El peor error de Felipe López

El peor error de Felipe López

24 de Febrero del 2011

Lea la primera parte del perfil haciendo clic aquí.

El peluquero de Felipe López está convencido de que ha tenido el poder de decidir una portada de Semana. Lo mismo su empleada, su chofer y su manicurista. Uno de los métodos periodísticos de Felipe López, que no se puede quedar quieto, es hacer sondeos sobre las decisiones que tiene que tomar. Llama a una docena de personas de diferentes círculos sociales para decidir qué puertas poner en su finca, qué nuevo columnista traer a Semana o qué cuadro de arte clásico debería comprar. Es un encuestador: un hombre que lleva el periodismo en su sangre. Sin embargo, él sabe bien cuál es su posición sobre las cosas. Él sabe, antes de empezar el sondeo, qué decisión va a tomar. Felipe López es un indeciso con un poder enorme de decisión.

Y cuando se calmaron las aguas del proceso 8000, López estaba convencido de que traer a Isaac Lee como director era la mejor movida para rejuvenecer su revista. Por eso, Mauricio Vargas y su equipo salieron de la redacción para darle paso a Lee con su propio equipo. Hoy en día, los allegados a Felipe que entrevisté me confirmaron que esa rotación ha sido uno de los errores más graves de su carrera periodística.

Lee tenía 26 años en enero de 1997, cuando entró a la dirección de la revista Semana. Y el capítulo que protagoniza en la historia de la publicación es el que tiene que ver con la apertura económica, la llegada del Internet y la diversificación del mercado de revistas en Colombia. ¿Cómo es la historia de Semana en la modernidad?

Felipe López le confió a Isaac Lee la dirección de la revista Semana.

Isaac Lee “es un tipo misterioso”, me dijo más de un entrevistado. Viene del corazón de la comunidad judía de Bogotá. Trabajaba en el departamento de seguridad de Bavaria el día en que Augusto López se lo llevó para que dirigiera la revista Cromos, también propiedad del Grupo Santodomingo. El niño prodigio que venía de vivir en Israel, donde trabajaba en estrategias de seguridad, logró que Cromos, una marca estancada después de 80 años de historia, volviera a ser una revista de primera.

Sobre la rotación que generó la llegada de Lee a Semana hay muchas teorías. Una nota de El Tiempo que salió en ese momento decía al final “dentro de la redacción de Semana, pudo establecer este diario, hay inquietud por el nombramiento de Lee”. Se dice que la cabeza de Mauricio Vargas, que llevaba doce años en la revista, fue el precio de un negocio entre Augusto López y el entonces presidente de Telecom, José Blackburn. López dice en el libro Casi toda la verdad que el argumento fue bajarle el tono a la revista después del 8000. Y vio, además, que las revistas que lo inspiraron en un principio, Time y Newsweek, se habían despolitizado y habían empezado a manejar más temas de salud, viajes y vida moderna. Algunos dicen –y acá, otra vez, las fuentes me pidieron no mencionar sus nombres– que Felipe llevaba ya un tiempo quejándose de que Vargas, que venía de ser ministro del gobierno de César Gaviria, había “gavirizado” la revista. Y también está la versión de Vargas, que se puede leer en su libro Tres tristes tigres, donde dice que lo botaron por presiones de López Michelsen y Samper, quien se supone amenazó a Felipe con dejar al Noticiero de las 7 por fuera de una nueva licitación.

“A Felipe lo fascinan los audaces, como lo demostró con Pablo Escobar. Le gusta la gente exitosa e inteligente, y también le gusta que lo adulen y a punta de adular, Lee, que era un conquistador, se lo conquistó”, dice Cecilia Orozco. Según Pilar Calderón, que fue directora del Noticiero de las 7 y es una de las grandes amigas de López, “Lee lo convenció de que podía ser un nuevo Santo Domingo, de que podía armar un imperio.”

Isaac Lee le cambió la cara a Semana en muchos sentidos. Era un momento de auge económico, justo antes de la crisis de 1999. Felipe invirtió en el negocio de la televisión por cable y compró unas acciones en Caracol Radio. Con Lee, lanzaron las revistas SoHo, Gatopardo y Jet-Set. “Pasamos de comer en Mora Mora a comer en Hatsuhana”, le decía Felipe a María Elvira Samper. “Es que las cosas han mejorado”, decían con ironía. Bajo la batuta de Lee se hicieron varios consejos de redacción en Miami. Semana, coinciden muchos, se desperfiló. Y un ejemplo de ello es que Sai Baba, un religioso indio del que Lee es aficionado, llegó a ser portada.

Con Isaac Lee, lanzaron las revistas SoHo, Gatopardo y Jet-Set.

Sobre la época de Lee en Semana se especula mucho. Se dice, por ejemplo, que Augusto López convenció a Felipe de que traerlo era una forma de mejorar sus relaciones con Santo Domingo y recuperar la pauta que le habían quitado. Eso pasó, y por eso dicen que Felipe le dio una bonificación a Lee de 560 millones de pesos. También se dice que, como parte del acuerdo al devolver la pauta, Santo Domingo exigió la salida de Vargas y la entrada de Lee, porque él –Julio Mario– apoyaba a Samper.

