El hombre que engordó un negocio con pastillas para adelgazar

22 de junio del 2012

El gurú de las dietas Jorge Hané, creador de Reduce Fat Fast, recuerda su juventud en Barranquilla, cuando recorría las calles en un Porsche.

El hombre que engordó un negocio con pastillas para adelgazar

Cuando se bajó del avión sintió una ráfaga de aire caliente sobre su rostro. Parecía un extranjero en su tierra: camisa, pantalón y zapatos negros, gafas oscuras y acento neutro con esa tonalidad de locutor que los televidentes escuchan varias veces al día en los principales canales de televisión nacional. Después de treinta años de ausencia, Jorge Hané por fin regresaba a Barranquilla

Luego de recorrer más de cien países impulsando su marca de pastillas dietarias Reduce Fat Fast, y de ser llamado el gurú de adelgazamiento en el mundo, volvió a recoger los pasos de su infancia de la mano de su esposa la ex modelo argentina Florencia Hané.

En la fila para recoger el equipaje, una señora, después de confirmar que el hombre era el mismo de los comerciales de televisión, soltó una exclamación que obligó a los viajeros a mirar al recién llegado “No joda, por fin regresaste a tu tierra”.

Al recorrer las calles vio nuevos edificios y nuevos centros comerciales. Mientras él envejecía la ciudad parecía renovarse. Su esposa, que pensaba encontrarse con un sitio pequeño, quedó encantada con las altas edificaciones, tiendas y restaurantes. Por el verano, se salvaron de los arroyos o ríos que recorren la ciudad cada vez que cae un aguacero.

Hané recordaba la dirección de su casa, fue hasta allí y advirtió entonces que el tiempo suele ser implacable con los recuerdos. El antiguo edificio donde se crió Jorge Hané estaba convertido en una bodega de ensamblaje de ventiladores. Viendo que la puerta estaba abierta, entró; seis trabajadores levantaron el rostro y se miraron entre sí para saber si alguno sabía por qué estaba extraviado en ese taller un personaje famoso seguido de una mujer alta con porte de modelo. El gurú del adelgazamiento les explicó que allí funcionaba una agencia de carros que manejaba su padre.

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Después de 30 años, Jorge Hané volvió a Barranquilla, su ciudad natal.

Luego le dio una mirada a su pasado observando el presente y empezó a describirle a su esposa dónde estaban los cuartos, la sala y la ventana por dónde se imaginaba que salía volando creyéndose Supermán cuando tenía 6 años. Ella lloró. En la época en que él era niño, y luego cuando creció y era un muchacho rubio de ojos azules que manejaba carros de marca Porsche, Florencia aún no había sido concebida. La pareja se lleva 27 años de diferencia.

Dos décadas antes de que Florencia naciera, Jorge Hané acompañaba a su padre a Bocas de ceniza a pescar en una lancha de madera. Era un niño rubio, blanco, casi albino que debían mantener con capas de bloqueador para que el sol no lo convirtiera en un camarón humano. Mientras el padre pescaba, el niño permanecía al lado de un muchacho a quien llamaban sándwich porque en vez cobrar dinero, pedía emparedados.

Recordando esos momentos de pesca en la niñez con su padre, se dirigió al club de pesca. Un viejo que lo vio de lejos le extendió una sonrisa y corrió a recibirlo. Jorge pensaba que era un admirador, al fin y al cabo es el gurú. Su esposa, acostumbrada a los abrazos de las mujeres agradecidas y los maridos aún más agradecidos por ver a sus mujeres con mejores cuerpos, esperó la llegada del viejo. “Don Jorge, cómo se pasa la vida. Yo era el que le aplicaba el bronceador cuando usted era un pelao”. Hané le preguntó si lo había reconocido por los comerciales. “No joda, yo no tengo televisor. Simplemente lo reconocí”.

En el norte de Bogotá, lejos del calor, del club de pesca y de la música tropical que invade las ciudades costeras, la pareja Hané está sentada en un sofá en el último piso de un hotel. De un computador portátil sale una melodía de Beethoven y afuera el cielo anuncia lluvia. Jorge mira la ventana y dice que extraña Barranquilla.

Él, como siempre está vestido de negro. Lleva 20 años en un luto permanente porque le gusta ese color. A su lado está Florencia. Ella sobrepasa el metro con ochenta de estatura, tiene unos inmensos ojos verdes y un rostro que a pesar de los 37 años parece sacado de la revista Vogue.

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Antes de crear las pastillas para bajar de peso era productor de videos de aeróbicos con famosas.

Mientras ella corría en uniforme de colegio en Argentina, Jorge Hané celebraba sus primeras nupcias con una peruana en Barranquilla. Luego, debido a la violencia del país, los secuestros y el narcotráfico de los ochenta, partió hacia Miami.

