El nerd de 35 que se echó al hombro Caracol Noticias

El nerd de 35 que se echó al hombro Caracol Noticias

11 de agosto del 2013

Luis Carlos Vélez le pidió a Jairo Tobón de la Roche, que era un gran amigo de su papá, que lo dejara trabajar en RCN Radio. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. En esa época inauguraron La Mega y Vélez entró “de sapo” pasando discos y contestando teléfonos. A veces lo dejaban dar la hora y lo tenían cubriendo el turno de las 6 de la mañana a las 12 del día los fines de semana. Trabajó desde 1995 hasta 1998 sin ganarse un peso, y entonces lo premiaron dándole el cubrimiento del Mundial Francia 98. A sus 18 años su papá se lo encomendó a Jorge Alfredo Vargas y a Darío Fernando Patiño, quienes viajaban con él. Vargas cuenta que hicieron un viaje en tren por Francia en que Luis Carlos iba muy serio leyendo un libro de economía de 630 páginas en inglés. Se estaba preparando para el futuro.

En el colegio dice haber gozado de cierto poder que quizá fue producto de la fama de su papá. Se dedicó al fútbol y no tuvo novia hasta que no entró a la universidad. Dice siempre haber sido un ñoño que no se metía con nadie y nadie se metía con él. Aprendió a hablar inglés en el Instituto Meyer que había al lado de su casa, que fue idea de su mamá, una peruana de Arequipa que aún hoy cocina como los dioses. “La llegada de la cocina peruana a Colombia fue para nosotros un espacio para la crítica”, dice.

Sociales premios proteccion del medio ambiente por Caracol TV

Siad Char, quien se casará con Vélez, asegura que no es la primera dama de las noticias, sino la primera dama en su casa.

Entró a la Universidad de los Andes a estudiar Economía porque Administración le pareció “muy light” y durante los 5 años de su carrera se fue dos veces a tomar créditos de pregrado en la universidad de Harvard, en Cambridge, EE.UU. y al London School of Economics en el Reino Unido. Cuando se graduó volvió a Harvard a hacer una especialización en Administración y Gerencia y luego trabajó dos años con ENRON hasta que se quebró. “El trabajo duro de mi papá fue mi beca”, dice refiriéndose a cómo hizo para pagar dos de las universidades más caras del planeta.

Su papá nunca quiso que estudiara comunicación o periodismo por considerar que solo con esa carrera no alcanzaba y le recomendó primero especializarse en otra cosa.

Luis Carlos trabajó como Editor Internacional de Caracol Noticias, y fue presentador y director del sistema informativo de City TV antes de irse a vivir a Atlanta a trabajar con CNN en español. Mientras trabajaba en Caracol le pidieron que produjera un piloto sobre un segmento económico para Isaac Nessim, pero como este nunca llegó a grabar, le tocó a hacerlo a él.

Ese mismo día estaba Alberto Padilla, presentador económico de CNN, visitando las instalaciones del canal. Quedó muy impresionado con el trabajo de Vélez. Cuando entró a trabajar a City TV lo llamo Chris Cramer, presidente de CNN International, para que hiciera un casting. Ese trabajo no le salió, pero al poco tiempo le ofrecieron manejar toda la unidad económica de CNN en español, es decir, para que fuera el jefe de Alberto Padilla.

Trabajó durante 5 años haciendo reporterías en inglés y español, donde cubrió terremotos, huracanes, elecciones y golpes de Estado, y entonces lo contrataron en CNN International, en Nueva York. “Pasar de CNN en español a CNN International es como pasar de Santa Fe al Real Madrid”, dice. Allí presentó el programa World Business Today a las 8 de la noche, prime time, durante un año largo hasta que lo cancelaron para meter el programa Anderson Cooper 360.

Entonces Alejandro Santo Domingo le propuso regresar a Colombia como el director de Noticias Caracol. Luis Carlos tenía 34 años. “Yo no estaba convencido de irme porque vivía en New York City, en Trump City, y presentaba para CNN International. ¿Para qué me voy a devolver a Colombia? ¿A hacer qué putas?”

Decidió venirse porque le pareció muy chévere que fuera el dueño del cartel quien se le acercó, quería estar más cerca a sus papás, “que no se están volviendo más jóvenes”, y además siempre quiso hacer algo por Colombia. Fue su papá quien lo convenció de que era una extraordinaria oportunidad cuando en algún momento él lo dudó. “Tú no le puedes decir que no a tu país y a esta oportunidad. Tienes que salirte de tu zona de confort. Esa es la única manera de probar si uno es bueno, o no, en lo que hace”, le dijo Carlos Antonio Vélez.

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Presenta Última Edición con la misma ropa que ha usado durante el día y no le gusta maquillarse pues considera que al hacerlo pierde el tiempo. 