Otra de las grandes especulaciones que tiene que ver con Lee y el Grupo Santo Domingo es el de unas grabaciones que aparecieron después de que destituyeran a Carlos Pérez de la junta de Avianca en 1994. Semana publicó un artículo titulado Espionaje telefónico, en el que demostraba que Santo Domingo chuzaba a López, quien presentó cargos ante la fiscalía. Así el artículo no mencionara a Lee, que en ese momento trabajaba para el departamento de seguridad de Bavaria, se pensó que él estaba involucrado, y fue por eso que, tres años después, su nombramiento como director fue una sorpresa para todos.

Hoy en día, la relación entre Felipe y María Elvira Samper no es la misma que antes. Después del cierre de QAP en 1999, ella volvió a Semana, con una figura de “pseudodirectora” que nadie, ni ella, entendió muy bien. Pero esto hizo sentir a Lee amenazado. Ella no se la llevó bien con él y su equipo, y sintió que ponían a la redacción en su contra. Hasta ahí llegó la historia de María Elvira Samper con Semana.

Diez años después de su paso por Semana, Isaac Lee fue nombrado presidente de Univisión. En diciembre de 2010, Semana hizo un confidencial sobre este nombramiento. “¿Por qué no le hicieron un artículo?”, se pregunta Héctor Rincón. “De haber sido otra persona, ¿no le habrían dado portada a semejante acontecimiento?”. Varias personas a las que consulté me confirmaron que Felipe dice que entre Lee, Miguel Silva y Eduardo Michelsen –director, presidente y gerente– casi lo quiebran. Hacían gastos como viajar en Concorde a París para atender un almuerzo con la redacción de L’Express. Y lo cierto es que SoHo no despegó hasta la llegada de Daniel Samper Ospina, en 2001, y que el proyecto de Gatopardo fue un fracaso, donde sólo para el número cero le pagaron ocho mil dólares a Sebastiao Salgado, el mejor fotoreportero del mundo, por reproducir un trabajo previo suyo en la frontera de México y Estados Unidos.

Otra interpretación sobre la llegada de Lee a Semana tiene que ver con la venta de la revista. Se dice que Felipe López estaba convencido de que Lee le iba a ayudar a venderla, y que a eso se debió la compra de 25% de la revista por parte un grupo barranquillero de empresarios judíos, el grupo Sanford, que pagó la deuda de Semana en ese momento. Según Alejandro Santos, Felipe puede tener caprichos y puede meditar la posibilidad de vender su revista. Sin embargo, dice José Gabriel Ortiz, “sólo si le llega un petrolero árabe con mucha plata la vende”.

El “Proyecto Manhattan” fue lo más cerca que estuvo de venderla. Era una propuesta de sus antiguos colegas –Roberto Pombo, María Elvira Samper, Pilar Calderón, Édgar Téllez, entre otros– para que les vendiera 30% y les dejara hacerla a ellos, para recuperar así la identidad que había perdido con Lee. Pero Felipe no quiso y ellos le armaron la competencia, con Cambio. Con la salida de Lee, Felipe se quedó sin el pan y sin el queso, pero, una vez más, cayó parado: contrató a Alejandro Santos, Daniel Coronell, Marta Ruiz, María Teresa Ronderos y Ricardo Calderón, entre otros, y armó un equipo nuevo que, con una posición dura y crítica  durante el gobierno de Álvaro Uribe, disparó a Semana, apoyada por los demás proyectos de la empresa. Semana se acordó que su perfil era el de una revista de opinión política, de nicho, con investigación sobre temas complejos, pero necesarios.

Luego de su salida de Semana, Mauricio Vargas y otros colegas compraron la revista Cambio.

Los que dicen que Felipe nunca ha dejado de pensar en vender la revista lo dicen porque lo conocen: saben que es un nervioso obstinado y que no se queda quieto. Una de las cosas que le preocupan, con razón, es la amenaza que ha significado el Internet para el mercado de las revistas.

¿Cuál es el futuro de Semana? Según Alejandro Santos, mientras la empresa piense de manera global, con proyectos aledaños y con los ojos en el mercado, no hay de qué preocuparse. Y según María López, la heredera y tal vez futura presidente de la empresa, “mientras mantengamos la independencia, Semana seguirá siendo un punto de referencia obligatorio para el lector”. María parece tener claro que Semana, así deje de leerse en papel, siempre será un generador de contenidos con un nombre y credibilidad que no se verán perjudicados por Internet. Las revistas que inspiraron a Semana en un principio, como Time y Newsweek, hoy están a punto de desaparecer. Sin embargo, las revistas que sí mantuvieron su nicho, el de la opinión y el reportaje, no han despedido un sólo periodista, como The Economist o The New Yorker. A eso le apunta Semana, sin olvidarse de que también tiene que reinventarse a sí misma. Hernán Sansone, el argentino que dirige la sección de arte de la revista hace ocho años, diseña en este momento la versión para iPad de Semana.

Para Felipe López la revista Semana es como su hija mayor.

Mientras Semana siga siendo Semana, la de siempre, Felipe López no tiene por qué ponerse nervioso. De todas maneras, se va a poner nervioso: se va a quedar toda la mañana en el cuarto del hotel cuando vuelva a París y le va a preguntar a todo el mundo si la vende. Porque no puede descuidar a su revista, su hija mayor. Porque la consiente, la adora. Porque no se puede quedar quieto.

Lea la primera parte y la tercera parte