El mago del rating llega a los 50

El mago del rating llega a los 50

8 de noviembre del 2010

De las más de mil personas que trabajan en RCN Televisión, sólo Fernando Gaitán puede fumar en su oficina. Ese privilegio fue el  premio mayor, superior incluso a la jugosa oferta económica con la que  el  presidente del canal, Gabriel Reyes, logró llevar al creador de Betty La Fea a la vicepresidencia creativa de RCN a finales del año pasado. Con estas prebendas Gaitán dejó la comodidad de su apartamento de la calle 85 con terrazas y ventanas con vista de 360 grados, donde trabajaba en paz y soledad, combinando paseos largos en bicicleta con jornadas de escritura a ritmo de jazz, dos termos de café y dos paquetes de Marlboro al día.

Un año después, la balanza del raiting del horario Triple A está de su lado, con cifras publicidad de al menos $40 millones de pesos el minuto –es decir, casi un millón de dólares diario entre las 7 y las 10 de la noche–. Gaitán debe escribir y supervisar distintos programas que van desde El Padre Chucho hasta Especiales Pirry y todas las telenovelas del canal. No tiene tiempo para leer, duerme cinco horas al día con la luz y el televisor prendidos, donde ve, entre dormido y despierto, todo el cine que puede y series como Los sopranos y La ley y el orden, sus favoritas.

—¿Qué pasó aquí? –dice cuando se sienta en la mesa de juntas de su oficina y ve que su televisor sintoniza el canal Caracol. Alguien lo puso por accidente. Gaitán toma el control y pone el Chavo del Ocho, en RCN. Un mosco atraviesa con descaro la nube de humo de su cigarrillo. El sonido de un grillo desvía cada tanto su atención: es su Blackberry, que reposa al lado de un iPhone. Tiene dos celulares, es decir, es un hombre muy ocupado, con varios frentes de batalla. Su primer golpe en la guerra del rating fue Rosario Tijeras, la adaptación de la novela de Jorge Franco. A los “mafiosos” de Caracol había que enviarles una sicaria sexy para acabarlos. Luego fue Amor sincero, basada en la vida de Marbelle, y por último el hit mayor A corazón abierto, una novela que ha superado en audiencia a su obra maestra, Yo soy Betty, la fea, emitida en más de cien países, doblada a quince idiomas y adaptada en 22 ocasiones en países como Estados Unidos, India y México. Ahora la ganadora es La Pola, que ha acabado con la mala suerte que han tenido en el país las producciones con temática histórica.

¿Cuál fue su secreto para inclinar la balanza del rating a su favor? Quizá sea causa de su primera pasión, el periodismo. Es un lector voraz de crónicas periodísticas, en especial de Alfredo Molano y Alfredo Iriarte. Empezó a los 22 años como redactor judicial de El Tiempo, sin haber pasado por ninguna universidad. Continuó en  la revista Al día y en Semana, hasta que llegó al mundo de los libretos. Por eso, para escribir A corazón abierto, el remake de la serie estadounidense Grey’s Anatomy, hizo lo mismo que un reportero: entrevistó a cerca de cuarenta médicos, leyó estudios de la Secretaría de Salud Distrital sobre las enfermedades más comunes y aprendió del comportamiento de los médicos en el país. Así pudo crear un relato verosímil que le permitiera a la gente ver un drama médico y humano con el que identificarse. El elenco de artistas lo escoge buscando, haciendo pruebas de lecturas de libretos y basándose en su experiencia con los actores, como con Jorge Enrique Abello, con el que ya ha tenido varias experiencias laborales. Su ojo para la química de los personajes es tan potente que en A corazón abierto resultó un romance, entre Verónica Orozco y Rafael Novoa.

Gaitán es un ladrón de situaciones cotidianas. Toma  hechos de la vida real para darle sabor a sus ficciones. Laura, por favor, una serie de los años noventa, está inspirada en la temprana adolescencia de su hija Luisa Gaitán. Un sin numero de situaciones de Hasta que la plata nos separe las tomó de experiencias de la familia de su ex esposa, que están en el mundo de los concesionarios de automóviles, y de igual manera para Yo soy Betty, la fea y Café con aroma de mujer, visitó fábricas de textiles y haciendas cafeteras. Esa es su obsesión: los universos laborales. Gaitán encierra a los personajes en espacios para tener control supremo sobre la tensión, el drama y las diferencias sociales. Otro sitio de donde roba situaciones es El Sitio, el bar del que es socio, que considera la sala de su casa y un pretexto para estar junto a su otra gran pasión en la vida: la música.

Los personajes de Gaitán no son de papel, no son de una dimensión, en especial “los malos”, a quienes trata con humor. De hecho, él no habla “del malo del paseo”, sino de “opositores de historia”, personajes que bloquean las acciones de otros. Por eso, sus antagonistas son personajes graciosos, tanto que generan sentimientos ambivalentes en el público: son malos, pero muy graciosos como para odiarlos.

Con el humor, Gaitán despacha con facilidad una de las mayores críticas en contra de las telenovelas, la lentitud. Si hay risas, no importa que la historia vaya despacio. Y en él el humor es innato. Su hija Luisa Gaitán recuerda que después de un día de diligencias para que la policía le regresara su carro en Cartagena por haber cometido una infracción, un policía volvió a detenerlos minutos después de rescatarlo porque habían hecho otra infracción de la que no se percataron. “Se lo regalo, lléveselo a su esposa”, dijo Gaitán bajándose del carro. El policía no tuvo otra opción que dejarlos ir.

Construir situaciones divertidas le permite desvanecer la lentitud, inevitable en un género que se mete en la cotidianidad de sus personajes. El éxito de Gaitán radica en que es “observador, meticuloso, se roba de lo cotidiano circunstancias comunes que nadie se da cuenta que pasan y que a veces son tristes, a veces graciosas, pero así es la vida”, dice su hija Luisa. Las historias y personajes viven el día a día con el televidente, que se identifica con ellos, se vuelve amigo y hasta se confunde. Ahí está el secreto del raiting.