Como los domingos siempre hay fútbol su papá siempre ha trabajado ese día y el día familiar es el sábado.  Los domingos, cuando era un niño y luego un joven, estudiaba y leía desde la mañana. No tenía una gran vida social. “Yo nunca he sido muy fiestero. Tengo un grupo de amigos muy cerrado. Nunca me ha gustado la noche. Yo soy un tipo nerdo de estadísticas, entonces, ¿dónde ocurren los mayores accidentes y robos? Los viernes de quincena. La mitad de los eventos son riesgosos, entonces, ¿para qué me voy a arriesgar la otra mitad? Además me da mamera, me gusta dormir, me gusta levantarme temprano”. Los sábados se levanta a las 6 de la mañana a escribir su columna y solo a veces duerme siesta los domingos por la tarde.

Nunca ha utilizado un despertador. Se para de la cama a las 6 y lo primero que hace es mirar sus teléfonos, lee un poco y trata de ir al gimnasio cuando tiene fuerza. Llega al canal a las 7:45 de la mañana y desayuna en su escritorio. Llega a su casa después del noticiero Última Edición. Duerme con el televisor prendido y casi todas las madrugadas, hacia las 3 de la mañana, se despierta y comienza a mandar e-mails y a leer una hora hasta que vuelve quedarse dormido otro par de horas.  Su forma de relajarse es leyendo revistas y periódicos. Nunca se desconecta. Sueña con el noticiero y a veces se le ocurren ideas que aplica en la vida real. Muchas veces no sabe si algo se lo soñó o lo vivió. Cuando vuelve de alguna reportería que se le mete al alma, como el tiempo que pasó en Haití, luego del terremoto, donde perdió 10 kilos, se toma unos días libres durante los cuales se dedica a ver a Bob Esponja y a Jimmy Neutron.

– ¿Qué esfuerzo consciente haces tú para no favorecer a Siad (Char)?

–Siad tiene jefe, Diva Jessurum, yo no soy su jefe. Yo soy el jefe de todos, pero… He dividido todo, delegué para poder hacer más cosas. Es más, sus horarios no los cuadro yo.

–Tú llegaste lleno de ideas que has aplicado en Caracol. ¿Cómo haces para controlar las ganas de hacerlo todo tú si sabes hacerlo todo?

–Simplemente no puedo hacerlo todo yo. Más bien, el haberlo hecho todo me ayuda a entender más los problemas de mis compañeros y buscarles solución. No importa dónde esté, yo siempre voy a ser un reportero. Lo que me gusta es reportear, estar en el sitio con el camarógrafo y contar la historia. Ese soy yo y esa es la esencia de mi trabajo. No por el hecho de que, por las circunstancias de la vida, yo esté sentado aquí voy a dejar de ser reportero. Esto es algo que puede acabarse mañana. Yo hago todo dentro de mis posibilidades porque para eso fue que me contrataron. Esto es un equipo de fútbol: hay días en que juego yo y hay días en que juega otra persona. Mi experiencia siempre ha sido cubrir cosas afuera, es lo que me gusta, lo que siento y así hice mi carrera. Es en lo que siento en que mejor me va, entonces sigo haciéndolo acá. Pero, a pesar de eso, en cada una de las asignaciones internacionales yo me llevo a un reportero para que para ellos no signifique que mi presencia les quite oportunidades. Para que cuando estén conmigo absorban algo de lo que aprendí afuera.

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Jorge Alfredo Vargas, que lo conoce desde que era un adolescente, está muy orgulloso de su amigo y los respeta como su jefe. 

–¿Cómo recibes un chisme, en redes sociales, por ejemplo, de que eres gay?

–Eso me vale huevo. Al principio me daban muy duro los insultos. Yo decía, no puede ser que yo no haya hecho nada y me estén diciendo que soy uribista, santista, delfín, un hijueputa. También me atacaron periodistas de otros medios. Yo solo llevaba una semana y me empezaron a dar muy duro. Los primeros días yo me quería largar de acá y me preguntaba, ¿pero yo qué hice? Luego entendí que mucha de esa animadversión en las redes sociales venía incentivada por periodistas que algunos son enemigos de mi papá, de mi juventud, del canal o de la organización. Yo sí me le paro a cualquiera y le pregunto, ¿cuántos huracanes ha cubierto usted? ¿Cuántos terremotos ha cubierto usted? ¿Cuántas veces han presentado en un canal internacional? ¿Cuántos presidentes ha entrevistado en los últimos 18 meses?

–¿Conoces la diferencia entre ego y autoestima?

–Seguro, pero todos los periodistas somos antipáticos. Todos creemos que tenemos la verdad absoluta. Todos creemos que hacemos nuestro trabajo súper bien. Yo no hago mi trabajo súper bien, yo hago lo mejor que puedo y seguramente cometo muchísimos errores.

–¿Cómo controlas tu ego para que no sobrepase a la autoestima?

–Yo viví en Nueva York. Allá uno es anónimo, un grano de arena, no importa qué tan bien te vaya.

–Sí, pero ahora vives en Bogotá y aquí no tienes un pelo de anónimo.

