El investigador de Uribe

El investigador de Uribe

31 de marzo del 2011

Hasta hace dos semanas, el congresista Alfredo Bocanegra sólo era conocido en el Tolima. Pero luego de recibir una llamada del ex presidente Álvaro Uribe se hizo famoso. Uribe le reclamó por una entrevista que dio a un medio local de Tolima donde prácticamente anunció que no iba a ser su aliado en la investigación que la Cámara de Representantes adelanta en su contra por el tema de las chuzadas.

Los medios se volcaron para entrevistarlo y sacarle datos de su conversación con el ex mandatario, a quienes muchos todavía le rinde pleitesía. “Yo no. No manejo el miedo reverencial”, dice. Fue parco, habló con Uribe de política y temas sociales. Pero muchos dicen que el ex presidente lo llamó para intimidarlo, porque Bocanegra será su investigador, junto con los representantes José Rodolfo Pérez y Heriberto Escobar.

Bocanegra es uno de esos congresistas llamados primíparos. Llegó al congreso en agosto pasado con 15.943 votos, 437 más que su contendor. No fue fácil. Pero goza de la vida de parlamentario: carro, escolta, asesores, buen sueldo, un asiento en la Comisión Constitucional. Mejor dicho, el estado cumbre de la política.

El congresista ya no tendrá tiempo de leer textos de derecho constitucional, como lo hizo en los últimos años. Ahora deberá estudiar decenas de grabaciones aportadas al proceso, como las de ex funcionarios del DAS que han sugerido que altos funcionarios del anterior gobierno les dieron órdenes de seguir ilegalmente a políticos, magistrados y periodistas.

Deberá leer más de 20.000 folios de ese expediente. Escuchar y evaluar las declaraciones de víctimas de seguimientos como el reconocido periodista Daniel Coronell, de los ex magistrados Yesid Ramírez y César Julio Valencia, y de políticos de renombre como Piedad Córdoba y Gustavo Petro, que tienen pruebas para demostrar  que el anterior gobierno los hostigó. Después, Bocanegra y sus compañeros decidirán si hay mérito para abrirle al ex presidente una investigación formal.

El representante Bocanegra deberá evaluar las declaraciones de Daniel Coronell, Piedad Córdoba y Gustavo Petro, víctimas de las ‘chuzadas’.

Otra de sus misiones será la de hallar a María del Pilar Hurtado, la controvertida ex directora del DAS asilada en Panamá, involucrada en las ‘chuzadas’. Si lo logra, llegará a la cumbre; si no, será señalado de ser uno de los tantos Representantes a la Cámara que han pasado por la Comisión de Investigaciones y acusaciones sin pena ni gloria.

En el Congreso aseguran que está en el peor de los mundos y él dice que hará respetar, al costo que sea, el nombre de esa Comisión. Tiene un duro reto, porque esa dependencia del Congreso ha sido estigmatizada por su histórica inoperancia. Por allí todavía ronda el fantasma del representante Heine Mogollón, que en 1996 como cabeza de esa Comisión, pidió archivar el proceso contra el presidente Ernesto Samper por haber recibido dineros del narcotráfico en su campaña.

Bocanegra habla duro. Como lo hizo a los nueve años, cuando pronunció un discurso que le hizo su papá, el ex congresista Campo Elías Bocanegra, para que lo recitara en el directorio conservador del Tolima, un departamento que vive y muere por ese Partido. Fue allí donde se hizo político, después de pasar todo tipo de penurias como estudiante en Bogotá.

Estudió derecho en la Universidad Católica de Bogotá. Vivía en el barrio Villas de Granada con una familia de apellido Serrano, que lo acogió por ser cercana a su papá, quien no podía darle lo suficiente porque debía repartir su salario entre 22 hijos. En Bogotá, salía temprano de casa y llegaba tarde en la noche, para no molestar. Se retiró cuatro veces de la facultad por falta de plata. Caminaba por horas para llegar a sus clases, porque no le alcanzaba para los buses. Se prometió volver a Ibagué sólo cuando tuviera el título. Lo logró en 1995.

Ya en la capital tolimense, un amigo le abrió un pequeño espacio en una oficina para que llevara casos de derecho civil y penal. Ahorraba el treinta por ciento de cada pago: quería ser político y sabía que necesitaba dineros para futuras campañas. Quizá por orgullo, o por principios, no quiso plegarse a líderes del Partido Conservador de la región, como el senador Luis Humberto Gómez Gallo, hoy procesado por parapolítica. No quería, dice, hipotecar su conciencia.

El ex presidente Álvaro Uribe llamó disgustado al congresista Bocanegra por unas declaraciones que entregó al periódico El Nuevo Día de Ibagué.

Había llegado el momento de probar si sus discursos le llegaban a la gente. En 1998 se lanzó al Concejo de Ibagué y logró el primer puesto entre 150 aspirantes. Lo eligieron presidente  de esa corporación y, con el nuevo cargo, llegaron los primeros enemigos: sus propios compañeros. Se trataba de un cabildo desprestigiado. Los concejales de la época hacían costosos viajes a Cartagena, Santa Marta y San Andrés, dizque para debatir temas locales. La corrupción era el pan de cada día. Bocanegra se propuso acabarla. Redujo los gastos de la corporación en 60%, ganándose el odio de los demás cabildantes.

En 2000 montó una nueva disidencia para alcanzar un escaño en la Asamblea Departamental, pero le salió caro el chiste y fue derrotado. Como premio de consolación lo nombraron secretario de despacho del gobernador del Polo Guillermo Alfonso Jaramillo, el mismo a quien en 2006 señalaron de tener nexos con las Farc. Lo empapeló el ex jefe guerrillero Olivo Saldaña, denunciado hace poco por La FM por engañar al país con una falsa desmovilización de un bloque guerrillero.

Tiempo después, Bocanegra fue gerente del acueducto de Ibagué, una entidad permeada por la corrupción y a punto de ser liquidada. Muchos le reconocen haberla sacado adelante. Luego de asesorar a varias entidades, a finales de 2009 hizo lo imposible: comenzar una campaña para llegar al Congreso. Se trataba, ni más ni menos, de enfrentarse a la cúpula del conservatismo local, algo que algunos calificaron como una completa herejía. Después de una ardua campaña, en la que enfrentó incluso a sus copartidarios,  logró superar a su principal contendor, Ramiro Devia.

Pero en el Tolima, donde mejor lo conocen, hay quienes lo consideran como un político “veintejuliero”, que ha llegado a los cargos a punta de mentiras, y que siempre está junto al sol que más lo alumbre. Estas acusaciones se basan en que Bocanegra ha tenido cargos bajo el amparo de los partidos Polo Democrático, Conservador y liberal. Para muchos, entonces, su filiación conservadora es una fachada. Habrá que ver.

Haciéndose sentir, demostrando que no tiene antecedentes pecaminosos, porque en el mundo de la política los pecados son comunes, llegó al Congreso, a la Bogotá que un día lo vio estudiar en medio de las más crudas dificultades. Se instaló y comenzó a trabajar en silencio. Hasta que un día de marzo de este año el ex presidente Uribe lo llamó, le dijo un par de cosas con voz golpeada y, de paso, lo sacó del anonimato nacional.

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