El hombre que hipnotizó a Mocoa

El hombre que hipnotizó a Mocoa

2 de septiembre del 2011

Roimire Zambrano Posada, un hombre de 1.62 metros de estatura, contextura mediana, 31 años, pelo largo y ondulado y apariencia de trabajador de circo humilde llegó hace una semana a Mocoa, Putumayo. Lo acompañaba su esposa, Adriana. Cargaba varias maletas. Arribó con intención de que los rectores de los colegios de la zona le dieran la oportunidad de hacerles terapias de hipnosis a los alumnos, una actividad que, según él, realiza desde hace 21 años.

Zambrano, nacido en Tena, Cundinamarca, venía del bajo Putumayo y del Casanare, donde ofrecía su show de hipnosis colectivo en colegios oficiales. Quienes querían participar,  sentir su cuerpo relajado y tranquilo, sólo tenían que pagar 500 pesos. Estando en Mocoa, visitó el colegio San Agustín y logró impresionar al público en los mismos territorios en los que alguna vez fue estrella David Murcia, dueño de la pirámide DMG, quien estafó a más de 500 mil personas.

Momento en que 37 niños son trasladados al hospital José María Hernández de Mocoa.

El miércoles pasado, Zambrano se dispuso a conseguir un nuevo cliente. Llegó hasta el Colegio Ciudad Mocoa y habló con el rector del plantel, Humberto Daniel Mora Acosta, quien le permitió conseguir clientes. Se trataba de niños de entre 13 y 17 años, de los grados octavo, noveno y décimo, que gastaron el dinero de sus onces en el show de hipnosis que Zambrano les vendió.

Eran las 8:00 a.m. cuando al menos 75 niños desembolsaron cada uno los 500 pesos y se prepararon para el acto. En ese momento, y por pura coincidencia, un grupo de policías y funcionarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), dirigidos por el mayor Mercado Díaz, comandante de la Policía Comunitaria, llegaron a la institución para implementar un programa preventivo de uso de sustancias psicoactivas.

El rector del plantel les dijo que no podían ingresar porque los alumnos estaban  participando de una actividad lúdica. Adentro, Zambrano hacía  su acto. El colegio entero lo presenciaba mientras el ‘mago’ invitaba a la tarima a varios niños para que hicieran parte de la actividad. Zambrano les tocaba la cabeza y los niños comenzaban a obedecer órdenes. “Suban las manos, agachen la cabeza, ríanse, lloren, dense la vuelta”, decía, y todos los niños cumplían las órdenes a cabalidad.

Los uniformados decidieron esperar y al cabo de 20 minutos tocaron de nuevo la puerta. En ese momento, el rector salió desesperado y le dijo al oficial encargado que lo ayudara porque varios niños estaban desorientados, otros parecían locos y algunos más lloraban y gritaban sin control. Todo era confusión.

La primera decisión fue convocar al párroco del barrio para que con sus rezos sacara del trance a los menores. El religioso llegó minutos más tarde y regó el lugar con agua bendita. Luego rezó varios Padrenuestros a viva voz. Pero ni sus unciones ni el agua bendita sirvieron para nada.

Los uniformados no esperaron otro milagro y decidieron trasladar a los menores que se encontraban en peores condiciones a un centro de salud. Treinta y siete niños llegaron al hospital José María Hernández, donde fueron atendidos de urgencia. Al cabo de varias horas, los niños fueron recuperando el juicio.

El ‘mago’ debe enfrentar cargos por lesiones personales y perturbación síquica.

Mientras la noticia se regaba como pólvora en el poblado, los medios nacionales registraban la noticia de que el ‘mago’ Zambrano había sido capturado. En su declaración dijo que desde hacía 21 años practicaba esta actividad, que era especialista en hipnotismo, el cual usaba como terapia para que niños y adultos no sufrieran de estrés.

El ‘mago’ quedó a disposición de la Fiscalía y en la mañana de este viernes debía presentarse a una primera audiencia ante un juez por el presunto delito de lesiones personales y perturbación síquica.

Ahora la administración de justicia deberá decidir si encarcela o lo deja libre. De ocurrir lo segundo, es muy probable que Zambrano continúe su peregrinación por otros departamentos ofreciendo un show de hipnotismo que en Mocoa salió mal.