Empezó distribuyendo productos para el hogar en supermercados y dedicaba medio tiempo como productor de telenovelas como Cristal y La dama de rosa. Viendo que la protagonista de Cristal, Janet Rodríguez, era admirada por las mujeres y deseada por los hombres, Hané la convenció de hacer un video de aeróbicos diciéndole que la actriz Jane Fonda se había hecho famosa gracias a esos videos. Las damas empezaron a ejercitarse, y los caballeros se divertían viendo cómo se ejercitaba Janet Rodríguez. Fue un éxito.

Más adelante, Hané tuvo la idea de crear un plan de dieta que completara los ejercicios. Viajó a Tailandia, Indonesia, China e India y asesorado por naturistas mezcló té verde, té de java, y otros ingredientes que son tan secretos como la Coca-Cola, hasta crear el Reduce Fat Fast. La nueva marca iba acompañada de un video de la actriz mexicana Lucía Méndez luciendo un escultural cuerpo en una rutina de aeróbicos. Los ejercicios hechos por famosas, sumados a las pastillas y un libro de nutrición dieron como resultado el imperio de Jorge Hané.

El rostro del nuevo empresario empezó a llenar espacios televisivos. Él era tan reconocido como las pastillas. Las mujeres en la calle agradecían y algunas lloraban al verlo, como fanáticas enloquecidas. En los restaurantes la gente estaba pendiente de si el gurú comía carnes, pastas o verduras. Millones de personas compraban y consumían el producto y era tanta la fama que una publicación holandesa afirmaba que cada segundo miles de personas están ingiriendo una dosis de Reduce Fat Fast.

Mientras sus ingresos iban en aumento gracias al nuevo invento, el matrimonio con la peruana se acabó y Hané se convirtió en un soltero deseado en Miami.

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Ser el gurú del adelgazamiento lo llevó a tener un imperio que ya tiene 20 años.

Ante la cantidad de pastillas en el mercado y supuestos milagros adelgazantes, los farmaceutas y nutricionistas desconfiaron de la efectividad del Reduce Fat Fast y llenaron páginas de prensa y más adelante páginas virtuales criticando el producto y su creador. La mayor pregunta que se hacían era por qué una persona que no tiene título médico puede autodenominarse como el gurú del adelgazamiento en el mundo. Según Hané, él no fue el autor de tan elevado título sino los mismos periodistas, debido a que sus productos se encuentran en más de 100 países y nunca se le ha presentado una denuncia formal por engaño o falsa publicidad.

El éxito le dio para las sátiras. La gente empezó a imitar al hombre de sonrisa seductora y cabello rubio que halagaba a las mujeres en los comerciales. Hasta Florencia se burló de él la tarde que se conocieron en un restaurante de Miami en 2005. Hané recuerda que estaba cenando con un socio cuando vio entrar a un grupo de ‘barbies’ humanas seguidas por la dueña de una agencia de modelos que él conocía. Después de un rato se levantó de la silla y se dirigió a la mesa de las mujeres. “no puedo creerlo, detrás de mí tengo al gurú”, dijo Florencia después de beber una copa de vino. Ella no está acostumbrada a la bebida, y esa copa le bastó para que se sintiera de buen humor para molestar al extraño. A él le atrajo el desparpajo de la joven.

Días más tarde Florencia recibió mensajes anónimos con frases reconocidas en los comerciales de Reduce Fat Fast y entendió de dónde provenían. Una semana después fue invitada a una comida en su honor en la casa de Hané, pero ella se rehusó a ir. Al siguiente día las personas que asistieron hablaban de los exquisitos platos y del anfitrión. La siguiente semana recibió la misma invitación y se rehusó por segunda vez. Durante cinco semanas el empresario de pastillas organizó comidas en honor a la modelo y a ninguna asistió ella. Cansada de los comentarios de la gente acerca de los desplantes, llamó a Hané para pedirle que suspendiera las cenas y le dijo que la dejara en paz porque acababa de terminar una relación y no quería ningún compromiso.

El hombre se marchó a Ibiza y ella se quedó en Miami y comenzaron una amistad por correo electrónico. Dos meses después Florencia lo llamó y le dijo que sentía algo más que un simple aprecio. “Si de verdad me quieres vente mañana a Ibiza”, respondió Hané. Ella alistó maletas, tomó un avión y abandonó su trabajo por un amor incierto. A los seis meses él le pidió matrimonio a 37 mil pies de altura, mientras volaban de Hong Kong a Tailandia.

Llevan siete años de matrimonio. Florencia es la sombra de Hané y juntos comparten el imperio de Reduce Fat Fast. Si miles de personas no están consumiendo en este momento la pastilla, por lo menos están viendo al gurú en ese comercial que se trasmite una docena de veces al día tratando de convencer a las mujeres aburridas con unos kilos de más.

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