–Sí, pero, ¿y? Famosa, Shakira. Mi interés no es ser famoso. Millonario, Julio Mario Santo Domingo. Yo no soy millonario. Yo soy un ciudadano normal que hace su trabajo lo mejor posible. Mi mamá y mi papá me dieron siempre una gran lección de humildad. Y vivir afuera lo hace a uno salir de este corronchismo colombiano que lo hace creer que uno es lo máximo. ¡Uno es un huevón!

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A pesar de que su sonrisa contagia, cuando está al aire en Blu debe controlarse para no perder el temperamento.

–¿Le heredaste enemigos a tu papá?

–Sí, pero heredé más amigos.

–¿Cómo hiciste para ganarte a toda la gente con la que trabajas ahora?

–Teníamos dos opciones, o nos dábamos en la jeta y había muertos y heridos, o nos poníamos de acuerdo en que no nos íbamos a dar en la jeta y que íbamos a construir esto. Nos volvimos todos un equipo de fútbol que jala para adelante con unos objetivos claros y respetándonos. Yo acepté este trabajo porque conocía al equipo, y ellos me conocían a mí. No fue difícil llegar a un acuerdo. Para ellos yo era el menor de los males.

–¿Cómo manejas la competencia con tu papá?

–Me encanta competir con mi papá porque él es el mejor en su campo. Mi papá está muy orgulloso de mí, y como competidor es maravilloso. Me enseña todos los días.

El ambiente en el canal es relajado. No se siente tensión y la gente parece trabajar tranquila. Esto no es una dictadura. El nuevo jefe llegó a aplicar las leyes de EE.UU., donde lo principal es que el empleado esté contento para que rinda más. Así es que procura que sus empleados no trabajen más de 8 o 9 horas y está pendiente de hacer relevos para no agotar a sus periodistas.

Su gente lo quiere, admira y respeta mucho. Germán Espinel, que es su mano derecha y gran amigo, dice que Vélez no es obsesivo pero que sí se emociona mucho. Advierte que está activo casi las 24 horas del día pero que no pretende eso de sus empleados. Jorge Alfredo Vargas asegura que no le importa acostarse muy tarde y levantarse temprano y admira que por no haber vivido en Colombia durante tantos tiempo, no está permeado o viciado con lo diario, lo cual ve como una ventaja. El reto es ponerse al día y es algo para lo cual Luis Carlos Vélez no ha tenido problema.

“Es un poco ácido y sarcástico, pero a mí casi no me ha tocado. Es muy abierto al diálogo”, dice Dora Glottman, a lo que Vélez responde: “Yo soy ácido y sarcástico, pero no regaño”.

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Con esta piedra que recuperó de los escombros en Haití, recuerda que siempre será un reportero.

Siad Char, su futura esposa, asegura que “Luis Carlos no se cree el cuento”. “Yo soy la que lo viste, no le gusta comprar ropa. Él es feliz con 4 camisas y 4 pantalones. Es muy ordenado, él es quien tiende su cama y la deja impecable. Organiza su maleta casi maniáticamente y así como la maleta se va ordenada, llega ordenada”. Cuando se da cuenta que está muy bravo lo mira de una manera particular que solo él entiende y esto es suficiente para que se calme. Asegura, además, que siempre se disculpa cuando le levanta la voz a alguien. “Su llegada a Caracol es una bendición a nivel profesional y humano”.

La periodista Angie Camacho está de acuerdo con Siad: “Desde que llegó Luis Carlos los periodistas podemos hablar”. Carlos Barragán, también periodista del canal, lo conoció cuando aún estaba en el colegio y su papá lo llevaba a Antena 2, de RCN. Cuenta que una tarde, hace más de cuatro años, lo invitó a almorzar pero Luis Carlos se negó porque acababa de recibir en el correo un libro cuyo autor, Barack Obama, era descrito como alguien que podría llegar a ser el presidente de EE.UU. Cuando Barragán volvió de almorzar, Vélez ya iba por la mitad del libro. Lo describe como alguien que siempre gana, y no porque no sepa perder, sino porque nunca pierde. Cuando le pregunto si su jefe pasa demasiado tiempo frente a las cámaras, responde: “Él descubrió que tiene que estar presente en los momentos en que se hace historia”.

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Luis Carlos Vélez colecciona medias de todos los colores.

Luis Carlos, que en octubre cumplirá 36 años, ama las medias de colores y en su oficina tiene algunos muñecos acompañando sus libros sobre periodismo y 3 folders llenos de fotos y recortes sobre diferentes etapas de su vida. En uno de ellos su mamá se dedicó a coleccionar todos los recortes que encontró sobre su tiempo en CNN. En otro tiene sus apuntes de la especialización en Harvard, donde reinan las mejores notas. Además, le ha encargado a Olguita, su secretaria, quien con solo 3 años más que él lo describe como su hijo putativo, que arme otro álbum con lo que encuentre en la prensa sobre su trabajo en Caracol.

Vélez interrumpe la entrevista para hacer una llamada a uno de sus periodistas que le responde que es su día de descanso, entonces él le responde: “¿Usted por qué me contesta si está descansando? Hablemos mañana. No, nada. Chao”. Y cuelga el teléfono con total tranquilidad.

@Virginia_Mayer