El lucrativo negocio de las colombianas que se prostituyen en China (Parte I)

3 de mayo del 2015

Una mujer que viajó como trabajadora sexual contó su historia.

El lucrativo negocio de las colombianas que se prostituyen en China (Parte I)

Cientos de millones de pesos entran mes a mes al Eje Cafetero procedentes de las remesas o giros que envían desde el exterior los paisanos de esa zona del país, quienes encontraron mejores rumbos en Europa y Estados Unidos.

Sin embargo, hay un gran porcentaje de ese dinero que entra al país procedente de tierras más lejanas como China, Singapur y Tailandia. Estas remesas las envían a sus respectivas familias cerca de 200 mujeres, la mayoría paisas, que salieron de sus casas para encontrar un mejor futuro.

Se ha identificado a varios colombianos en tierras chinas que se dedican al comercio, y otras contadas excepciones al tráfico de estupefacientes, teniendo en cuenta que la marihuana y cocaína en tierras asiáticas son las más costosas en el mundo. Pero estas mujeres se van a vender su cuerpo.

Xiomara Yepes*, de 28 años, le contó a Kienyke.com cómo funciona este negocio, desde su experiencia como trabajadora sexual en una de las zonas más comerciales de China, y posteriormente como manilla, que es el nombre que reciben los proxenetas en el gigante asiático, en donde la prostitución es prohibida.

Su historia inició a principios del 2010 cuando fue contactada por un colombiano de 33 años que viajaba constantemente a China. Su misión consistía en convencer a chicas, sobre todo de estratos bajos y medios, de viajar al país asiático donde conseguirían una gran fortuna.

Aunque Xiomara no contó detalles de cómo conoció al proxeneta, lo cierto es que se encontraba en un momento difícil de su vida, pues tenía que mantener a su mamá y a su hija menor de edad, y no tenía un trabajo estable. Después de pensarlo dos semanas, que era el tiempo que estaría en Colombia su ‘mentor’, aceptó la propuesta y se embarcó en una historia de lágrimas, sufrimiento y poco pudor.

Lo que vivió lo vio replicado en varias chicas que posteriormente ella misma convenció para que siguieran sus pasos. Xiomara decidió cambiar su domicilio en el suroccidente de Bogotá, por la ciudad más grande de la provincia de Cantón en China, Guangzhou, epicentro comercial ubicado en el suroriente del gigante asiático, donde confluyen varias culturas, predominantemente la árabe. Es el punto más buscado para ejercer la prostitución.

Proxenetas en China 1

Antes de llegar a China, Xiomara ya tenía una abultada deuda. Dejó a su mamá 900 mil pesos, tenía la visa y listos los tiquetes aéreos, pero al mismo tiempo debía 16 mil dólares que tenía que pagar mes a mes a Julio Mario*, el proxeneta, y con quien protagonizaría una tormentosa historia de amor.

Xiomara reveló que no tuvo que hacer trámites para sacar la visa a China, y lo único a lo que se vio obligada a hacer fue sacar el pasaporte. Dentro del paquete que le ofrecieron estaba incluida la visa, que en promedio cuesta 500 dólares.

“Las manillas pagan acá el visado, con la complicidad de algunos funcionarios que ayudan a sacar fácilmente las visas a China. Ellos le pagan 500 mil o 700 mil pesos a una persona, le mandan el pasaporte de la chica y van y hacen el trámite de la visa”, explicó.

Xiomara llegó a Guangzhou, y lo primero que advirtió fue un frío más severo que el bogotano, aunque aseguró que no le afectó tanto como a las otras colombianas que trabajaban allí, y que en su mayoría provienen de tierra caliente. Cuenta que en el tiempo que estuvo allá contabilizó a 100 colombianas que fueron a probar suerte, sin contar otras cien que decidieron irse a trabajar a Hong Kong y Singapur, donde las condiciones eran más rentables para ejercer.

Allá vivía en un apartamento pequeño con Carlos Mario, en el sector de los rumbeaderos. Compartía los gastos, pagaban al mes cerca de 800 dólares, casi dos millones de pesos en sólo arriendo, administración y servicios.

Xiomara aseguró que nunca había recibido plata a cambio de sexo, por lo que al principio fue muy difícil acostarse con hombres que no conocía y de otra cultura, refiriéndose a los árabes, a quienes describió con rasgos muy latinos pero con olores nauseabundos. Hay también, dijo, gran presencia de indios.

Al día siguiente de su llegada y con una deuda de casi cuarenta millones de pesos por pagar, Xiomara empezó a frecuentar la discoteca Kama, visitada por musulmanes, en la que se dan cita decenas de mujeres, la gran mayoría colombianas, seguidas por un gran número de tailandesas.

