teléfonos y por eso hallarlo no se veía fácil. Entonces le decíamos al ministro que podría estar en Cartago, por ejemplo.

¿Y Miguel Rodríguez aparecía?

La parafernalia funcionaba perfecto porque al día siguiente Rodríguez prendía el teléfono y se comunicaba con alguien y le decía riendo que “esos policías están perdidos, dizque buscándome en Cartago”.

¿Y fue una instrucción suya decir que estaba en Cartago?

Claro, y estaba en Cali.

O sea, usted despistaba al Ministro…

Y despistábamos también a los Rodríguez y ellos bajaban la guardia.

¿Cuál es su conclusión de lo que pasó en la campaña del 94?

Creo, como se ha dicho, que Fernando Botero es el gran responsable de ese proceso. Deduzco, y es mi opinión subjetiva, que el Ministro es el responsable de no haber interpretado bien al entonces candidato Samper. Mi conclusión es que, en un momento dado, para ganar la segunda vuelta, Botero le debió decir a Samper “esto hay que ganarlo sí o sí” y Samper le dijo “hágale, ganemos esto”, pero no creo que Samper le haya dicho “vaya y pida plata al cartel de Cali”. Samper confió en Botero por su prestigio, por su inteligencia, por su tradición familiar; incluso Samper pensaba que Botero lo conectaba con un sector de la política y de la dirigencia colombiana. Y lo dejó hacer lo que quiso.

¿Qué actitud asumió Botero cuando empezó la captura de los capos? Por ejemplo, ¿qué hizo el día de la detención de Gilberto Rodríguez?

Frente a la captura de Gilberto y Miguel, el Ministro asumió una conducta de normalidad y satisfacción.

Pero recuerde que una cosa era capturar a los capos de Cali y otra extraditarlos. Y Samper no ayudó mucho para extraditarlos.

Pero el gobierno del presidente Samper, y hay que darle el crédito al entonces ministro de Justicia, Néstor Humberto Martínez, hoy Fiscal General, porque fue el funcionario que lideró los debates para revivir la extradición en el Congreso, figura que había sido eliminada en la Constitución del 91.

Pero con la presión de los gringos…

Sí, pero hubieran podido no hacerlo. Realmente Néstor Humberto Martínez se propuso revivir la extradición en el Congreso y allí hizo un trabajo heroico.

¿Usted sabía que Estados Unidos le iba a cancelar la visa al presidente Samper?

Hubo un momento en que se perdió por completo la confianza de Estados Unidos en los funcionarios públicos colombianos. Debo decir que en efecto yo sabía que eso iba a pasar y que además quitaron otras visas en su momento.

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