Kama les da de cortesía a todas las mujeres una copa de whiskey, trago que preferentemente se consume en la disco. Esperan a que los hombres lleguen, y al son de música árabe, una picadita de ojo o una sonrisa dan el mensaje para el primer acercamiento, ya que el idioma es una barrera. Bailan, ríen, mientras consumen botellas de whiskey. Cada litro puede llegar a costar 600 dólares; gastos pagados en su totalidad por el cliente.

Luego de compartir un ambiente rumbero por algunas horas, salen con destino al hotel en el que se encuentra hospedado el cliente. El “rato”, que consiste en un par de horas con cada cliente, es cobrado a 200 dólares en la zona rosa de Guangzhou.

En la provincia de Cantón, que equivaldría a un departamento en Colombia, no existen, explicó Xiomara, los burdeles tal como se les conocen en latinoamérica, pues al estar prohibida la prostitución, el oficio se ejerce de manera clandestina, por lo que las mujeres tiene que buscar a sus clientes potenciales en las discotecas.

“Las discotecas se benefician de que las chicas entren a sus instalaciones, debido a que los extranjeros se entusiasman a entrar en ellas cuando ven que hay varias niñas allí, entonces compran bastante trago, sobre todo whiskey, y allí las niñas van vestidas con un jean, blusa cortica, tacones altos, no muy mostronas la verdad, para no alertar a las autoridades”, narra Xiomara.

De hecho, una de las advertencias que le hizo Carlos Mario apenas llegó a China es que no se fuera a meter con algún cliente chino, pues podría ser un policía encubierto, y el negocio se echaría a perder.

Xiomara contó que todo el año es bueno para el negocio de la prostitución, a excepción de los meses de septiembre y octubre que es cuando los musulmanes celebran el ramadán o época de ayuno, en la que se les prohíbe tener relaciones sexuales.

Mes a mes, sagradamente, la bogotana le enviaba a su mamá un millón de pesos para cubrir los gastos de ella y de su hija. A los cuatro meses de estar allá logró pagar la deuda que tenía con Carlos Mario, a la vez que iniciaron un romance. Sin embargo, reveló que al principio le pareció una completa usura el dinero que tenía que pagarle a su pareja y proxeneta, pues equivalía al cobro de unos intereses del cien por ciento sobre el costo de los tiquetes, el trámite de la visa, el dinero que le dejó a su mamá y los mil dólares en efectivo que le fueron suministrados a través de un giro que recibió en Colombia y que tenía que mostrar a las autoridades en China cuando arribara, para sustentar que tenía plata para ir a hacer compras en ese país, pues con ese argumento le fue otorgada la visa.

No obstante, la visa debía ser renovada cada mes, y si se pasaban del mes, lo que ocurría con frecuencia, tenían que ir en ferri hasta Macao, ciudad en donde se hace ese tipo de diligencia, porque si viajaban por carretera, existía la posibilidad de que fueran sorprendidas por inmigración y los reportaran como ilegales. Posteriormente en el 2012 las autoridades chinas empezaron a entregar la visa por tres meses.

Según Xiomara, las colombianas y las africanas tienen el tipo racial más buscado por los clientes en Cantón. Las africanas deben trabajar en la calle pues por cuestiones de racismo no les permiten entrar a las discotecas. Sin embargo, manifestó que en la calle se corre bastante peligro, pues tienen que evadir constantemente a la policía.

En el paso de esos primeros cuatro meses, no sólo su vida había cambiado, sino también su cuerpo. Ella misma relata que subió 14 kilos de peso por culpa de la alimentación. Allá en Guangzhou sólo comía hamburguesas y pollo apanado en reconocidos restaurantes de cadena, pues aseguró que la comida preparada en sitios chinos es bastante costosa, y la que no lo es, la sirven locales con poca higiene.

Sin embargo, esto empezó a cambiar en el 2012 cuando algunos colombianos, o las mujeres que ejercían la prostitución, montaron restaurantes de comida criolla. Incluso relata que hasta unos colombianos montaron allá en Guangzhou una discoteca colombiana que se llama Rey, donde se escucha salsa, vallenato y venden empanadas y tamales.

Según Xiomara, la oleada de mujeres colombianas que venden su cuerpo en China empezó entre los años 2000 y 2001, y en promedio la edad de las mujeres que viajaban estaba en los 25 años. Sin embargo, el negocio se ha vuelto tan rentable que en el 2012 se venían niñas desde los 18 años en adelante en varias discotecas en Guangzhou.

De hecho, una de esas mujeres de 18 años, pereirana, apadrinada por Carlos Mario y que se fue a vivir al mismo apartamento, fue la que ocasionó que se terminara el romance de él con Xiomara.

Apenas supo de la infidelidad de su pareja, decidió separarse y volver a Colombia. Sin embargo, su historia estaría por dar un giro inesperado.

(Espere la segunda parte de esta historia)

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

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